Vevero
Poeta reconocida en el portal
A veces sigo tus pasos en abisales molinos,
cautelosa traficante de tanto sueño perdido,
extraviada en la intemperie
de tu solo mortecino;
ignorante y descarriada de tu garganta quebrada,
deambulo milimétrica por cada una de las palabras.
Te persigo en círculos de niebla
que dislocan la mirada hasta volverse horizonte;
tu travesía de suspiro encuentra esta voz
cuajada en un cuerpo turbio de sombras
y de silencio.
La frialdad del rellano te nombra y te incendia
a cada paso.
En una hoguera de danzas
flamea, aletargado el velo,
que protege mi piel perenne
del turbulento celo.
Y resisto
la acechanza del último consuelo,
impartiendo el baile como único sacramento.
Un pie que guía el misterio,
el otro anima el secreto;
las manos como clepsidras
tienen su propio argumento
y los círculos de niebla van desapareciendo.
Tu boca es tu canto, ascendencia de la noche
que me encuentra nombrándote los labios.
Sabes de ritmo y de mandrágoras,
de gargantas que extienden su sangre satinada
en la unívoca nota que consuela su abandono
desterrando las miradas.
Eres una tersa invocación de anda al sur
de una nostalgia, bailarina en torno a mis oídos
como una presencia descalza
que se parece a un suspiro.
Vevero - Pedro Olvera
cautelosa traficante de tanto sueño perdido,
extraviada en la intemperie
de tu solo mortecino;
ignorante y descarriada de tu garganta quebrada,
deambulo milimétrica por cada una de las palabras.
Te persigo en círculos de niebla
que dislocan la mirada hasta volverse horizonte;
tu travesía de suspiro encuentra esta voz
cuajada en un cuerpo turbio de sombras
y de silencio.
La frialdad del rellano te nombra y te incendia
a cada paso.
En una hoguera de danzas
flamea, aletargado el velo,
que protege mi piel perenne
del turbulento celo.
Y resisto
la acechanza del último consuelo,
impartiendo el baile como único sacramento.
Un pie que guía el misterio,
el otro anima el secreto;
las manos como clepsidras
tienen su propio argumento
y los círculos de niebla van desapareciendo.
Tu boca es tu canto, ascendencia de la noche
que me encuentra nombrándote los labios.
Sabes de ritmo y de mandrágoras,
de gargantas que extienden su sangre satinada
en la unívoca nota que consuela su abandono
desterrando las miradas.
Eres una tersa invocación de anda al sur
de una nostalgia, bailarina en torno a mis oídos
como una presencia descalza
que se parece a un suspiro.
Vevero - Pedro Olvera