Giovanni Pietri
Director Grafismo e Ilustración Eco y Latido
Tengo que obligarme
a estar catatónico,
mientras en la radio
suena aquella canción
preferida y meliflua
que lleva tu recuerdo.
Tengo que obligarme
a dejar partir las luces oblicuas
sin brillos en el piso,
entre los bordes del entablado,
mayestático y borracho,
abandonar los caracoles,
la sal rosada
y el viento…
Tengo que obligarme
a dejar de mirar aquel muro,
y todas sus aristas…
y tengo que dejar de lado
el mordido lápiz
para no escribir tu nombre.
Tengo que obligarme
y convencerme
de no volver
al lugar donde los cálices
esparcían aromas de café,
en el solero patio cristalino
de andesita y de cal.
Tengo que obligarme
a dejar caer este badilejo
y olvidar el estuco…
tengo que obligarme
a olvidar las formas
de tus caderas;
tengo que obligarme
a dejar de morder
la agridulce idea
de volver a verte.
a estar catatónico,
mientras en la radio
suena aquella canción
preferida y meliflua
que lleva tu recuerdo.
Tengo que obligarme
a dejar partir las luces oblicuas
sin brillos en el piso,
entre los bordes del entablado,
mayestático y borracho,
abandonar los caracoles,
la sal rosada
y el viento…
Tengo que obligarme
a dejar de mirar aquel muro,
y todas sus aristas…
y tengo que dejar de lado
el mordido lápiz
para no escribir tu nombre.
Tengo que obligarme
y convencerme
de no volver
al lugar donde los cálices
esparcían aromas de café,
en el solero patio cristalino
de andesita y de cal.
Tengo que obligarme
a dejar caer este badilejo
y olvidar el estuco…
tengo que obligarme
a olvidar las formas
de tus caderas;
tengo que obligarme
a dejar de morder
la agridulce idea
de volver a verte.
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