Kalipso
Poeta recién llegado
Fue, Rosa mi tía. En su juventud
fue virtud su más preciado tesoro
y fue su encanto la risa de oro
que amaban los jóvenes a plenitud.
No hubo hombre que su tez besara,
no hubo alguno que fuera digno
del corazón dulce, ni cariño
que, Rosa, mi tía desbordaba.
Ni en la campiña o en el cielo
al que ahora alegra con su risa
habrá perfume de Eros
que enamore la timidez de su sonrisa.
Sintió magia, más nunca el temor
los jueves a la misa siempre iba
desbordaba su sonrisa mi alegría
y en su camino forjo en mí el amor.
fue virtud su más preciado tesoro
y fue su encanto la risa de oro
que amaban los jóvenes a plenitud.
No hubo hombre que su tez besara,
no hubo alguno que fuera digno
del corazón dulce, ni cariño
que, Rosa, mi tía desbordaba.
Ni en la campiña o en el cielo
al que ahora alegra con su risa
habrá perfume de Eros
que enamore la timidez de su sonrisa.
Sintió magia, más nunca el temor
los jueves a la misa siempre iba
desbordaba su sonrisa mi alegría
y en su camino forjo en mí el amor.