Fabiola Montes
Poeta asiduo al portal
Sábado por la tarde;
en compañía de un café
jugaba juegos de ingenio
sobre el teclado para tal vez,
si el hado era propicio,
sacar a la luz un nuevo escrito.
Y entre los sorbos del líquido
y los murmullos de la gente
el cielo se oscureció de repente
y empezó a llover.
Inmóvil en la silla a la fuerza
(no había a dónde correr),
vi la lluvia y pensé
que como gente vivimos la vida más fatua,
a las locas,
a las apuradas,
atropellando al que se cruza en el camino
por la prisa sin destino
de alcanzar triunfo y placer.
Este mundo tan moderno
que etiqueta todo y a todo le pone marca,
nos ha dejado sin la habilidad
de parar, de pensar,
de ver y disfutar
ver la lluvia correr.
Y entonces quise ser rebelde.
Cerré la máquina,
disfrute el café.
Vi la lluvia caer y pensé...
en compañía de un café
jugaba juegos de ingenio
sobre el teclado para tal vez,
si el hado era propicio,
sacar a la luz un nuevo escrito.
Y entre los sorbos del líquido
y los murmullos de la gente
el cielo se oscureció de repente
y empezó a llover.
Inmóvil en la silla a la fuerza
(no había a dónde correr),
vi la lluvia y pensé
que como gente vivimos la vida más fatua,
a las locas,
a las apuradas,
atropellando al que se cruza en el camino
por la prisa sin destino
de alcanzar triunfo y placer.
Este mundo tan moderno
que etiqueta todo y a todo le pone marca,
nos ha dejado sin la habilidad
de parar, de pensar,
de ver y disfutar
ver la lluvia correr.
Y entonces quise ser rebelde.
Cerré la máquina,
disfrute el café.
Vi la lluvia caer y pensé...