Viene la vida a visitarme de Ivonne Bordelois

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Ivonne Bordelois: Escritora Argentina. (Juan Bautista Alberdi, Buenos Aires, 1934)
Es poeta y ensayista. Se doctoró en lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts con Noam Chomsky y ocupó una cátedra en la Universidad de Utrecht (Holanda). Recibió la beca Guggenheim en 1983. Ha escrito varios libros, entre los cuales se destacan El alegre Apocalipsis (1995), Correspondencia Pizarnik (1998) y Un triángulo crucial: Borges, Lugones y Güiraldes (1999, Segundo Premio Municipal de Ensayo 2003). En Libros del Zorzal ha publicado La palabra amenazada (2003), Etimología de las pasiones (2005), A la escucha del cuerpo (2009) y Del silencio como porvenir (2010). Ganó el Premio Nación-Sudamericana 2005 con su ensayo El país que nos habla.




VIENE LA VIDA A VISITARME
Vino la vida a mí
con ojos de torcaza y delantal celeste
mi vida vino caminando jueves
alta y silenciosa y distraída
ella siempre sonríe como si fuera vida de otro
alguien que no conozco y sin embargo vagamente me recuerda
Viene mi vida y me saluda suavemente

como si enferma yo estuviera,
como lejos.
Ella despide un aroma a veranos olvidados,

a caballos de infancia,
a carta que no fue.
Viene lenta y las manos cargadas de castañas

como si fuera el tiempo de antes
ella se sienta frente a la ventana
trae viento,
jirones de palabras que tuvimos,
alguna foto tuya,
un vals.
Yo la miro quedarse

-sus ojos de torcaza, su delantal celeste-
tanto la miro que de pronto
ya no está más y cruje
tiernamente su paso por la puerta del fondo
y sé que es nunca

ya
Y sé que es tarde.

ALABANZA DEL CAFÉ DE LA ESQUINA

Esa que atiende el bar nunca pidió una coima.
Aquél en la ventana no ha secuestrado a nadie.
El muchacho en la mesa del fondo no trafica cocaína.
La adolescente en esa esquina no se prostituye.
Una señora lee el diario y otra, más lejos, un libro de Neruda.
El chico que ha entrado a mendigar no piensa en asaltarnos.
Ese viejito fuma; mira el aire y los árboles.
La música es tan suave que deja oír a los zorzales.
Un mozo limpia los espejos con cariño y energía.
Entra el sol por la puerta.
Yo estoy escribiendo estas palabras.

Hemos fundado una pequeña república de paz en un mar de tiburones y pirañas.

Los poderosos pasarán pero yo sé que mi café será eterno.




 
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Ivonne Bordelois: Escritora Argentina. (Juan Bautista Alberdi, Buenos Aires, 1934)
Es poeta y ensayista. Se doctoró en lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts con Noam Chomsky y ocupó una cátedra en la Universidad de Utrecht (Holanda). Recibió la beca Guggenheim en 1983. Ha escrito varios libros, entre los cuales se destacan El alegre Apocalipsis (1995), Correspondencia Pizarnik (1998) y Un triángulo crucial: Borges, Lugones y Güiraldes (1999, Segundo Premio Municipal de Ensayo 2003). En Libros del Zorzal ha publicado La palabra amenazada (2003), Etimología de las pasiones (2005), A la escucha del cuerpo (2009) y Del silencio como porvenir (2010). Ganó el Premio Nación-Sudamericana 2005 con su ensayo El país que nos habla.




VIENE LA VIDA A VISITARME
Vino la vida a mí
con ojos de torcaza y delantal celeste
mi vida vino caminando jueves
alta y silenciosa y distraída
ella siempre sonríe como si fuera vida de otro
alguien que no conozco y sin embargo vagamente me recuerda
Viene mi vida y me saluda suavemente
como si enferma yo estuviera,
como lejos.
Ella despide un aroma a veranos olvidados,
a caballos de infancia,
a carta que no fue.
Viene lenta y las manos cargadas de castañas
como si fuera el tiempo de antes
ella se sienta frente a la ventana
trae viento,
jirones de palabras que tuvimos,
alguna foto tuya,
un vals.
Yo la miro quedarse
-sus ojos de torcaza, su delantal celeste-
tanto la miro que de pronto
ya no está más y cruje
tiernamente su paso por la puerta del fondo
y sé que es nunca
ya
Y sé que es tarde.

