Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Tus manos me copian como ningún espejo
y yo voy a tus manos a mirarme completo.
Cuando han pasado las diez o las once
y mi presencia se disuelve en el sudor la noche,
deseo que acudas a testificar mi rostro.
Tus dedos saben despejar las tinieblas hasta abrir mis ojos
y encender la imagen tuya que busco
entre horas de selva y señales de humo.
Te indago adentro, pero te prefiero afuera.
Te quiero por punto cardinal con goce de fronteras.
Cuando apagamos el mundo y nos quedamos a solas,
no te limitas a ser relieve cuando me tocas.
Tu tacto se expande en una caricia
que al recorrer mi cuerpo de ti palpitante, lo ilumina,
lo construye con la luz de tus dedos,
lo desviste del aire con la tangible claridad de tu deseo.
Tu mano entra en mi pecho con en un guante
para hacer de mi corazón un alto remolino de sangre.
Tus uñas escarban los ecos de un laberinto
y brotas de ahí como un brillante caudal de latidos.
Tus líneas me navegan la marea de mis labios:
soy una península, una extensión de tus blancas manos.
Rodéame, sítiame, abrázame y no me sueltes
si se hunde el sol en el mar de mi sombra, y tú vueles.
y yo voy a tus manos a mirarme completo.
Cuando han pasado las diez o las once
y mi presencia se disuelve en el sudor la noche,
deseo que acudas a testificar mi rostro.
Tus dedos saben despejar las tinieblas hasta abrir mis ojos
y encender la imagen tuya que busco
entre horas de selva y señales de humo.
Te indago adentro, pero te prefiero afuera.
Te quiero por punto cardinal con goce de fronteras.
Cuando apagamos el mundo y nos quedamos a solas,
no te limitas a ser relieve cuando me tocas.
Tu tacto se expande en una caricia
que al recorrer mi cuerpo de ti palpitante, lo ilumina,
lo construye con la luz de tus dedos,
lo desviste del aire con la tangible claridad de tu deseo.
Tu mano entra en mi pecho con en un guante
para hacer de mi corazón un alto remolino de sangre.
Tus uñas escarban los ecos de un laberinto
y brotas de ahí como un brillante caudal de latidos.
Tus líneas me navegan la marea de mis labios:
soy una península, una extensión de tus blancas manos.
Rodéame, sítiame, abrázame y no me sueltes
si se hunde el sol en el mar de mi sombra, y tú vueles.
8 de enero de 2018