Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Es una gran verdad querido amigo
al soneto primero hay que domarlo,
y perseguirlo, asirlo y atorarlo,
ya cautivo a la voz, darle castigo.
Y luego que sumiso te sonría
y te brinde las flores de su huerto,
podrás hacer vergel en el desierto
y alumbrar con mil soles a tu día
y decir con palabras luminosas
lo que el alma te dicte gemebunda
y legrar sentimientos errabundos.
Será parte de ti, como esas cosas,
que se acoplan a tu horma, piel segunda,
para andar la palabra, vagabundos.