ALABANZA DEL CAFÉ DE LA ESQUINA

Esa que atiende el bar nunca pidió una coima.
Aquél en la ventana no ha secuestrado a nadie.
El muchacho en la mesa del fondo no trafica cocaína.
La adolescente en esa esquina no se prostituye.
Una señora lee el diario y otra, más lejos, un libro de Neruda.
El chico que ha entrado a mendigar no piensa en asaltarnos.
Ese viejito fuma; mira el aire y los árboles.
La música es tan suave que deja oír a los zorzales.
Un mozo limpia los espejos con cariño y energía.
Entra el sol por la puerta.
Yo estoy escribiendo estas palabras.


Hemos fundado una pequeña república de paz en un mar de tiburones y pirañas.

Los poderosos pasarán pero yo sé que mi café será eterno.



Qué dos poemas tan magníficos!
Es un lujo leer a esta gran escritora que nos has dejado. Con qué limpieza navega en las profundidades. Dignos de leerse una y otra vez.
Gracias, Isabel, por traernos a esta gran mujer, me maravilla la sencillez y pulcritud tan bien elegida, el pensamiento analítico convertido en verso con una naturalidad propia solo de los grandes.
Ha sido un verdadero disfrute y una estupenda manera de comenzar el día.
Un abrazo fuerte,
Eva
 
No conocía a esta poeta y me ha gustado mucho, especialmente el segundo poema, y es que me puede el realismo ;)
Gracias por traerla al foro, Isabel. Un abrazo amiga.
 
Dejo más poemas de esta fantástica mujer. ¡Que gusto da leerla!


CARTA A LOS AMIGOS


Estimados amigos
tropa alegre de gente inteligente porteña y vivaracha
que puebla nuestras calles arboladas florecidas
con su ingenio y sus noches de bohemia
con sus poemas y sus libros y artículos y ensayos igualmente florecientes
siempre amaneciendo cada día en mi pantalla
con sus blogs y sus citas y sus invitaciones
y sus presentaciones
y sus consideraciones y reflexiones
con fotos de Venecia y de osos polares y de castillos húngaros
con nietos y biznietos que sonríen cual frutillas en un prado lejano
convocándome a la guerra, a la paz o a la Virgen de Luján
a recobrar un deudo o saldar una deuda
con la historia, la patria o la poesía

muy queridos amigos
vengo aquí a recordarles
que a mis setenta y cuatro años
he recordado a Mallarmé:
la chair est triste et j´ai lu tous les livres
en mi recuerdo sin embargo, la chair era gloriosa, y en cuanto a libros,
todos están en Internet,
hay noches en que Dante me persigue tenazmente porque aun no he leído su Inferno,
el Quijote me espera ansiosamente bajo un sauce a la orilla de un verano inaccesible
trabada como estoy por nuestras creatividades, amistades y necesidades
de Cruz Roja, de aplausos y pequeñas bendiciones
para nuestros narcisos heridos y afligidos
(qué es la fama? un frenesí?)

y por lo tanto ruego
un poco de piedad para esta anciana atosigada atolondrada perseguida y acosada
por el esperma incontenible de nuestro genio incomprendido

yo vengo a ofrecernos una tregua
a nadie haré leer mis poemas –salvo éste, que será el último, por cierto-
a nadie contaré mis esperanzas
de Premio Nobel,
nadie sabrá de mis diarios ni de mi mente metafísica

los yunques y crisoles de mi alma
trabajan para el polvo y para el viento,

todo me ha sido dado y sin embargo aun no he escrito el poema

(a veces me canso de ser hembra)

mis papeles se irán conmigo al río
donde Heráclito me espera en el lugar de siempre

(hoy es siempre todavía)

Y yo ofrezco en cambio este patio perfecto de silencio
donde canta la calandria inmortal de mis infancias.


CASIDA DE LAS MUEBLERÍAS DE VIEJO

A veces me pierdo dentro de inmensas mueblerías de viejo
buscando mesas, sillas, camas que hubiera podido habitar y compartir con
amigos,
con hijos, con amantes o con seres extraños
con los que nunca me encontré.

Me asalta entonces el olor de maderas antiguas que descienden de la casa de mi
abuela
un reproche de piano abandonado,
el rencor de un espejo polvoriento en un rincón de la memoria.

Allí están los roperos como oscuros ejércitos custodiando la infancia,
allí la biblioteca encantada donde surgían grabados de mujeres bellísimas
que amaban a mi padre.

