salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una hoja ufana, adormecida
en su rama, mecíase, asentada.
Sentíase feliz y enamorada
atada, por amor, plena y vencida.
Del alba, te bañó, su luz naciente.
Alumbró, su lucero, tu hermosura,
tu suavísima tez y tu frescura,
tu bellísima faz, resplandeciente.
Despertaste cantando, dulcemente,
a la rosa naranja de la aurora,
al señor de tu reino que te implora,
tu verdor por su luz, incandescente.
Abrazada a los amores de tu rama,
al viento tu canción, lanzada, clama:
Lucero y sol de cielos
a vuestra luz prevengo
que no estais en mis celos.
Que estoy ciega y ardida
por el amor que tengo
al cual estoy prendida.
Te mojaron mañanas de rocíos.
Te bañaron torrentes primorosos.
Pasaron los Septiembres, presurosos,
anunciando los vientos y los fríos.
Por la racha asesina, degollado.
A la llama, del viento, sometido
se resiste a verse desprendido
tu, ajado verdor, ya condenado.
Se desmorona, cruel, tu arquitectura.
Te tornas gris vestida de marfiles.
Sólo quedan tus ojos juveniles,
reflejo de un pasado de hermosura.
A tu rama le dices:¡Tenme fuerte¡
¡No quiero que se rompa nuestro lazo¡
¡Tenme fuerte, mi amor, tenme en tu abrazo¡
¡que tengo mucho miedo de perderte¡
Y la rama te dijo: se ha acabado,
no quiero mitigar, yo, tus dolores.
Otra vendrá que supla tus amores,
busco lo joven, contigo he terminado.
..................
Se veló tu mirada apasionada.
Se llenó de rocío tu alma ansiosa
y una lágrima, verde, silenciosa
resbaló por tu cara desgastada.
Y lanzándote al río de tu suerte,
navegando en el aire transparente,
te meciste en la brisa, suavemente,
dejándote llevar hacia tu muerte.
Manuel Sal Menéndez.
en su rama, mecíase, asentada.
Sentíase feliz y enamorada
atada, por amor, plena y vencida.
Del alba, te bañó, su luz naciente.
Alumbró, su lucero, tu hermosura,
tu suavísima tez y tu frescura,
tu bellísima faz, resplandeciente.
Despertaste cantando, dulcemente,
a la rosa naranja de la aurora,
al señor de tu reino que te implora,
tu verdor por su luz, incandescente.
Abrazada a los amores de tu rama,
al viento tu canción, lanzada, clama:
Lucero y sol de cielos
a vuestra luz prevengo
que no estais en mis celos.
Que estoy ciega y ardida
por el amor que tengo
al cual estoy prendida.
Te mojaron mañanas de rocíos.
Te bañaron torrentes primorosos.
Pasaron los Septiembres, presurosos,
anunciando los vientos y los fríos.
Por la racha asesina, degollado.
A la llama, del viento, sometido
se resiste a verse desprendido
tu, ajado verdor, ya condenado.
Se desmorona, cruel, tu arquitectura.
Te tornas gris vestida de marfiles.
Sólo quedan tus ojos juveniles,
reflejo de un pasado de hermosura.
A tu rama le dices:¡Tenme fuerte¡
¡No quiero que se rompa nuestro lazo¡
¡Tenme fuerte, mi amor, tenme en tu abrazo¡
¡que tengo mucho miedo de perderte¡
Y la rama te dijo: se ha acabado,
no quiero mitigar, yo, tus dolores.
Otra vendrá que supla tus amores,
busco lo joven, contigo he terminado.
..................
Se veló tu mirada apasionada.
Se llenó de rocío tu alma ansiosa
y una lágrima, verde, silenciosa
resbaló por tu cara desgastada.
Y lanzándote al río de tu suerte,
navegando en el aire transparente,
te meciste en la brisa, suavemente,
dejándote llevar hacia tu muerte.
Manuel Sal Menéndez.
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