Albertojjs
Poeta fiel al portal
Está más vacía que nunca
esta noche cerrada,
llena de elogios y secretos,
de mentiras y falsedades;
sin el pose mediático de las estrellas,
las mismas envidiosas que compiten con la luna.
Tan triste y tan oscura,
como un calabozo sin ventanas,
un pantano desértico,
sin ramaje ni brío de luciérnagas.
Y esa luna,
tan tierna y tan desconsolada,
con charcos de lágrimas
en los cráteres de su rostro,
provoca la estela polar en mi piel
cuando sale en busca de refugio,
y consuelo en abrazos fríos e incómodos.
Menos mal
que hay vestigios del alba en tus ojos
y calor en tu piel volcánica
para salvar a mi alma
de la helada
y tediosa oscuridad de la noche.
Para librarme de la ardua tarea de consolar
a quien no concibe la vida
sin protagonismo ni sombra
ni conoce la cara amable de la soledad.
Bien debería saber
que hay una trampa escondida
en el guiño de los astros
y en la voluptuosidad de las nubes,
que maquillan la tristeza con un repentino sonrojo,
esa mancha rosa diluida
entre nieve y cenizas de su piel.
La felicidad se encuentra en ese brillo
que mantiene viva esa luz
y no somos capaces de ver.
La misma luz
que ilumina y calienta
su alma cándida
y no a nosotros.
esta noche cerrada,
llena de elogios y secretos,
de mentiras y falsedades;
sin el pose mediático de las estrellas,
las mismas envidiosas que compiten con la luna.
Tan triste y tan oscura,
como un calabozo sin ventanas,
un pantano desértico,
sin ramaje ni brío de luciérnagas.
Y esa luna,
tan tierna y tan desconsolada,
con charcos de lágrimas
en los cráteres de su rostro,
provoca la estela polar en mi piel
cuando sale en busca de refugio,
y consuelo en abrazos fríos e incómodos.
Menos mal
que hay vestigios del alba en tus ojos
y calor en tu piel volcánica
para salvar a mi alma
de la helada
y tediosa oscuridad de la noche.
Para librarme de la ardua tarea de consolar
a quien no concibe la vida
sin protagonismo ni sombra
ni conoce la cara amable de la soledad.
Bien debería saber
que hay una trampa escondida
en el guiño de los astros
y en la voluptuosidad de las nubes,
que maquillan la tristeza con un repentino sonrojo,
esa mancha rosa diluida
entre nieve y cenizas de su piel.
La felicidad se encuentra en ese brillo
que mantiene viva esa luz
y no somos capaces de ver.
La misma luz
que ilumina y calienta
su alma cándida
y no a nosotros.
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