Vértigo

esthergranados

Poeta adicto al portal
Trepar a un árbol no es tan sencillo: debes estar en buena forma, las piernas ágiles y los brazos fuertes… Trepar a un árbol no es tarea fácil cuando eres torpe y tienes miedo a las alturas. Pero a veces hay que hacer cosas que no se quieren. Por eso, me armé de valor y empecé mi ascenso hasta las últimas ramas. Ella me miraba suplicante y yo no podía de ninguna manera decepcionarla, estaba en juego mi credibilidad… no podía dejar que pensara que era pusilánime, o que tenía miedo… Debía mantener mi prestigio, pero el tronco del árbol era resbaladizo y en algunos momentos estuve a punto de caer. La subida cada vez me resultaba más complicada y lo único que me hacía seguir era su actitud expectante y mi deseo de no estamparme delante de sus narices. Con enormes esfuerzos y sudores, conseguí llegar a la copa, vislumbré su tesoro entre las ramas (por suerte tenía colores brillantes), lo cogí como pude y descendí muerta de miedo, pero con la recompensa de su sonrisa agradecida. “La próxima vez no voy contigo a volar la cometa”. Y una mirada divertida fue su respuesta.
 
Trepar a un árbol no es tan sencillo: debes estar en buena forma, las piernas ágiles y los brazos fuertes… Trepar a un árbol no es tarea fácil cuando eres torpe y tienes miedo a las alturas. Pero a veces hay que hacer cosas que no se quieren. Por eso, me armé de valor y empecé mi ascenso hasta las últimas ramas. Ella me miraba suplicante y yo no podía de ninguna manera decepcionarla, estaba en juego mi credibilidad… no podía dejar que pensara que era pusilánime, o que tenía miedo… Debía mantener mi prestigio, pero el tronco del árbol era resbaladizo y en algunos momentos estuve a punto de caer. La subida cada vez me resultaba más complicada y lo único que me hacía seguir era su actitud expectante y mi deseo de no estamparme delante de sus narices. Con enormes esfuerzos y sudores, conseguí llegar a la copa, vislumbré su tesoro entre las ramas (por suerte tenía colores brillantes), lo cogí como pude y descendí muerta de miedo, pero con la recompensa de su sonrisa agradecida. “La próxima vez no voy contigo a volar la cometa”. Y una mirada divertida fue su respuesta.


Yo creo que sí... ya a la segunda vez se pierde el vértigo y hasta se disfruta.
Muy lindo!
 
muy buen relato, descritos a la par de cada paso las emociones, el vértigo es algo que nos afecta a muchos, así nos trepemos en cinco ladrillos, un abrazo
 
jejeje...Sabes qué he hecho, me he asomado a la ventana para mirar el árbol por el que trapaba en mi infancia, esta como a trescientos metros en linea recta, pero desde donde vivo ahora, aún puedo verlo, es enorme...
La primera vez que trepas, da miedo, pero a medida que lo repites, es como todo, te harás una experta y comprobaras que las cosas se ven mejor desde diferentes perspectivas... :)
Besos...¡genial!
 
¡Ay amiga, la próxima vez
por favor vais a volar la cometa
a un descampado donde no haya árboles!
Por un momento temí que te cayeras
pero te salvaste gracias a tu agilidad y arrojo.
Un beso, ya se me pasó el miedo.
 
Jajaj, arrojo, arrojo, lo que se dice arrojo....no se yo, y habilidad casi que tampoco, raro que no diera con mis huesos en el suelo, cuestion de orgullo, tal vez....jajaja gracias por leerme y comentarme, Dulcinista, un beso.
 
Pues yo tengo dos hijos y he de reconocer que he hecho muchas cosas por ellos y con ellos, pero esa no, y yo creo que por edad (ya son muy grandes) no me lo pedirían...por edad suya y mía, que todo hay que decirlo jajaja Gracias como siempre por tus palabras, que siempre me hacen sonreír, un abrazo.
 

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