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Voraz otoño

Pessoa

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VORAZ OTOÑO

Goliardos-e1353445815315.jpg

Los ojos de este otoño

son bocas que devoran la belleza.

Succionan desde sus pupilas ardientes

los dorados, los ocres y mis versos.

Me han dejado desnudo

capitalmente desnudo

ante el mar que me contempla.


Los ojos de este otoño

con su forma de hojas muertas

miran sin ver ni las formas ni sus ecos

miran desde sus nervaturas resecas

y ven tan solo osamentas.


Viajo hasta el fondo de la plaza

que guarda todos los silencios

-mis silencios-

que trato de organizar como si fuesen

las páginas de un libro antiguo.


Me recreo durante las horas fláccidas

contemplando sus iluminaciones

que guardan los recuerdos del oro

y los gloriosos azules que me regalase

Fran Angélico

y me reúno con goliardos y trovadores

y las gráciles danzarinas gaditanas.


Es la gran fiesta funeral de los héroes redivivos.

Desde la torre albarrana,

desde esa su soledad majestuosa

me llegan músicas que conozco,

músicas queridas, de otros tiempos.

Se turban mis oquedades,

habitadas por pájaros desconocidos,

ante los romeros nuevos.


Zarpa la pequeña barca que debe cruzar el abismo

y reintegrarme entre los míos,

mis queridos, sagrados muertos.

Canta el cisne pero Lohengrin no llega

Tú eres ahora mi única puerta para entrar al Paraíso.


Grávida de nubes la tarde me entrega

sus últimos carmesíes.

Después, todo será más silencio.
 
VORAZ OTOÑO

Goliardos-e1353445815315.jpg

Los ojos de este otoño

son bocas que devoran la belleza.

Succionan desde sus pupilas ardientes

los dorados, los ocres y mis versos.

Me han dejado desnudo

capitalmente desnudo

ante el mar que me contempla.


Los ojos de este otoño

con su forma de hojas muertas

miran sin ver ni las formas ni sus ecos

miran desde sus nervaturas resecas

y ven tan solo osamentas.


Viajo hasta el fondo de la plaza

que guarda todos los silencios

-mis silencios-

que trato de organizar como si fuesen

las páginas de un libro antiguo.


Me recreo durante las horas fláccidas

contemplando sus iluminaciones

que guardan los recuerdos del oro

y los gloriosos azules que me regalase

Fran Angélico

y me reúno con goliardos y trovadores

y las gráciles danzarinas gaditanas.


Es la gran fiesta funeral de los héroes redivivos.

Desde la torre albarrana,

desde esa su soledad majestuosa

me llegan músicas que conozco,

músicas queridas, de otros tiempos.

Se turban mis oquedades,

habitadas por pájaros desconocidos,

ante los romeros nuevos.


Zarpa la pequeña barca que debe cruzar el abismo

y reintegrarme entre los míos,

mis queridos, sagrados muertos.

Canta el cisne pero Lohengrin no llega

Tú eres ahora mi única puerta para entrar al Paraíso.


Grávida de nubes la tarde me entrega

sus últimos carmesíes.

Después, todo será más silencio.
El otoño, el atardecer, esos carmesies y esos ocres, esa música de otros tiempos y esa barca que zarpa hacia el abismo, todo nos acerca hacia un final o un principio de cualquier manera más silencioso. Gracias por este poema y por tantos otros, saludos afectuosos y cordiales.
 
Bellísimas imágenes de ese otoño que se desgrana en colores
y hojas secas, con su toque romántico, Lohengrin ausente y
el silencio que lo abarca todo. Me encantó tu poema Pessoa,
un disfrute en mi tarde de estar aquí. Besitos apretados en
tus mejillas.
 
VORAZ OTOÑO

Goliardos-e1353445815315.jpg

Los ojos de este otoño

son bocas que devoran la belleza.

Succionan desde sus pupilas ardientes

los dorados, los ocres y mis versos.

Me han dejado desnudo

capitalmente desnudo

ante el mar que me contempla.


Los ojos de este otoño

con su forma de hojas muertas

miran sin ver ni las formas ni sus ecos

miran desde sus nervaturas resecas

y ven tan solo osamentas.


Viajo hasta el fondo de la plaza

que guarda todos los silencios

-mis silencios-

que trato de organizar como si fuesen

las páginas de un libro antiguo.


Me recreo durante las horas fláccidas

contemplando sus iluminaciones

que guardan los recuerdos del oro

y los gloriosos azules que me regalase

Fran Angélico

y me reúno con goliardos y trovadores

y las gráciles danzarinas gaditanas.


Es la gran fiesta funeral de los héroes redivivos.

Desde la torre albarrana,

desde esa su soledad majestuosa

me llegan músicas que conozco,

músicas queridas, de otros tiempos.

Se turban mis oquedades,

habitadas por pájaros desconocidos,

ante los romeros nuevos.


Zarpa la pequeña barca que debe cruzar el abismo

y reintegrarme entre los míos,

mis queridos, sagrados muertos.

Canta el cisne pero Lohengrin no llega

Tú eres ahora mi única puerta para entrar al Paraíso.


Grávida de nubes la tarde me entrega

sus últimos carmesíes.

Después, todo será más silencio.

Distintos elementos dispuestos y predeterminados para llegar al silencio.
entregarse a el y comprende que el margen de la barca distribuye el
tiempo para ese otoño de pasados devoradores que recrean musica
y formas donde el espaci como visionado se comprende en otoño.
bellissimo, saludos amables de luzyabsenta
 
VORAZ OTOÑO

Goliardos-e1353445815315.jpg

Los ojos de este otoño

son bocas que devoran la belleza.

Succionan desde sus pupilas ardientes

los dorados, los ocres y mis versos.

Me han dejado desnudo

capitalmente desnudo

ante el mar que me contempla.


Los ojos de este otoño

con su forma de hojas muertas

miran sin ver ni las formas ni sus ecos

miran desde sus nervaturas resecas

y ven tan solo osamentas.


Viajo hasta el fondo de la plaza

que guarda todos los silencios

-mis silencios-

que trato de organizar como si fuesen

las páginas de un libro antiguo.


Me recreo durante las horas fláccidas

contemplando sus iluminaciones

que guardan los recuerdos del oro

y los gloriosos azules que me regalase

Fran Angélico

y me reúno con goliardos y trovadores

y las gráciles danzarinas gaditanas.


Es la gran fiesta funeral de los héroes redivivos.

Desde la torre albarrana,

desde esa su soledad majestuosa

me llegan músicas que conozco,

músicas queridas, de otros tiempos.

Se turban mis oquedades,

habitadas por pájaros desconocidos,

ante los romeros nuevos.


Zarpa la pequeña barca que debe cruzar el abismo

y reintegrarme entre los míos,

mis queridos, sagrados muertos.

Canta el cisne pero Lohengrin no llega

Tú eres ahora mi única puerta para entrar al Paraíso.


Grávida de nubes la tarde me entrega

sus últimos carmesíes.

Después, todo será más silencio.

Bellísimo poema como ese cruzar por el otoño hacia esa transcendencia de las cosas opacas, hacia esa integración en lo sublime del repeso.. una excelente lectura querido amigo Miguel, magistral tu arte siempre. Un abrazo, que tengas un buen domingo y una estupenda semana!
 

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