ojosverdes
Poeta asiduo al portal
Una tarde de otoño, sentada en aquél Café,
mirando sin querer mirar,
descubrió cuán aventurado es el deseo.
Un hombre queda hechizado
sólo por mirar más de lo permitido,
enamorado de sus ojos,
ansía que sus dedos se confundan en su pelo,
que su boca quede enlazada en esa boca
hecha para el beso.
Una tarde de otoño,
el deseo se muda en ensueño,
¡y esa mirada que le para el corazón!
llena su alma de hermosura,
se perciben sonidos sublimes
de grandes maestros,
un día de inefable felicidad.
Presencias de una tarde de otoño
en aquél Café,
en que el deseo se mudó
en ensueño.
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