VENECIA CLAUSURADA
El ojo que circunscribe las esencias
navega hacia su oriente indefinido
mientras el mundo (y yo) aspiramos los aromas
de las amapolas marchitas buscando esos placeres últimos.
Todo es Venecia en estos días sin Venecia.
Vidrio reflejado en vidrios y los ángeles de espadas flamígeras
sobre la paz de las aguas.
Los rayos de luz inscriben sus reflejos en la Historia.
Apenas la palabra es emitida por labios de dudosa carnalidad
cae desde inconmensurable altura golpeando sus frágiles significados
y se fractura como un ánfora yacente sin contenido
así las palabras de amor se pierden en las locas noches de espera.
Siguen girando las esferas nocturnas de la grand soirée
mientras las máscaras se procuran nuevos rostros o miradas
y los carillones del tiempo que huye se empeñan en cantar a las olas
viejas endechas de guerras que nunca fueron.
Llueven como dragones rojos las flechas del amor desairado
Llueven en los ojos fríos como estatuas inconclusas
que adornan los rostros de las bellas despechadas
mientras el carnaval se estrella incompetente
en los áridos labios que no aman.
Amantes que aspirais los deletéreos perfumes del pubis femenino
Mirad cuánto encanto puede prodigar un ojo
si alberga en su interior todo el tiempo que pasó mirando al mar.
Ya los barcos comienzan su periplo hacia el definitivo naufragio.
¿Cómo definir la belleza en medio de las sombras iluminadas por el fuego?
¿Como abrazar la esperanza de tu cuerpo si nos han robado el lecho?
¿Quien llamará a esa ventana que ha desaparecido en la noche?
Cómo deseo que las falenas se agrupen y me recuerden a tí
tan bella como la consumación de los tiempos o esta Venecia clausurada.
Ilust.: Max Ernst. “The stolen mirror”
El ojo que circunscribe las esencias
navega hacia su oriente indefinido
mientras el mundo (y yo) aspiramos los aromas
de las amapolas marchitas buscando esos placeres últimos.
Todo es Venecia en estos días sin Venecia.
Vidrio reflejado en vidrios y los ángeles de espadas flamígeras
sobre la paz de las aguas.
Los rayos de luz inscriben sus reflejos en la Historia.
Apenas la palabra es emitida por labios de dudosa carnalidad
cae desde inconmensurable altura golpeando sus frágiles significados
y se fractura como un ánfora yacente sin contenido
así las palabras de amor se pierden en las locas noches de espera.
Siguen girando las esferas nocturnas de la grand soirée
mientras las máscaras se procuran nuevos rostros o miradas
y los carillones del tiempo que huye se empeñan en cantar a las olas
viejas endechas de guerras que nunca fueron.
Llueven como dragones rojos las flechas del amor desairado
Llueven en los ojos fríos como estatuas inconclusas
que adornan los rostros de las bellas despechadas
mientras el carnaval se estrella incompetente
en los áridos labios que no aman.
Amantes que aspirais los deletéreos perfumes del pubis femenino
Mirad cuánto encanto puede prodigar un ojo
si alberga en su interior todo el tiempo que pasó mirando al mar.
Ya los barcos comienzan su periplo hacia el definitivo naufragio.
¿Cómo definir la belleza en medio de las sombras iluminadas por el fuego?
¿Como abrazar la esperanza de tu cuerpo si nos han robado el lecho?
¿Quien llamará a esa ventana que ha desaparecido en la noche?
Cómo deseo que las falenas se agrupen y me recuerden a tí
tan bella como la consumación de los tiempos o esta Venecia clausurada.
Ilust.: Max Ernst. “The stolen mirror”