Uqbar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dejo mi huella en el asfalto de este hermoso poema urbano.
Un abrazo, Palmira.
Asfalto es lo que nos sobra mi querido Engel, me gustan más tus montañas
Gracias por tu huella. Abrazos.
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: Es posible que esta función no esté disponible en algunos navegadores.
Dejo mi huella en el asfalto de este hermoso poema urbano.
Un abrazo, Palmira.
Hay un sentimiento de pérdida cuando ves que han demolido la casa donde naciste, el cine donde solías ir, o incluso que ha desaparecido la mercería donde toda tu vida fuiste a comprar los hilos y los botones, en el fondo tú eras parte de todo eso y te da tristeza.
Sobre todo cuando has pasado un tiempo fuera de tu ciudad, al volver y no reconocerla, da sensación de que tus cimientos se han movido.
Me gustó mucho tu poema.
Abrazos.
Cuando te pones a recordar con los amigos antiguos locales, calles, personas, etc.... de hace tanto tiempo, entra una especie de congoja que no es fácil definir, parece que nunca hubieran existido más que en sueños. Lástima de máquina del tiempo para echar un vistazo.
Un placer el paseo por Zurbaran, me ha encantado.
Un abrazo.
Javier
Mi calle era alargada… como un río.
Nació próxima a la fábrica de hierros,
a las afueras de la ciudad.
Mi calle tenía peluquería
de caballeros.
Luis y su novio peinaban, reían y se pintaban el pelo.
Sólo recuerdo haber visto mujeres…
en el local.
Mi calle tenía tienda de ultramarinos
y no había que pagar,
te apuntaban en una libreta, con letra grande
y te daban un papelito para llevar a casa, con el total.
También había tienda de chuches,
era pequeñita, como su dueña Tere, la coja,
y era amable y dulce
como su dueña Tere…
Mi calle también tenía una plaza con un gran pedestal.
allí se subía la loca del barrio
y lloraba a su amado
y nos asustaba…
Mi calle tenía una bodeguilla,
olía a vino y a humo, y a hierro…
como la fábrica a las afueras de la ciudad.
Cerca de mi calle había una basílica muy grande,
con una virgen chiquita
que protegía a todos los de mi ciudad.
Hace poco he vuelto a mi calle,
pero ya no era larga,
ni tenía plaza,
ni peluquería,
ni tienda de chuches,
ni loca de barrio…
Se la había comido,
la gran ciudad.
Un recuerdo comido por en inexorable paso del tiempo. Bello y con vocabulario sencillo. U gusto leerte.
No había visto Esto!?
Tengo que estudiar un poco de
poesía urbana.
Algunas cosas se las come la tecnología
otras vuelven, como los acetatos .
Me encanto .
Saludo
Nos deja huérfanos ese progreso del que algunos presumen, pues se lleva las realidades de nuestros recuerdos. Han arrancado las raíces que echamos para crecer, para hacernos mayores, aquellas que nos enseñaron el respeto, la confianza, la camaradería. ¿Dónde se darán ahora esas clases? ¿Quién subirá el pan y el correo a la anciana del tercero izquierda? Aquel silencio roto por mujeres que cantaban boleros mientras preparaban la comida, se han mudado en sirenas y bocinas que atruenan el espacio. Los juegos en la calle, las niñas en corro (Soy la Reina de los Mares, ustedes lo van a ver...) viven sólo en mi pensamiento y cuando yo falte, también ellas habrán muerto.Mi calle era alargada… como un río.
Nació próxima a la fábrica de hierros,
a las afueras de la ciudad.
Mi calle tenía peluquería
de caballeros.
Luis y su novio peinaban, reían y se pintaban el pelo.
Sólo recuerdo haber visto mujeres…
en el local.
Mi calle tenía tienda de ultramarinos
y no había que pagar,
te apuntaban en una libreta, con letra grande
y te daban un papelito para llevar a casa, con el total.
También había tienda de chuches,
era pequeñita, como su dueña Tere, la coja,
y era amable y dulce
como su dueña Tere…
Mi calle también tenía una plaza con un gran pedestal.
allí se subía la loca del barrio
y lloraba a su amado
y nos asustaba…
Mi calle tenía una bodeguilla,
olía a vino y a humo, y a hierro…
como la fábrica a las afueras de la ciudad.
Cerca de mi calle había una basílica muy grande,
con una virgen chiquita
que protegía a todos los de mi ciudad.
