Old Soul
Poeta adicto al portal
Hoy estoy triste,
ya no te quiero,
hace mucho te quise,
hace mucho como ayer
o anteayer
o, ya no sé,
el otro día.
Te quise de veras,
como quiere un niño
a una niña.
Bien te quise de veras,
hasta a escondidas
a la luz de las tinieblas
que me envolvían
por la carencia de tus besos
o, no sé bien,
la de mis caricias.
Hoy estoy triste,
me falta lo que te quise
que fue mucho más
de lo que la razón
consideró razonable.
Pero
hoy
ya no te quiero.
Tú nunca serás esa,
ni yo ese.
No, no seré él ni tú ella,
esa, la que amansase
y exaltase
mis noches en vela.
Estoy triste,
y es así mi tristeza,
que a la luz
de una única y maldita estrella
recuerdo el último te quiero
que aquella vez te dijera.
Ese te quiero
que pareció
disparo de fogueo
que en mis sienes estalló
y que todavía resuena.
Hoy estoy triste,
y es que ya no te quiero,
estoy triste,
y ese te quiero me falta.
Mi te quiero…
Y lo añoro,
y me embarga,
y me abrasa,
y me amarga,
dejándome sólo
huecas palabras.
Te dejo con tus noches
y con tus días,
con tus viajes
y con tus sueños.
No quiero saber más
ni de tus labios,
ni de tus senos,
ni de tus manos,
ni de tus besos.
Pero ojalá que tu él,
ese que te haga de compañero,
se vuelva un día poeta
y cubra tus anhelos,
diciéndote al oído
algo parecido
a lo que yo ya no,
ya no te escribo.
O por lo menos que te diga
ese te quiero
que a mí se me gastó,
que se me ha ido,
que se me desgastó,
que se me quedó manido.
Al menos ese,
que te diga ese te quiero,
ese,
que yo ya no digo.
ya no te quiero,
hace mucho te quise,
hace mucho como ayer
o anteayer
o, ya no sé,
el otro día.
Te quise de veras,
como quiere un niño
a una niña.
Bien te quise de veras,
hasta a escondidas
a la luz de las tinieblas
que me envolvían
por la carencia de tus besos
o, no sé bien,
la de mis caricias.
Hoy estoy triste,
me falta lo que te quise
que fue mucho más
de lo que la razón
consideró razonable.
Pero
hoy
ya no te quiero.
Tú nunca serás esa,
ni yo ese.
No, no seré él ni tú ella,
esa, la que amansase
y exaltase
mis noches en vela.
Estoy triste,
y es así mi tristeza,
que a la luz
de una única y maldita estrella
recuerdo el último te quiero
que aquella vez te dijera.
Ese te quiero
que pareció
disparo de fogueo
que en mis sienes estalló
y que todavía resuena.
Hoy estoy triste,
y es que ya no te quiero,
estoy triste,
y ese te quiero me falta.
Mi te quiero…
Y lo añoro,
y me embarga,
y me abrasa,
y me amarga,
dejándome sólo
huecas palabras.
Te dejo con tus noches
y con tus días,
con tus viajes
y con tus sueños.
No quiero saber más
ni de tus labios,
ni de tus senos,
ni de tus manos,
ni de tus besos.
Pero ojalá que tu él,
ese que te haga de compañero,
se vuelva un día poeta
y cubra tus anhelos,
diciéndote al oído
algo parecido
a lo que yo ya no,
ya no te escribo.
O por lo menos que te diga
ese te quiero
que a mí se me gastó,
que se me ha ido,
que se me desgastó,
que se me quedó manido.
Al menos ese,
que te diga ese te quiero,
ese,
que yo ya no digo.
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