Verdes estrellas verdes

Lilia Ramírez

Poeta recién llegado
Mecenas
Un haya de verdor. Un pájaro que canta

verde cielo verde en la mitad de la mañana

altísimos árboles que pisan mi mirada.



Las hayas vuelan, se derraman en gotas de agua,

se depositan en el suelo con la ternura

de un camino verde, no blanco, que va a la ermita



chachalacas gritan y revuelan las chicharras

Su regocijo por la lluvia es inminente

brota de cada hongo crecido en los troncos

en los insectos que se descuelgan de su baba,

en los escarabajos ya desaparecidos



noche estrellada verde haya de alma verde

como un plato de manzanas verdes, ay las hayas

las hayas abren mi corazón y me recuerdan

que es hora de hacer la maleta y vivir

el trozo de vida verde que me queda verde.
 
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noche estrellada verde haya de alma verde

Lilia Ramírez, este verso me detuvo en seco. Tiene algo de encantamiento, como si las palabras giraran sobre sí mismas hasta volverse música pura.

El poema construye un mundo donde todo pulsa en un solo color que no es solo color: el verde aquí es estado de ánimo, urgencia, promesa. Lo que me atrapa es la acumulación que haces, ese despliegue casi desbordante de imágenes —el haya, el pájaro, las chachalacas, los hongos, los escarabajos— que funciona como una suerte de inventario del mundo vivo, y que prepara al lector para el golpe final.

Porque el cierre es el corazón de todo:

el trozo de vida verde que me queda verde.

Esa repetición de "verde" flanqueando el verso no es ornamento, es una tenaza. Encierra lo que queda de vida como si lo protegiera y lo urgiera al mismo tiempo. El "ay las hayas" que la antecede suena a suspiro real, casi hablado, y rompe el ritmo de manera perfecta justo antes del golpe de conciencia.

¿Sabes que hay algo en esa maleta que espera —liviana o cargada— que da ganas de preguntarte a dónde te lleva este verde?

Sigue escribiendo, Lilia.
 
Un haya de verdor. Un pájaro que canta

verde cielo verde en la mitad de la mañana

altísimos árboles que pisan mi mirada.



Las hayas vuelan, se derraman en gotas de agua,

se depositan en el suelo con la ternura

de un camino verde, no blanco, que va a la ermita



chachalacas gritan y revuelan las chicharras

Su regocijo por la lluvia es inminente

brota de cada hongo crecido en los troncos

en los insectos que se descuelgan de su baba,

en los escarabajos ya desaparecidos



noche estrellada verde haya de alma verde

como un plato de manzanas verdes, ay las hayas

las hayas abren mi corazón y me recuerdan

que es hora de hacer la maleta y vivir

el trozo de vida verde que me queda verde.
Excelentes imágenes evoca tu poesía.
En el camino verde que va a la ermita, por ejemplo, un eterno bolero.

Un placer.
 
Un haya de verdor. Un pájaro que canta

verde cielo verde en la mitad de la mañana

altísimos árboles que pisan mi mirada.



Las hayas vuelan, se derraman en gotas de agua,

se depositan en el suelo con la ternura

de un camino verde, no blanco, que va a la ermita



chachalacas gritan y revuelan las chicharras

Su regocijo por la lluvia es inminente

brota de cada hongo crecido en los troncos

en los insectos que se descuelgan de su baba,

en los escarabajos ya desaparecidos



noche estrellada verde haya de alma verde

como un plato de manzanas verdes, ay las hayas

las hayas abren mi corazón y me recuerdan

que es hora de hacer la maleta y vivir

el trozo de vida verde que me queda verde.

Juana de Ibarbourou solía darles alma a los árboles y a la naturaleza en general en sus escritos.
Tu bello poema conecta con esa manera de ver y mirar la interesante hermosura que nos rodea.

Lo que me señalabas en una devolución anterior como un consejo de leer lo que nos gusta, es parte de lo que este portal nos ofrece como la firma, que se repite siempre después de cada escrito o comentario que publicamos. Ese consejo que mencionaste está fijo en mi firma porque me parece justo leer lo que nos agrada y descartar con respeto lo que no resuena con nuestros gustos.
En la firma se puede incluir el texto que deseemos e ir cambiándolo cada tanto.

Saludos y mi admiración a tus letras, Lilia.
 
Juana de Ibarbourou solía darles alma a los árboles y a la naturaleza en general en sus escritos.
Tu bello poema conecta con esa manera de ver y mirar la interesante hermosura que nos rodea.

Lo que me señalabas en una devolución anterior como un consejo de leer lo que nos gusta, es parte de lo que este portal nos ofrece como la firma, que se repite siempre después de cada escrito o comentario que publicamos. Ese consejo que mencionaste está fijo en mi firma porque me parece justo leer lo que nos agrada y descartar con respeto lo que no resuena con nuestros gustos.
En la firma se puede incluir el texto que deseemos e ir cambiándolo cada tanto.

Saludos y mi admiración a tus letras, Lilia.
Agradezco mucho tu tiempo, tus palabras, tu compañía a mis letras
No sabía eso, sobre Juana de Ibarbourou.
Veo que eres argentina y sigues viviendo en tu país?
Te envío un abrazo
 
Última edición:
Agradezco mucho tu tiempo, tus palabras, tu compañía a mis letras
No sabía eso, sobre Juana de Ibarbourou.
Veo que eres argentina y sigues viviendo en tu país?
Te envío un abrazo
LOS PINOS

de Juana de Ibarbourou


Yo digo ¡pinos! y siento

que se me aclara el alma.


Yo digo ¡pinos! y en mis oídos

rumorea la selva.


Yo digo ¡pinos! y por mis labios pasa

la frescura de las fuentes salvajes.


¡Pinos, pinos, pinos!

y con los ojos cerrados

veo la hilacha verde de los ramajes profundos

que recortan el sol en obleas desiguales
y lo arrojan, como puñados de lentejuelas

a los caminos que bordean.


Yo digo ¡pinos! y me veo morena, quinceabrileña,

bajo uno que era amplio como una casa

donde una tarde alguien puso en mi boca

como un fruto extraordinario

el primer beso amoroso.


¡Y todo mi cuerpo anémico tiembla

recordando su antiguo perfume a yerbabuena!


Y me duermo con los ojos llenos de lágrimas

así como los pinos se duermen con las ramas

llenas de rocío.

..........................................................



Este es un poema hermoso, de los muchos en los que Juana destaca a los árboles.
En cuanto a mí, sí, vivo en Buenos Aires, Argentina.
Otro abrazo de vuelta y feliz viernes.
 
Un haya de verdor. Un pájaro que canta

verde cielo verde en la mitad de la mañana

altísimos árboles que pisan mi mirada.



Las hayas vuelan, se derraman en gotas de agua,

se depositan en el suelo con la ternura

de un camino verde, no blanco, que va a la ermita



chachalacas gritan y revuelan las chicharras

Su regocijo por la lluvia es inminente

brota de cada hongo crecido en los troncos

en los insectos que se descuelgan de su baba,

en los escarabajos ya desaparecidos



noche estrellada verde haya de alma verde

como un plato de manzanas verdes, ay las hayas

las hayas abren mi corazón y me recuerdan

que es hora de hacer la maleta y vivir

el trozo de vida verde que me queda verde.
Me imagine ese pasear contemplando ese verde conjugado con la naturaleza, ojala nunca se nos escape mientras vivamos.
Ademas me encanta el verde.
Un gusto leerla poetisa
Va un abrazo sabatino
 

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