pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
[video=youtube_share;4pz_CuHVQJY]http://youtu.be/4pz_CuHVQJY[/video]
En algún lugar
desde tu mano a la mía
debe haberse escrito un verso infinito
que sea alfombra sobre la que hacer vida,
tan infinito como semeja un juego de miles de clips,
peldaños para las palabras que voy colocando
en una larguísima ristra sobre mi mesa,
y sean como las puntadas de un traje
que quiero romper
para recomenzar de nuevo,
y tal vez tejer, si aprendo a hacerlo,
un cazamariposas
bien tupido para atrapar a las pequeñas aladas
que se estrellan y mutilan dentro de mi pecho.
Sentir la gravedad que ejerce el suelo
y me devuelve,
piedra,
con la roca que se fracturó
en la helada noche del mayo desierto;
y tejer el paracaídas
que no me disperse
más que, poema, en tu pensamiento;
recoger los trozos de mí mismo
como astillas incrustadas en tu silencio
para cobijarlos en el abrigo de tu costillas,
ampararme y ampararte,
sosteniendo como alfileres
las palabras que conservas bajo las uñas
y en los nidos donde prenden
y se dispersan aún hasta mi rostro
tus cabellos;
desterrar las verdades
que aún podemos convertir en mentiras
para que solo quede por realidad
la que yo con mi voz invento;
leyenda,
fábula
mística y hermoso
animoso cuento;
y de entre todos los cuentos
saga y epopeya
para que la estéril elegía claudique
como ante el náufrago arribando
a la isla desierta en que la sola palmera espera
claudican
la salada muerte
y el angustioso océano.
Yo, en la playa, como arena,
tú, bordeándola
en el otro extremo,
como albatros o viento,
ambos sin rienda al sol,
sin cuna ni mano amada que nos meza,
sin porción de ti que no me pertenezca
ni piel mía que no te abrase
al sentarte cerca;
soñándote,
mi destierro.
En algún lugar
desde tu mano a la mía
debe haberse escrito un verso infinito
que sea alfombra sobre la que hacer vida,
tan infinito como semeja un juego de miles de clips,
peldaños para las palabras que voy colocando
en una larguísima ristra sobre mi mesa,
y sean como las puntadas de un traje
que quiero romper
para recomenzar de nuevo,
y tal vez tejer, si aprendo a hacerlo,
un cazamariposas
bien tupido para atrapar a las pequeñas aladas
que se estrellan y mutilan dentro de mi pecho.
Sentir la gravedad que ejerce el suelo
y me devuelve,
piedra,
con la roca que se fracturó
en la helada noche del mayo desierto;
y tejer el paracaídas
que no me disperse
más que, poema, en tu pensamiento;
recoger los trozos de mí mismo
como astillas incrustadas en tu silencio
para cobijarlos en el abrigo de tu costillas,
ampararme y ampararte,
sosteniendo como alfileres
las palabras que conservas bajo las uñas
y en los nidos donde prenden
y se dispersan aún hasta mi rostro
tus cabellos;
desterrar las verdades
que aún podemos convertir en mentiras
para que solo quede por realidad
la que yo con mi voz invento;
leyenda,
fábula
mística y hermoso
animoso cuento;
y de entre todos los cuentos
saga y epopeya
para que la estéril elegía claudique
como ante el náufrago arribando
a la isla desierta en que la sola palmera espera
claudican
la salada muerte
y el angustioso océano.
Yo, en la playa, como arena,
tú, bordeándola
en el otro extremo,
como albatros o viento,
ambos sin rienda al sol,
sin cuna ni mano amada que nos meza,
sin porción de ti que no me pertenezca
ni piel mía que no te abrase
al sentarte cerca;
soñándote,
mi destierro.
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