Tú, yo y el hijo

penabad57

Poeta veterano en el portal
Yo me preguntaba por el silencio del faro,
a veces confundí sombra y edén
en el fondo de una lágrima transparente.

Tuve alas y fuego, mar en los tobillos,
calles sin párpados, eternas como átomos negros.

Era joven y me creía un sol,
un sol pequeño, sin calor ni luz,
una nube roja en tu camisa,
un ojo o un oasis oculto en la nieve,
las Perseidas cruzando la vastedad de tus días.

Como un trampolín tu carne blanca y tu voz de fruto en sazón,
como la fiebre que anuncia el fervor
así el halo que dejas al curvar la espalda.

Te amé o te quise en el arrabal,
juntos la ciudad y los ecos,
las estelas de un avión que mojan mis labios,
la desnudez que se mira de un perfil a otro,
la fugacidad del céfiro en la voz de noviembre,
del candil de tu mano al rocío en la playa
donde vive el misterio de la duna.

¿Quién o qué el trasluz bajo los números impares del oráculo?

Creció la semilla en lo hondo,
fiel al rasgo, dormido el color,
lánguido el espejo en que se revuelca el embrión
que soñará con su dios
igual que yo al morir el huracán.

Qué nombre o en qué país el surco que siembre su huella,
qué pasos en la estrecha cruz de la vida,
quién se arrimará a su seno,
cuántos los amigos que despreciarán la luna,
dónde el amor o el odio,
el restallido, la voz del látigo que pondrá de rodillas al éxtasis,
cuál perdón teñirá sus pies de azul.

Que sea el telar del abrazo nuestro sello,
el nido en que viven las historias infinitas,
el refugio donde sueñan las almas ardientes
con el futuro de la flor bajo una pérgola de luz.

 
Última edición:
Yo me preguntaba por el silencio del faro,
a veces confundí sombra y edén
en el fondo de una lágrima transparente.

Tuve alas y fuego, mar en los tobillos,
calles sin párpados, eternas como átomos negros.

Era joven y me creía un sol,
un sol pequeño, sin calor ni luz,
una nube roja en tu camisa,
un ojo o un oasis oculto en la nieve,
las Perseidas cruzando la vastedad de tus días.

Como un trampolín tu carne blanca y tu voz de fruto en sazón,
como la fiebre que anuncia el fervor
así el halo que dejas al curvar la espalda.

Te amé o te quise en el arrabal,
juntos la ciudad y los ecos,
las estelas de un avión que mojan mis labios,
la desnudez que se mira de un perfil a otro,
la fugacidad del céfiro en la voz de noviembre,
del candil de tu mano al rocío en la playa
donde vive el misterio de la duna.

¿Quién o qué el trasluz bajo los números impares del oráculo?

Creció la semilla en lo hondo,
fiel al rasgo, dormido el color,
lánguido el espejo en que se revuelca el embrión
que soñará con su dios
igual que yo al morir el huracán.

Qué nombre o en qué país el surco que siembre su huella,
qué pasos en la estrecha cruz de la vida,
quién se arrimará a su seno,
cuántos los amigos que despreciarán la luna,
dónde el amor o el odio,
el restallido, la voz del látigo que pondrá de rodillas al éxtasis,
cuál perdón teñirá sus pies de azul.

Que sea el telar del abrazo nuestro sello,
el nido en que viven las historias infinitas,
el refugio donde sueñan las almas ardientes
con el futuro de la flor bajo una pérgola de luz.
que profunda sensibilidad enmarcas en este poema


grato leerte
 
Qué nombre o en qué país el surco que siembre su huella,
qué pasos en la estrecha cruz de la vida,
quién se arrimará a su seno,
cuántos los amigos que despreciarán la luna,
dónde el amor o el odio,
el restallido, la voz del látigo que pondrá de rodillas al éxtasis,
cuál perdón teñirá sus pies de azul.

Que sea el telar del abrazo nuestro sello,
el nido en que viven las historias infinitas,
el refugio donde sueñan las almas ardientes
con el futuro de la flor bajo una pérgola de luz.


Todo el poema es una maravilla, te admiro, te admiro, te admiro...
Y podría seguir escribiéndolo :)
El fragmento que cito me identifica de una manera muy especial. No sucede seguido el hecho de sentir que lo que alguien publica nos toca el alma.
Un abrazo y nunca, jamás dejes de escribir de este modo irreemplazable.
 
Todo el poema es una maravilla, te admiro, te admiro, te admiro...
Y podría seguir escribiéndolo :)
El fragmento que cito me identifica de una manera muy especial. No sucede seguido el hecho de sentir que lo que alguien publica nos toca el alma.
Un abrazo y nunca, jamás dejes de escribir de este modo irreemplazable.
Gracias, Cecy, por tu generosidad. Te mando un fuerte abrazo.
 

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