Allí un color de cedro relampagueante a la distancia
entre viejas conversaciones misteriosas
palabras en francés para que nunca comprendiéramos
que se abrían como cofres de alcanfor o escondites de cartas olvidadas.

El polvo que circula en las grandes mueblerías soñolientas
despierta en mí todo un pasado traicionado
un porvenir que crecía entre los muebles como un helecho erróneo.

Viajo con melancolía entre jarrones y sillas desfondadas
dulces fantasmas detenidos en el tiempo
y un rumor de cortinas ajadas me acompaña
como un eterno llanto sofocado.

Hasta que un camión pasa, me señala la puerta como un tajo de sol en la vereda.

Salgo a la calle y me saluda el luminoso estrépito en que vivo.


PIDO PERDÓN

Mis antepasados no fueron ilustres.
Es verdad que he frecuentado algunas instituciones famosas
Pero también es cierto que anduve por algunos manicomios.

Pido perdón.

No me he casado.
Nunca tuve hijos.

Pido perdón.

Supe andar en bicicleta
Pero ahora tiendo a accidentarme.

No cocino muy bien.
Tampoco sé planchar.

Pido perdón.

Tuve amigos célebres
Pero los que más quería acabaron suicidándose.

Pido perdón.

A veces pienso, algunas tardes, que he escrito algunas cosas necesarias.

Pido perdón.

Siempre me asombra el mundo
Por ser tan injusto como bello.

Soy vieja.
Peso sesenta kilos.
Todavía me como las uñas.

Pido perdón.


Un fuerte abrazo,
Eva
 
Dejo más poemas de esta fantástica mujer. ¡Que gusto da leerla!


CARTA A LOS AMIGOS


Estimados amigos
tropa alegre de gente inteligente porteña y vivaracha
que puebla nuestras calles arboladas florecidas
con su ingenio y sus noches de bohemia
con sus poemas y sus libros y artículos y ensayos igualmente florecientes
siempre amaneciendo cada día en mi pantalla
con sus blogs y sus citas y sus invitaciones
y sus presentaciones
y sus consideraciones y reflexiones
con fotos de Venecia y de osos polares y de castillos húngaros
con nietos y biznietos que sonríen cual frutillas en un prado lejano
convocándome a la guerra, a la paz o a la Virgen de Luján
a recobrar un deudo o saldar una deuda
con la historia, la patria o la poesía


muy queridos amigos
vengo aquí a recordarles
que a mis setenta y cuatro años
he recordado a Mallarmé:
la chair est triste et j´ai lu tous les livres
en mi recuerdo sin embargo, la chair era gloriosa, y en cuanto a libros,
todos están en Internet,
hay noches en que Dante me persigue tenazmente porque aun no he leído su Inferno,
el Quijote me espera ansiosamente bajo un sauce a la orilla de un verano inaccesible
trabada como estoy por nuestras creatividades, amistades y necesidades
de Cruz Roja, de aplausos y pequeñas bendiciones
para nuestros narcisos heridos y afligidos
(qué es la fama? un frenesí?)


y por lo tanto ruego
un poco de piedad para esta anciana atosigada atolondrada perseguida y acosada
por el esperma incontenible de nuestro genio incomprendido


yo vengo a ofrecernos una tregua
a nadie haré leer mis poemas –salvo éste, que será el último, por cierto-
a nadie contaré mis esperanzas
de Premio Nobel,
nadie sabrá de mis diarios ni de mi mente metafísica


los yunques y crisoles de mi alma
trabajan para el polvo y para el viento,


todo me ha sido dado y sin embargo aun no he escrito el poema

(a veces me canso de ser hembra)

mis papeles se irán conmigo al río
donde Heráclito me espera en el lugar de siempre


(hoy es siempre todavía)

Y yo ofrezco en cambio este patio perfecto de silencio
donde canta la calandria inmortal de mis infancias.


CASIDA DE LAS MUEBLERÍAS DE VIEJO

A veces me pierdo dentro de inmensas mueblerías de viejo
buscando mesas, sillas, camas que hubiera podido habitar y compartir con
amigos,
con hijos, con amantes o con seres extraños
con los que nunca me encontré.


Me asalta entonces el olor de maderas antiguas que descienden de la casa de mi
abuela
un reproche de piano abandonado,
el rencor de un espejo polvoriento en un rincón de la memoria.


