Tu sangre es un ciclón en mi torrente.
Son ensordecedor de mil trompetas.
Un mar incontenible, lava ardiente
que apunta a mi razón con sus saetas.
Al foso del castillo cae el puente.
Tu voz me invade con sus bayonetas
por flancos, retaguardia y por un frente
que sobre cada muro estampa grietas.
Mis estandartes caen hechos trizas.
Tus gestos a mi gesta se anticipan
y en lo más alto tus banderas izas.
A mi orgullo los buitres lo destripan.
El humo junto al resto de cenizas
con tus alas de seda se disipan.