Es el tiempo de escribir que te sigo adorando
el momento exacto de narrar, de confesar,
que te llevo conmigo en la inquietud del sol sobre mi espalda
en el paseo del aire que me abstrae
cuando otros hacen el intento de hablarme y yo respondo, sí…
pero sin contestar.
Ahí estás, persistes
en el tono cambiante de mis ojos
a merced del efecto que les confiere tu luz…
te quedas en los rojos suaves de mi boca
en los cabellos de todas las brisas
simbolizado en los vientos de gotas errantes, que tocan el ventanal.
Llueve y te celebro íntimamente,
con el agua azucarada de los besos
la pasión es vida, siempre bienvenida,
voluntario placer de realidad y de ficción.
Tú sabes que me habitas
en un conjuro de farolas en las calles que hoy parecen de otra tierra…
yo venero la manera en que me miras
nunca se borra tu huella,
estás anudado a mi fidelidad
a mis cuestiones del corazón,
presente en la tinta de mis cartas
en mi diario de versos que resurgen si te invoco,
en los ocasos frescos que presagian noches ígneas.
Eres mi roca, mi castillo, mi lugar,
amor de flama sagrada
otoño de todos los fuegos
que jamás se apagarán.
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