danie
solo un pensamiento...
“Desde que tuve memoria sufrí la tortura matinal de que Mina me cepillara los dientes,
mientras ella gozaba del privilegio mágico de quitarse los suyos para lavarlos,
y dejarlos en un vaso de agua mientras dormía.” Gabo García Márquez.
mientras ella gozaba del privilegio mágico de quitarse los suyos para lavarlos,
y dejarlos en un vaso de agua mientras dormía.” Gabo García Márquez.
La poesía sin dientes no debería existir,
es como hablar de un marinero de agua dulce
que en su puta vida lanzó una caña de pescar
ni supo lo que es un buen añejado coñac.
La poesía sin dientes es poesía
que colisiona (de trucha) el rostro sobre el asfalto
y no tiene los huevos ni los dientes (valga la redundancia)
para expeler ese grito guerrero
por más que sangren, lloren y se mueran esas podridas encías.
¿Se imaginan una poesía sin una pizca de carácter
o peor aún sin representar la necesidad vital de alguna flatulencia
que nos mantiene vivos?
Una poesía de mierda sin intentar ofender a la mierda.
Pero el tema es que la vida sin dientes
también es una vida de mierda.
Una vida franqueada por la estúpida y autómata gestión de la IA,
en ese caso tiene más valor la gestión de los zombis (muertos vivos)
y una sonrisa con huecos (sin dientes) y caries bien visibles
mostrando en el rostro una mueca intolerante,
sumamente perspicaz, aunque para muchos resulte repulsiva.
En esta sociedad tan cosmética habría que tapar los huecos
aunque sea con dientes de plástico.
Y ahí estamos todos rellenando los espacios vacíos
con porcelana barata
simplemente por el estúpido don "lleva y trae" de los demás
que tanto nos importa
y nos deja bien paraditos.
Y yo... escribiendo un puto poema a los sin dientes
mientras ella escribe un hermoso poema
a los pinos, espinillos y sauces llorones de la ruta 5
que empalma a Córdoba Capital.
Ya diría mi querida Ro: "que trauma" y es que sí,
a mí me gusta la poesía traumada,
a la que todavía nada le amputaron,
desde que nació en la libreta del bolsillo
para dos días después morir sepultada en el polvo
de algún cajón de la casa que ni Dios recuerda.
...
—¿Cuándo notó que se le empezaron a aflojar los dientes?—Me preguntó,
sin disimular siquiera una pequeña pizca de interés, el odontólogo.
—Ni puta idea doc. ¿Es el pucho y el café? ¿Tal vez la bebida?—
—Un poco de todo, estrés y golpes también—.
"No se puede ser más estúpido en la vida
al pensar que todo lo que haces, consumes y vives nunca se te devuelve".
—Y le explico al doc—:
el tema es que siempre disparé tiros
como un pistolero que con o sin balas tenía algo que escupir.
Es muy simple jalar el gatillo.
Jalar el gatillo y escribir en un borrador es exactamente igual.
Claro, alguna vez tendría que pasar,
cuando menos te das cuenta que el tiro
te sale por la culata y terminas disparándote
la escopeta en tu propia boca.
Un estallido de emociones que revienta todos los molares y maxilares
pero dejándote las raíces bien enterradas
sobre los escombros de las encías.
Y ni hablar de la sangre que brota como la vertiente de un río
arrasando hasta con la madre María de tu sulfúrica boca.
Para consuelo, en esos momentos,
siempre esta un vaso de cerveza helada
que aplaca el volcán en erupción que sientes
nacido de tu propio infierno.
Y con respecto a los golpes,¡ufff!
Conscientes como inconscientes,
¿quién tiene memoria de los deliciosos golpes de este concurso
Miss universo que es el día a día?
Pa´ que me entienda, doc, en este certamen
solo hay una única ganadora y es bastante creída y sofisticada,
se llama la niña Vida.
La Vida, esa mimada modelo top,
una especie de Porno Star
que te refriega cachetazos, zurras, trompazos,
rodillazos en los huevos, roturas de tabiques,
hemorragias, palizas, etc...
y uno no recuerda qué o quién lo atropelló.
Si fue el basurero
que recolecta a las 6 de la mañana los residuos
con su fundido camión, si fue el borracho de la esquina
que pone la quinta y no para en ninguna bocacalle,
ni la mismísima limusina del presidente de la República
o algún sicario pagado por tu ex mujer.
En todos los casos son novios o amantes de esa mimada Vida.
Claro, no recuerdas no por tener rasgos demenciales
sino porque nunca te rajaron la jeta como hoy.