• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Vuelve a la ciudad que ya no conoces

penabad57

Poeta veterano en el portal
La ciudad deja un eco en mi garganta,
un halo sin vértebras donde no logro izar tu nombre.

Otras raíces de mármol,
las pieles de púrpura en las esquinas
con dibujos apócrifos,
un áspid que ruge bajo el rocío de las calles indómitas,
tan ajeno al silbido de la tribu,
tanta historia sin descubrir en el mismo faro viejo
que iluminó tus ojos de orquídea.

El jardín acaso existe entre los muslos del cristal,
altos edificios como lingotes neutros besan nubes de almidón,
enjambres que no llueven ni una lágrima por ti.

Esta ciudad de las mil máscaras
estrecha su cintura para que los vástagos elijan
entre el bronce de los campanarios
y la sed roja de los decilitros en éxtasis.

Nada nuevo
y, sin embargo, los ropajes expulsan palabras de amistad
y las niñas como tigres azules
muerden el aire con colmillos de lapislázuli.

Es el silencio de los monstruos un alud vacío,
el paseo junto al mar donde ya murió el coral
despide un microscópico fulgor de imágenes perdidas,
las plazas rotan en esferas de tiempo,
son las mismas,
pero ejecutan acrobacias de ángeles
como si la eternidad no existiera.

Recoge los pámpanos de fibra ardiente,
el vino del dulzor, tu acacia inmortal,
las preguntas del viento que se repiten como un gong desquiciado;
y vuelve
porque volver es reescribir los ciclos,
tú eres un árbol,
para descubrirlo olvida tu ausencia
y reconoce en los círculos del tronco
las edades sin cicatriz
que ahora pretendes recuperar en un poema.
 
Última edición:
La ciudad deja un eco en mi garganta,
un halo sin vértebras donde no logro izar tu nombre.

Otras raíces de mármol,
las pieles de púrpura en las esquinas
con cigarrillos de alambre,
un áspid que ruge bajo el rocío de las calles sin bastidor,
tan ajeno el silbido de la tribu,
tanta historia sin descubrir en el mismo faro viejo
que iluminó tus ojos de orquídea.

El jardín acaso existe entre los muslos del cristal,
altos edificios como lingotes neutros besan nubes de almidón,
ejércitos que no llueven ni una lágrima por ti.

Esta ciudad de las mil máscaras
estrecha su cintura para que los vástagos elijan
entre el ruido de los campanarios
y la sed roja de los decilitros en éxtasis.

Nada nuevo
y sin embargo los ropajes expulsan palabras de amigo
y las niñas como tigres de alabastro
comen el aire con bocados de lapislázuli.

Es el circo de los monstruos mi recuerdo,
el paseo junto al mar donde ya murió el granito
deja un microscópico fulgor de imágenes perdidas,
las plazas rotan en esferas de tiempo,
son las mismas,
pero ejecutan acrobacias de ángeles
como si la eternidad no existiera.

Recoge los pámpanos de fibra ardiente,
el vino del dulzor, tu acacia inmortal,
las preguntas del viento que se repiten como un gong desquiciado,
y vuelve
porque volver es reescribir los ciclos,
tú eres un árbol,
para descubrirte olvida tu ausencia
y reconoce en los círculos del tronco
las edades sin huella que ahora pretendes dibujar en un poema.


Un estado de profunda caída se me manifiesta tras la lectura del poema. No parece que haya raíz capaz de sostener el árbol caído.
Hermoso encuentro con tus letras. Felicidades.

Palmira
 
Última edición:
La ciudad deja un eco en mi garganta,
un halo sin vértebras donde no logro izar tu nombre.

Otras raíces de mármol,
las pieles de púrpura en las esquinas
con cigarrillos de alambre,
un áspid que ruge bajo el rocío de las calles indómitas,
tan ajeno al silbido de la tribu,
tanta historia sin descubrir en el mismo faro viejo
que iluminó tus ojos de orquídea.

El jardín acaso existe entre los muslos del cristal,
altos edificios como lingotes neutros besan nubes de almidón,
ejércitos que no llueven ni una lágrima por ti.

Esta ciudad de las mil máscaras
estrecha su cintura para que los vástagos elijan
entre el ruido de los campanarios
y la sed roja de los decilitros en éxtasis.

Nada nuevo
y, sin embargo, los ropajes expulsan palabras de amigo
y las niñas como tigres de alabastro
comen el aire con bocados de lapislázuli.

Es el circo de los monstruos mi recuerdo,
el paseo junto al mar donde ya murió el granito
deja un microscópico fulgor de imágenes perdidas,
las plazas rotan en esferas de tiempo,
son las mismas,
pero ejecutan acrobacias de ángeles
como si la eternidad no existiera.

Recoge los pámpanos de fibra ardiente,
el vino del dulzor, tu acacia inmortal,
las preguntas del viento que se repiten como un gong desquiciado,
y vuelve
porque volver es reescribir los ciclos,
tú eres un árbol,
para descubrirlo olvida tu ausencia
y reconoce en los círculos del tronco
las edades sin huella que ahora pretendes evocar en un poema.
Buenas noches
Estensas y bellas letras me pones al alcance
gracias por ello.
Un saludo
 
La ciudad deja un eco en mi garganta,
un halo sin vértebras donde no logro izar tu nombre.

Otras raíces de mármol,
las pieles de púrpura en las esquinas
con dibujos apócrifos,
un áspid que ruge bajo el rocío de las calles indómitas,
tan ajeno al silbido de la tribu,
tanta historia sin descubrir en el mismo faro viejo
que iluminó tus ojos de orquídea.

El jardín acaso existe entre los muslos del cristal,
altos edificios como lingotes neutros besan nubes de almidón,
enjambres que no llueven ni una lágrima por ti.

Esta ciudad de las mil máscaras
estrecha su cintura para que los vástagos elijan
entre el bronce de los campanarios
y la sed roja de los decilitros en éxtasis.

Nada nuevo
y, sin embargo, los ropajes expulsan palabras de amistad
y las niñas como tigres azules
muerden el aire con colmillos de lapislázuli.

Es el silencio de los monstruos un alud vacío,
el paseo junto al mar donde ya murió el coral
despide un microscópico fulgor de imágenes perdidas,
las plazas rotan en esferas de tiempo,
son las mismas,
pero ejecutan acrobacias de ángeles
como si la eternidad no existiera.

Recoge los pámpanos de fibra ardiente,
el vino del dulzor, tu acacia inmortal,
las preguntas del viento que se repiten como un gong desquiciado;
y vuelve
porque volver es reescribir los ciclos,
tú eres un árbol,
para descubrirlo olvida tu ausencia
y reconoce en los círculos del tronco
las edades sin cicatriz
que ahora pretendes recuperar en un poema.

Prpfunda fragancia en las recaidas observantes de la realidad. buscar asi el instante
para encontrar la desnudes de esas oraciones alineadas que lleven a esa recuperacion
de las formas plenas. bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 
La ciudad deja un eco en mi garganta,
un halo sin vértebras donde no logro izar tu nombre.

Otras raíces de mármol,
las pieles de púrpura en las esquinas
con dibujos apócrifos,
un áspid que ruge bajo el rocío de las calles indómitas,
tan ajeno al silbido de la tribu,
tanta historia sin descubrir en el mismo faro viejo
que iluminó tus ojos de orquídea.

El jardín acaso existe entre los muslos del cristal,
altos edificios como lingotes neutros besan nubes de almidón,
enjambres que no llueven ni una lágrima por ti.

Esta ciudad de las mil máscaras
estrecha su cintura para que los vástagos elijan
entre el bronce de los campanarios
y la sed roja de los decilitros en éxtasis.

Nada nuevo
y, sin embargo, los ropajes expulsan palabras de amistad
y las niñas como tigres azules
muerden el aire con colmillos de lapislázuli.

Es el silencio de los monstruos un alud vacío,
el paseo junto al mar donde ya murió el coral
despide un microscópico fulgor de imágenes perdidas,
las plazas rotan en esferas de tiempo,
son las mismas,
pero ejecutan acrobacias de ángeles
como si la eternidad no existiera.

Recoge los pámpanos de fibra ardiente,
el vino del dulzor, tu acacia inmortal,
las preguntas del viento que se repiten como un gong desquiciado;
y vuelve
porque volver es reescribir los ciclos,
tú eres un árbol,
para descubrirlo olvida tu ausencia
y reconoce en los círculos del tronco
las edades sin cicatriz
que ahora pretendes recuperar en un poema.
La poesía reclama los instantes, le pertenecen. Feliz finde.
 
La ciudad deja un eco en mi garganta,
un halo sin vértebras donde no logro izar tu nombre.

Otras raíces de mármol,
las pieles de púrpura en las esquinas
con dibujos apócrifos,
un áspid que ruge bajo el rocío de las calles indómitas,
tan ajeno al silbido de la tribu,
tanta historia sin descubrir en el mismo faro viejo
que iluminó tus ojos de orquídea.

El jardín acaso existe entre los muslos del cristal,
altos edificios como lingotes neutros besan nubes de almidón,
enjambres que no llueven ni una lágrima por ti.

Esta ciudad de las mil máscaras
estrecha su cintura para que los vástagos elijan
entre el bronce de los campanarios
y la sed roja de los decilitros en éxtasis.

Nada nuevo
y, sin embargo, los ropajes expulsan palabras de amistad
y las niñas como tigres azules
muerden el aire con colmillos de lapislázuli.

Es el silencio de los monstruos un alud vacío,
el paseo junto al mar donde ya murió el coral
despide un microscópico fulgor de imágenes perdidas,
las plazas rotan en esferas de tiempo,
son las mismas,
pero ejecutan acrobacias de ángeles
como si la eternidad no existiera.

Recoge los pámpanos de fibra ardiente,
el vino del dulzor, tu acacia inmortal,
las preguntas del viento que se repiten como un gong desquiciado;
y vuelve
porque volver es reescribir los ciclos,
tú eres un árbol,
para descubrirlo olvida tu ausencia
y reconoce en los círculos del tronco
las edades sin cicatriz
que ahora pretendes recuperar en un poema.

Es maravillosa tu mirada transformadora. Al leerte se siente que todo lo que captura tu visión muta a palabras hermosas y creativas.
Un gran poema.
Un abrazo.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba