coral
Una dama muy querida en esta casa.
Te fuiste un día
¡Te fuiste lejos sin percibir la brisa!
helada brisa, que congelaba mi alma
y un llanto amargo con que rocié mi estancia.
helada brisa, que congelaba mi alma
y un llanto amargo con que rocié mi estancia.
Duras sequías, me dejaron olvidadas ruinas,
quedando apenas en mis tristes celosías,
unas espinas que se clavaron en mis manos;
¡manos sangrantes con que aboné mis campos!
quedando apenas en mis tristes celosías,
unas espinas que se clavaron en mis manos;
¡manos sangrantes con que aboné mis campos!
Con gran esfuerzo, reuní mis polvorientas ruinas...
luché los días hasta caer las noches casi herida
y poco a poco de estas ruinas,
¡renació de nuevo la esperanza!
luché los días hasta caer las noches casi herida
y poco a poco de estas ruinas,
¡renació de nuevo la esperanza!
¡Recuerdos duros, llegaban a mis horas!
convirtiendo en mueca amarga mi sonrisa,
¡nunca creí arrancar de mis manos las espinas!
¡pero dejé de amarte ganándole a la tristeza mía!
convirtiendo en mueca amarga mi sonrisa,
¡nunca creí arrancar de mis manos las espinas!
¡pero dejé de amarte ganándole a la tristeza mía!
Prudencia arenas
Coral
Última edición: