gloli
Poeta fiel al portal
¡Mmmm…! Copa de suntuoso almíbar,
me insistes con tu insistente mirada
sin temores de rumores, indiscreta agudizada;
de tu interior gotas dulces que al acíbar
almibaran me embelesan y me embriagan.
Es momento de que cierres de tus ojos la mirada;
y me mires con tu cuerpo,
me auscultes desde tu almohada;
me beces con el besar de tu verso
y se enamore la luna engolosinada.
Imagíname con tus manos,
que reinventen lo aprendido
que me palpen tus sentidos
con movimientos profanos.
Escúchame silencioso en mis silencios ingentes
ven, con tus febriles impulsos víveme
y cual excitante elíxir bébeme
incluso, que me quemen tus ímpetus ardientes
y que también incineren del éxtasis, limitantes.
¡Shiii!… Ve en el silencio los purpúreos fluidos
alocados y bravíos, correteando por las venas,
por esos carnosos labios de maduras rojas fresas;
por causal de friccionar los míos de suave ceda.
¡Oh! jugoso manjar, tu lengua enrojecida,
a la mía se la lleva con marcada maestría
hasta el fondo de tu boca humedecida;
la succiona, la comprime en la perfecta medida.
Adheridos dos en uno, vehementes poseídos,
entrelazados ofidios, antropofágico rito,
sobre la hierba tendidos bajo el azul infinito,
catadores de licores probando los vinos finos.
me insistes con tu insistente mirada
sin temores de rumores, indiscreta agudizada;
de tu interior gotas dulces que al acíbar
almibaran me embelesan y me embriagan.
Es momento de que cierres de tus ojos la mirada;
y me mires con tu cuerpo,
me auscultes desde tu almohada;
me beces con el besar de tu verso
y se enamore la luna engolosinada.
Imagíname con tus manos,
que reinventen lo aprendido
que me palpen tus sentidos
con movimientos profanos.
Escúchame silencioso en mis silencios ingentes
ven, con tus febriles impulsos víveme
y cual excitante elíxir bébeme
incluso, que me quemen tus ímpetus ardientes
y que también incineren del éxtasis, limitantes.
¡Shiii!… Ve en el silencio los purpúreos fluidos
alocados y bravíos, correteando por las venas,
por esos carnosos labios de maduras rojas fresas;
por causal de friccionar los míos de suave ceda.
¡Oh! jugoso manjar, tu lengua enrojecida,
a la mía se la lleva con marcada maestría
hasta el fondo de tu boca humedecida;
la succiona, la comprime en la perfecta medida.
Adheridos dos en uno, vehementes poseídos,
entrelazados ofidios, antropofágico rito,
sobre la hierba tendidos bajo el azul infinito,
catadores de licores probando los vinos finos.
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