VII (Rosa)

Kalipso

Poeta recién llegado
Fue, Rosa mi tía. En su juventud

fue virtud su más preciado tesoro

y fue su encanto la risa de oro

que amaban los jóvenes a plenitud.


No hubo hombre que su tez besara,

no hubo alguno que fuera digno

del corazón dulce, ni cariño

que, Rosa, mi tía desbordaba.


Ni en la campiña o en el cielo

al que ahora alegra con su risa

habrá perfume de Eros

que enamore la timidez de su sonrisa.


Sintió magia, más nunca el temor

los jueves a la misa siempre iba

desbordaba su sonrisa mi alegría

y en su camino forjo en mí el amor.
 
Fue, Rosa mi tía. En su juventud

fue virtud su más preciado tesoro

y fue su encanto la risa de oro

que amaban los jóvenes a plenitud.


No hubo hombre que su tez besara,

no hubo alguno que fuera digno

del corazón dulce, ni cariño

que, Rosa, mi tía desbordaba.


Ni en la campiña o en el cielo

al que ahora alegra con su risa

habrá perfume de Eros

que enamore la timidez de su sonrisa.


Sintió magia, más nunca el temor

los jueves a la misa siempre iba

desbordaba su sonrisa mi alegría

y en su camino forjo en mí el amor.
Buen recordatorio al familiar. Un placer la lectura. Saludos.
 

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