Me penetra una voz y yo sé que eres tú.
Invisible la palabra que de tu boca no escucho.
Es el perfume y el rostro, el labio entreabierto,
la mueca y la sonrisa quienes hablan, mudas.
Pero tu voz sigue aquí, en la memoria del tiempo,
en su jaula rota. El acento que dejas, la levedad
de un tono grave o la fugacidad de los agudos,
una interrogación no dicha, el misterio en la jungla
de un diálogo son el paisaje de mis días, mientras
la noche asoma. Y tu cuerpo que ya no existe,
solo la sinfonía de tu voz que interpreta en mi oído
las notas de una canción olvidada.
Invisible la palabra que de tu boca no escucho.
Es el perfume y el rostro, el labio entreabierto,
la mueca y la sonrisa quienes hablan, mudas.
Pero tu voz sigue aquí, en la memoria del tiempo,
en su jaula rota. El acento que dejas, la levedad
de un tono grave o la fugacidad de los agudos,
una interrogación no dicha, el misterio en la jungla
de un diálogo son el paisaje de mis días, mientras
la noche asoma. Y tu cuerpo que ya no existe,
solo la sinfonía de tu voz que interpreta en mi oído
las notas de una canción olvidada.