Doy respuesta, como se me requiere a ello, y emito lo que tan sólo pretende ser una opinión más acerca de esta composición de César Francisco.
Leidos con atención los comentarios hasta ahora consignados, observo que la única objeción se centra en el octavo verso, y más concretamente en el tratamiento del grupo vocálico
ea de la palabra
teatro. Para conseguir la medida de las ocho sílabas del verso se hace preciso pronunciar ambas vocales en una misma emisión de voz, de esta manera se conseguiría la siguiente separación de sílabas:
En-es-tos-
tea-tros-tan-muer-tos -> 8 sílabas métricas,
pero ¿es esto correcto?
Estamos otra vez a vueltas con el tema de las “licencias métricas” en las uniones de vocales; tratemos una vez más de conseguir algo de claridad en las ideas. El único error, y el más frecuente que se suele cometer en estos temas es tratarlos con una lógica binaria de blanco/negro, acierto/error, virtud/pecado. No, la métrica es mucho más relativa en lo que concierne a estos temas. La unión o separación de vocales dentro de palabra debe juzgarse según su mayor o menor acomodación a la “fonética habitual o natural” de una lengua
en un lugar y hasta en una época determinadas. Es aconsejable que el poeta se atenga a esa “naturalidad fonética”, pero puede apartarse voluntariamente de ella si así lo estima conveniente por cuestiones de estilo. Estp siempre implica un cierto forzamiento de la fonética natural, y lo que debe juzgar el crítico es si ese apartamiento, que llamamos “licencia métrica”, está justificado suficientemente por los resultados estéticos del poema en su conjunto. Pero las licencias (esos artificiales apartamientos de la “naturalidad”

existen en poesía, y todos los manuales de métrica las tratan y describen.
No son por tanto errores, si acaso serán deméritos estéticos.
Dicho todo esto, me apresuro a advertir que en este caso está de más, porque César se ha atenido a su lenguaje natural, como ya habían hecho notar algunos comentaristas: Eduardo de la Barra y otros. En efecto, en el castellano peninsular y académico nunca se unen en diptongo dos vocales abiertas o largas (
a, e, o), salvo que, de manera más o menos forzada se invoque la
sinéresis como licencia métrica. Sin embargo, en Latinoamérica, y muy especialmente en México, sí es usual formar diptongos en que intervengan la
e mas una de las otras dos vocales largas (
o, a): l
eal, l
eón, camp
eón, t
eatro, etc. La
e en estos casos se cierra un poco y suena casi como
i: l
ial, l
ión, camp
ión, t
iatro, etc. Un ejemplo egregio de esto lo tenemos en el segundo verso del poema Caupolicán de Rubén Darío:
Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un camp
eón
Y nuestro amigo CésarFco es mexicano, y honra a su fonética madre de forma enteramente natural, y de forma enteramente natural dice t
ea-tro y no t
e-a-tro sin incurrir en
sinéresis como licencia métrica sino usando un
diptongo habitual.
Y en el siguiente verso separa
a-ho-ra como palabra que antiguamente se decía
agora en tiempos en que la
h aún no era muda.
Por todo lo cual, para mí, el ovillejo de la “tristeza de Otelo”
es del todo correcto, y bastante hermoso, por cierto.
Un reproche tengo no obstante, para que todo no sean loas: para nuestro amigo, por lo que se ve, no existen los signos de puntuación (comas, puntos y comas, etc.), y nos despacha la composición entera con solo un punto y aparte, un signo de dos puntos y un punto final. Por piedad César, pon alguna coma que vas a dejar sin resuello a algún rapsoda. Es broma.
Un saludo a todas y todos, y mi enhorabuena para el poeta.