Allí están los roperos como oscuros ejércitos custodiando la infancia,
allí la biblioteca encantada donde surgían grabados de mujeres bellísimas
que amaban a mi padre.


Allí un color de cedro relampagueante a la distancia
entre viejas conversaciones misteriosas
palabras en francés para que nunca comprendiéramos
que se abrían como cofres de alcanfor o escondites de cartas olvidadas.


El polvo que circula en las grandes mueblerías soñolientas
despierta en mí todo un pasado traicionado
un porvenir que crecía entre los muebles como un helecho erróneo.


Viajo con melancolía entre jarrones y sillas desfondadas
dulces fantasmas detenidos en el tiempo
y un rumor de cortinas ajadas me acompaña
como un eterno llanto sofocado.


Hasta que un camión pasa, me señala la puerta como un tajo de sol en la vereda.

Salgo a la calle y me saluda el luminoso estrépito en que vivo.


PIDO PERDÓN

Mis antepasados no fueron ilustres.
Es verdad que he frecuentado algunas instituciones famosas
Pero también es cierto que anduve por algunos manicomios.


Pido perdón.

No me he casado.
Nunca tuve hijos.


Pido perdón.

Supe andar en bicicleta
Pero ahora tiendo a accidentarme.


No cocino muy bien.
Tampoco sé planchar.


Pido perdón.

Tuve amigos célebres
Pero los que más quería acabaron suicidándose.


Pido perdón.

A veces pienso, algunas tardes, que he escrito algunas cosas necesarias.

Pido perdón.

Siempre me asombra el mundo
Por ser tan injusto como bello.


Soy vieja.
Peso sesenta kilos.
Todavía me como las uñas.


Pido perdón.


Un fuerte abrazo,
Eva
0

Querida, Eva, qué guztazo leer estos poemas, con ese realismo lleno de tierna transparencia, de honestidad.
Esa delicia de encontrar la poesia hasta el ultimo instante lúcido de nuestra existencia, con esa naturalidad con la que Ivonne Bordelois afronta su ocaso.
Yo tambien pido perdón por no haberla leido antes, pero creo que ha llegado justo a tiempo de contemplar desde su mirada, como lentamente se pone el sol en la mía.
Un abrazo grande.
Isabel
 
Última edición:
No conocía a esta poeta y me ha gustado mucho, especialmente el segundo poema, y es que me puede el realismo ;)
Gracias por traerla al foro, Isabel. Un abrazo amiga.

Si es que, al final, con poemas asi, me terminará abduciendo el realismo, quien pude sustraerse de poesía como esta, que atrapa e invita a seguirla muy de cerca.
Gracias por acercarte hasta aquí, Luis.
Un abrazo, amigo.
Isabel
 
0

Querida, Eva, qué guztazo leer estos poemas, con ese realismo lleno de tierna transparencia, de honestidad.
Esa delicia de encontrar la poesia hasta el ultimo instante lúcido de nuestra existencia, con esa naturalidad con la que Ivonne Bordelois afronta su ocaso.
Yo tambien pido perdón por no haberla leido antes, pero creo que ha llegado justo a tiempo de contemplar desde su mirada la puestase sol.
Un abrazo grande.
Isabel
Sí que es un gustazo, y pedir perdón es de las cosas más sanas que hay, no hace falta más que verla a ella. Yo también voy a pedir perdón, ale:)
Un fuerte abrazo,
Eva
 
:)me gusto mucho

Qué bueno que compartamos el gusto por el buen sabor que deja la poesia sin aditivos, sana, realista pero con una chispa de esa mirada que no puede más que mostrar a la poeta que hay detrás de esos versos:

Vino la vida a mí "con ojos de torcaza y delantal celeste" "mi vida vino caminando jueves alta y silenciosa y distraída" "ella me sonríe como si fuera la vida de otro alguien que no conozco y sin embargo vagamente me recuerda" "Viene mi vida y me saluda suavemente como si enferma yo estuviera como lejos.
ella siempre sonríe como si fuera vida de otro"
"Ella despide un aroma a veranos olvidados, a caballos de infancia, a carta que no fue."
....


¡Madre mía! si no hay una solo pensamiento, hecho poesía, de Ivonne, que no merezca recrearse en él. La he disfrutado mucho yo también, Gustavo, una y otra vez, y en cada una de esas veces que lo releo, descubro en esta poeta algo que rescata de las sombras mis rincones de luz.
Encuentros afortunados.
Gracias por acercarte.
 
Última edición:

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