coral
Una dama muy querida en esta casa.
Ya no queda nada del amor
¿Qué más puedo decirte?
¡Que te amé con ese amor dolido!
y que tímido fue tu amor al lado mío,
mientras yo me arrodillaba cual mendiga,
tú eras como el viento en un tornado
arrasando con el trigal de nuestros campos.
y que tímido fue tu amor al lado mío,
mientras yo me arrodillaba cual mendiga,
tú eras como el viento en un tornado
arrasando con el trigal de nuestros campos.
¡No mirabas mi llanto desolado!
¡no escuchabas mi gutural acento!
ni las oscuras noches sin estrellas
¡que maltrataban mi existencia entre quimeras!
¡no escuchabas mi gutural acento!
ni las oscuras noches sin estrellas
¡que maltrataban mi existencia entre quimeras!
¡Hoy que vienes con los pies cansados
de tanto recorrer tu mundo!
sin donde poder parar el tren de tu partida
pues desperdiciaste con mezquinad tu vida.
de tanto recorrer tu mundo!
sin donde poder parar el tren de tu partida
pues desperdiciaste con mezquinad tu vida.
Yo sé que en el fondo de tu pecho
me castigas, pensando tal vez que fue mi culpa;
¡pero no has visto que la vida es justa
y nos da a cada cual lo que en la vida busca!
me castigas, pensando tal vez que fue mi culpa;
¡pero no has visto que la vida es justa
y nos da a cada cual lo que en la vida busca!
Y a pesar de todos tus desdenes,
¡hoy cuanto quisiera...
acariciarte con mis tibias manos!
Sé que estas solo y que no te quiero,
¡Pero también sé que me duele despreciarte!
Prudencia Arenas
Coral
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