Y yo que fui tren en el mar, raíl de tu piel, surco
en la planicie de tu silencio. Y yo que vertí mi aurora
en la sospecha de una sombra que me guiñaba los ojos.
Yo que creí en los círculos blancos que nos unían,
yo que te pensé en los lugares que ya habitabas,
como un presagio o una adivinanza de futuro.
Yo que perseguí el sol de tu nombre en mi boca,
que quise ser el aire que agitara tus cabellos,
que amé la sincronía de los relojes que posaron
su sien en tu voz y en la mía. Yo que viví en la penumbra,
al acecho de los visillos de tu casa, yo el que tiembla
ante el paisaje de tu huida, el que no ignora nunca
la latitud de tus sueños, el árbol que cobija el cuerpo
que ya no eres, la transparencia que aún guarda
la huella de tu paso, el alfil perdido en un tablero
de nieve. Yo el que ahora te niega con mil rosas
en los hombros, y un corazón sin alba.
en la planicie de tu silencio. Y yo que vertí mi aurora
en la sospecha de una sombra que me guiñaba los ojos.
Yo que creí en los círculos blancos que nos unían,
yo que te pensé en los lugares que ya habitabas,
como un presagio o una adivinanza de futuro.
Yo que perseguí el sol de tu nombre en mi boca,
que quise ser el aire que agitara tus cabellos,
que amé la sincronía de los relojes que posaron
su sien en tu voz y en la mía. Yo que viví en la penumbra,
al acecho de los visillos de tu casa, yo el que tiembla
ante el paisaje de tu huida, el que no ignora nunca
la latitud de tus sueños, el árbol que cobija el cuerpo
que ya no eres, la transparencia que aún guarda
la huella de tu paso, el alfil perdido en un tablero
de nieve. Yo el que ahora te niega con mil rosas
en los hombros, y un corazón sin alba.
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