Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Enfilando la calle, con prestancia,
camina con destreza, encaramada,
sobre finos tacones, elevada,
resuelta, libre, henchida de elegancia.
Consciente del poder de su fragancia
se muestra sin rival más que sobrada
e impone la altivez de su mirada
con el garbo y saber de la distancia.
Ante tal obra de arte, la escultura
de una Venus romana, le sonríe,
le cede el pedestal con amargura.
Y aunque sea el honor que más ansíe
le agradece su gesto y pone empeño
en merecer su honor, sin ser un sueño.
camina con destreza, encaramada,
sobre finos tacones, elevada,
resuelta, libre, henchida de elegancia.
Consciente del poder de su fragancia
se muestra sin rival más que sobrada
e impone la altivez de su mirada
con el garbo y saber de la distancia.
Ante tal obra de arte, la escultura
de una Venus romana, le sonríe,
le cede el pedestal con amargura.
Y aunque sea el honor que más ansíe
le agradece su gesto y pone empeño
en merecer su honor, sin ser un sueño.