Tristezas

luis saiz

Poeta adicto al portal
Solo, absolutamente solo,
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.

Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.

Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.

Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.

Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.

Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.
 
Intenso, aun en su contenido, este fenomenal poema. Muy bueno Luis. Aplausos y estrellas para inagurarlo. Un abrazo hermanillo.
 
Duele esta tristeza, Luis.

Aquí está saliendo el sol después de la lluvia. Igual es un buen augurio, no te parece?

Éste, pese a su tristeza, va derecho a la carpeta de mi lectura de cabecera porque has sabido hacer bello lo triste.

Un besazo.
 
Solo, absolutamente solo,
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.

Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.

Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.

Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.

Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.

Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.

la tristeza q lleva cuando se termina el amor o se acaba un capitulo de la vida tan abructamente placer leerte amigo
 
Solo, absolutamente solo,
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.

Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.

Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.

Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.

Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.

Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.



Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.

y cómo duelen hoy tus versos querido poeta, sentidos y profundos ..

un beso
 
Solo, absolutamente solo,
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.

Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.

Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.

Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.

Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.

Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.

Hacía tiempo que no te leía y es un descuido imperdonable. Siempre se disfruta con tus poemas aunque sean tan tristes como éste. Un abrazo.
 
Es curioso cómo es la vida. Hace un minuto te contestaba un comentario antiguo en una poesía mía. Y me preguntaba...qué se habrá hecho Luis, lo extraño. Busqué en tu perfil y veo que has vuelto. Lo que me llena de alegría, no así que te siento cargado de tristeza. Si en algo sirve mi mano amiga...aquí esta. Y gracias por volver.Unbeso.:::hug:::
 
Hola Sara, gracias por estar y leer y sentir estos versos, Sé que te duelen porque siempre escuchaste mi poesía, que es para mí mucho más que un modo de expresión. Es... cómo te diría, parte de mi, y yo me siento parte de ella. No es una forma de decir, sino una forma de ser, con ella y en ella. Es una forma de existir. Es existir.
¿Ser poeta? ¿Existir como tal?
No se es poeta sino que la poesía Es en nosotros. Un artista puede reflejar una cierta realidad, nosotros somos el latido de la poesía, que nos construye y nos necesita. Vive en nosotros y nos respira cuando respira nuestro corazón. No es necesaria ninguna imposición, porque el día que dejemos de escribir, ese día la aurora de la vida habrá dejado de existir.

Te mando un beso y el deseo que seas feliz.

Luis
 
Solo, absolutamente solo,
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.

Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.

Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.

Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.

Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.

Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.


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Hay que entrar despacito, degustar, sostener la conmoción y sobreponerse para volver a saborear lo dulce y lo salobre de esta pieza magnífica.

Tu Poesía es Suave e Intensa. Penetra, permanece.

Gracias, Luis Saiz, por compartirla y dejarnos la puerta abierta a los que nos DesVelamos.


Un beso y un abrazo.
 
Solo, absolutamente solo,
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.

Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.

Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.

Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.

Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.

Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.


Estremeciente poema. Dramatizado perfectamente. Lo sentí hondamente.
 
Solo, absolutamente solo,
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.

Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.

Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.

Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.

Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.

Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.


Luis pero que ya mero se me iva tu poema pero no se me fue vaya es hermosa tu fuerza tu melancolia pero que estrofas tan perplejas vaya manera de escribir te felicito que placer de verdad pasarme por tus letras estos poema aunque tristes pero se festejan mucho saludos poeta.
 
Solo, absolutamente solo,
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.

Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.

Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.

Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.

Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.

Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.

Es perfecto . Felicitaciones Luis . Un abrazo !
 

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