Solo, absolutamente solo,
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.
Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.
Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.
Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.
Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.
Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.
hundido, en un hervidero de brazos y piernas
Me dolían sus murmullos,
y sus palabras, y sus sonrisas, y sus besos.
Pero ninguna palabra, ninguna sonrisa, ningún beso,
eran para mí.
Y era primavera,
todo era primavera,
y para mí otoño,
sin hojas.
Y el sol lucía,
pero la noche tejía sus armas.
afiladas,
como cuchillos de hielo en mi alma.
Y hacía calor,
y el frío me mordía.
Y la luna, no estaba,
consuelo de otros días,
no estaba,
por miedo, tal vez,
o por un indecible olvido.
Y el corazón, Oh! mi corazón se ahogaba
en un páramo de nieblas y tristezas.
Ya apenas distinguía el cielo de la tierra
y recuerdo que corría y
corría,
y quería morir,
y llorar,
y arañar la tierra húmeda.
y enterrar mis ojos en las hojas muertas.
Y caí, sobre un río sin nombre, caí.
olvidado de todo.
Y caí.
Sólo, y ya no tan solo,
en aquel rincón que tú
tan bien conocías,
donde bebiste mis lágrimas,
mis lágrimas que no eran
del todo, las mismas.
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