Tu mirada

penabad57

Poeta veterano en el portal
Sí, ya pasó todo, el tiempo es una golondrina en eterno viaje,
en mi espalda el origen de los lugares se desvanece,
en tu espalda la noche, un abril de pétalos azules,
la hemorragia del color, y aquel amanecer de pájaros, huyendo.

¡Ay! del frío tras la canícula, ¡ay! de la cicatriz en la frente de una carne vencida,
¡ay! del oscuro eje donde giran las moléculas del horror, ¡ay! de este grito
que explota en la garganta como aullar de lobo en la mesa cotidiana
de un almuerzo pobre.

Y vives con la ternura lamiéndote el ayer,
canción de vástago, bisel antiguo que abre tu puerta
a la juventud perdida.

Y vives con la rosa frágil de la efeméride entre las manos,
el aire no es añejo, ni el paisaje morirá al morir el suspiro
que dejas en tu habitación vacía.

Ya son las dos en el reloj sin ángeles de la madrugada,
el misterio de la luz dibuja astillas de neón por los suelos;
y, de pronto, rememoras un día cálido de septiembre,
junto a la alameda, los tilos dan refugio a tu niñez,
en la piel una fruta aún por exprimir…

Y es que en tu mirada el corazón infantil del pasado, late.

Así vences a la eterna noche.
 
Última edición:
Sí, ya pasó todo, el tiempo es una golondrina en eterno viaje,
en mi espalda el origen de los lugares se desvanece,
en tu espalda la noche, un abril de pétalos azules,
la hemorragia del color, y un amanecer de pájaros, huyendo.

¡Ay! del frío tras la canícula, ¡ay! de la cicatriz en la frente de una carne vencida,
¡ay! del oscuro eje donde giran las moléculas del horror, ¡ay! de este grito
que explota en la garganta como aullar de lobo en la mesa cotidiana
de un almuerzo pobre.

Y vives con la ternura lamiéndote el ayer,
canción de vástago, bisel antiguo que abre tu puerta
a la juventud perdida.

Y vives con la rosa triste de la duda entre las manos,
el aire nunca es nuevo, ni el paisaje morirá al morir el suspiro
que dejas en tu habitación vacía.

Ya son las tres en el reloj sin ángeles de la madrugada,
el misterio de la luz dibuja astillas de neón por los suelos;
y, de pronto, rememoras un día cálido de septiembre,
junto a la alameda, los pinos dándote sombra,
en la piel una vida aún por estallar…

Y es que en tu mirada el corazón infantil del pasado, late.

Así vences a la eterna noche.

A medida que vamos creciendo, el pasado se torna cada vez más dulce, más aliado y más parecido a un refugio que nos libra de todo mal.
El poema es precioso, de esos que provocan que los ojos brillen, pero el final es puro corazón y arte de palabras.
Un abrazo y mi admiración de siempre, amigo.
 
Bueno, yo creo que a ciertas edades los recuerdos nos salvan, porque ponen una extraña sonrisa en nuestros labios que solo uno mismo es capaz de descifrar. Una vez más gracias por tu presencia en mis humildes letras que solo intentan hacer poesía de la vida. Un abrazo, Cecy.
 
Sí, ya pasó todo, el tiempo es una golondrina en eterno viaje,
en mi espalda el origen de los lugares se desvanece,
en tu espalda la noche, un abril de pétalos azules,
la hemorragia del color, y aquel amanecer de pájaros, huyendo.

¡Ay! del frío tras la canícula, ¡ay! de la cicatriz en la frente de una carne vencida,
¡ay! del oscuro eje donde giran las moléculas del horror, ¡ay! de este grito
que explota en la garganta como aullar de lobo en la mesa cotidiana
de un almuerzo pobre.

Y vives con la ternura lamiéndote el ayer,
canción de vástago, bisel antiguo que abre tu puerta
a la juventud perdida.

Y vives con la rosa frágil de la efeméride entre las manos,
el aire no es añejo, ni el paisaje morirá al morir el suspiro
que dejas en tu habitación vacía.

Ya son las dos en el reloj sin ángeles de la madrugada,
el misterio de la luz dibuja astillas de neón por los suelos;
y, de pronto, rememoras un día cálido de septiembre,
junto a la alameda, los pinos dándote sombra,
en la piel una fruta aún por exprimir…

Y es que en tu mirada el corazón infantil del pasado, late.

Así vences a la eterna noche.
Hermosas letras!
 
Sí, ya pasó todo, el tiempo es una golondrina en eterno viaje,
en mi espalda el origen de los lugares se desvanece,
en tu espalda la noche, un abril de pétalos azules,
la hemorragia del color, y aquel amanecer de pájaros, huyendo.

¡Ay! del frío tras la canícula, ¡ay! de la cicatriz en la frente de una carne vencida,
¡ay! del oscuro eje donde giran las moléculas del horror, ¡ay! de este grito
que explota en la garganta como aullar de lobo en la mesa cotidiana
de un almuerzo pobre.

Y vives con la ternura lamiéndote el ayer,
canción de vástago, bisel antiguo que abre tu puerta
a la juventud perdida.

Y vives con la rosa frágil de la efeméride entre las manos,
el aire no es añejo, ni el paisaje morirá al morir el suspiro
que dejas en tu habitación vacía.

Ya son las dos en el reloj sin ángeles de la madrugada,
el misterio de la luz dibuja astillas de neón por los suelos;
y, de pronto, rememoras un día cálido de septiembre,
junto a la alameda, los pinos dándote sombra,
en la piel una fruta aún por exprimir…

Y es que en tu mirada el corazón infantil del pasado, late.

Así vences a la eterna noche.
Definir una mirada puede ser un amplio recorrido de sensaciones, algunas exactas otras serán especulaciones de la propia imaginación, tal como esas definiciones agudas o tiernas. Me gustó leerte, un abrazo
 

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