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Visten de árboles sus sombreros

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa

Los techos de las calles

visten de árboles sus sombreros,

toman de la nube el blanco cáliz

donde se agrieta el trueno,

se desnuda la rama,

el manillar de la bici olvida el giro,

la pequeña flor su tesoro inmóvil;

sin intención suicida

el amarillo remite

dentro de un sobre

en la entrega en mano

y afuera,

la música del acordeón

que se estira y encoje,

como la esponja que no tuvo Dios

para aliviar la pena.


Un pecado que se frota a fondo

y desaparece

no es menos pecado

que el carbón que tizna

las espaldas del clérigo.


Los techos de la estancia

de un hogar cualquiera,

en el que el fuego no arde

son nostalgias de la noche

y obsesión por las estrellas.


Es todo cuanto ahora digo,

la actuación se acaba,

aplausos encadenados vienen

silencio luego.
 
Los techos de las calles

visten de árboles sus sombreros,

toman de la nube el blanco cáliz

donde se agrieta el trueno,

se desnuda la rama,

el manillar de la bici olvida el giro,

la pequeña flor su tesoro inmóvil;

sin intención suicida

el amarillo remite

dentro de un sobre

en la entrega en mano

y afuera,

la música del acordeón

que se estira y encoje,

como la esponja que no tuvo Dios

para aliviar la pena.


Un pecado que se frota a fondo

y desaparece

no es menos pecado

que el carbón que tizna

las espaldas del clérigo.


Los techos de la estancia

de un hogar cualquiera,

en el que el fuego no arde

son nostalgias de la noche

y obsesión por las estrellas.


Es todo cuanto ahora digo,

la actuación se acaba,

aplausos encadenados vienen

silencio luego.

Un poema fresco y evocador, que transmite calles serenas y hogares ventilados... una estupenda y amena lectura, felicidades por tu arte amigo Chema, Saludos :).
 
Los techos de las calles

visten de árboles sus sombreros,

toman de la nube el blanco cáliz

donde se agrieta el trueno,

se desnuda la rama,

el manillar de la bici olvida el giro,

la pequeña flor su tesoro inmóvil;

sin intención suicida

el amarillo remite

dentro de un sobre

en la entrega en mano

y afuera,

la música del acordeón

que se estira y encoje,

como la esponja que no tuvo Dios

para aliviar la pena.


Un pecado que se frota a fondo

y desaparece

no es menos pecado

que el carbón que tizna

las espaldas del clérigo.


Los techos de la estancia

de un hogar cualquiera,

en el que el fuego no arde

son nostalgias de la noche

y obsesión por las estrellas.


Es todo cuanto ahora digo,

la actuación se acaba,

aplausos encadenados vienen

silencio luego.
Serenidad en ese caminar que se incendia de sensacion enardecidas. llegar desde la
vida al reposo entre esos escalores casi sagrados donde se desnudan los espacios.
bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 

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