Évano
Libre, sin dioses.
Paseo las mañanas con mi perro Flai
y voy tropezando con hombres
y mujeres que arrastran a sus perros
y no les dejan ni jugar entre ellos
porque ojean sin cesar sus celulares
-palabra que me gusta más que móviles
porque celulares ya viene a decir
que son células ya de tanto imbécil,
parte vital de los cuerpos de hoy-.
Y otra idiota -amante de mi ayer-
viene a darme la bronca porque
no abro el guasap desde hace dos meses.
-¿Y a ti qué coño te importa? -le pregunto
mientras me alejo con mi perro.
“¡Porque te mando guasaps todos los días,
y pongo estados que quiero que veas!”.
-Si puedes verme cada día si quieres
pedazo de idiota –le rumoreo incrédulo.
Y nos damos la vuelta y seguimos
rendidos ante este mundo de hoy
al que Flai continúa meando,
mea todo lo que se interpone a su paso.
-¡Tú sí que sabes, Flai!, ya mismo
me la saco y voy meando contigo.
Gracias por leer.
Y por pensar.