Observo
a esa niña
la de zapatitos rojos
mirándose el rostro
en un espejo de agua.
Aquella
que nunca será
princesa de ningún cuento
la miro
su revés
tiene colores fosforescentes.
Sacudió a la luna
de un brinco
luego tapió
con un martillo
el corazón de los peces.
Jugó con cangrejos
en vez de muñecas
le puso su ropa
a unas cabritas
en las pampas
de Quetalmahue.
Dejé un tiempo de verla...
La dejé en la pausa
en la vibración de una ola.
Volví a encontrarla
después de un tiempo
a la orilla del camino
comiendo murras y calafates
Febrero/ 2024
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