Hace poco he vuelto a mi calle,
pero ya no era larga,
ni tenía plaza,
ni peluquería,
ni tienda de chuches,
ni loca de barrio…
Se la había comido,
la gran ciudad.
Nos deja huérfanos ese progreso del que algunos presumen, pues se lleva las realidades de nuestros recuerdos. Han arrancado las raíces que echamos para crecer, para hacernos mayores, aquellas que nos enseñaron el respeto, la confianza, la camaradería. ¿Dónde se darán ahora esas clases? ¿Quién subirá el pan y el correo a la anciana del tercero izquierda? Aquel silencio roto por mujeres que cantaban boleros mientras preparaban la comida, se han mudado en sirenas y bocinas que atruenan el espacio. Los juegos en la calle, las niñas en corro (Soy la Reina de los Mares, ustedes lo van a ver...) viven sólo en mi pensamiento y cuando yo falte, también ellas habrán muerto.
Tu poema me ha tocado la fibra sensible. Un beso Palmira.
Luis.
Aunque la ciudad se haya comido el pueblo,esencia se palpa.Bello poema.Un cordial saludo, Sandra
Qué hermosa esta intimista descripción de una vieja calle de una ciudad cualquiera. Qué dramática la estrofa final en la que, súbitamente, desaparece la calle. La ciudad, como un cruel Saturno, devora a sus propios hijos, creando otros hijos más perversos que lo suplen en su papel destructor: los especuladores y otras especies en las que predomina la ambición. Pero no toda la calle está destruída. Afortunadamente poetas como tú la guardan celosamente entre sus más bellos recuerdos. Felicidades,Hace poco he vuelto a mi calle,/ pero ya no era larga,
Qué hermosa esta intimista descripción de una vieja calle de una ciudad cualquiera. Qué dramática la estrofa final en la que, súbitamente, desaparece la calle. La ciudad, como un cruel Saturno, devora a sus propios hijos, creando otros hijos más perversos que lo suplen en su papel destructor: los especuladores y otras especies en las que predomina la ambición. Pero no toda la calle está destruida. Afortunadamente poetas como tú la guardan celosamente entre sus más bellos recuerdos. Felicidades,
miguel
P.S. ¿De dónde el nombre de Zurbarán, mi excelente pintor paisano?
Mi calle era alargada… como un río.
Nació próxima a la fábrica de hierros,
a las afueras de la ciudad.
Mi calle tenía peluquería
de caballeros.
Luis y su novio peinaban, reían y se pintaban el pelo.
Sólo recuerdo haber visto mujeres…
en el local.
Mi calle tenía tienda de ultramarinos
y no había que pagar,
te apuntaban en una libreta, con letra grande
y te daban un papelito para llevar a casa, con el total.
También había tienda de chuches,
era pequeñita, como su dueña Tere, la coja,
y era amable y dulce
como su dueña Tere…
Mi calle también tenía una plaza con un gran pedestal.
allí se subía la loca del barrio
y lloraba a su amado
y nos asustaba…
Mi calle tenía una bodeguilla,
olía a vino y a humo, y a hierro…
como la fábrica a las afueras de la ciudad.
Cerca de mi calle había una basílica muy grande,
con una virgen chiquita
que protegía a todos los de mi ciudad.
Hace poco he vuelto a mi calle,
pero ya no era larga,
ni tenía plaza,
ni peluquería,
ni tienda de chuches,
ni loca de barrio…
Se la había comido,
la gran ciudad.
Bellísimo poema donde inevitablemente la evolución trae como consecuencia estos cambios que hacen posible nuevos descubrimientos, mientras otras cosas desaparecen, me ha encantado rotundamente, un gran abrazo Uqbar.
En mi ciudad natal desaparecieron los adoquines de Barros Arana, el sonido las herraduras y los cascos de caballo; y la estación de ferrocarriles, con columnas de humo y penetrante olor a carbón, ahora es un museo. "La modernidad". Saludos cordiales, Uqbar.Mi calle era alargada… como un río.
Nació próxima a la fábrica de hierros,
a las afueras de la ciudad.
Mi calle tenía peluquería
de caballeros.
Luis y su novio peinaban, reían y se pintaban el pelo.
Sólo recuerdo haber visto mujeres…
en el local.
Mi calle tenía tienda de ultramarinos
y no había que pagar,
te apuntaban en una libreta, con letra grande
y te daban un papelito para llevar a casa, con el total.
También había tienda de chuches,
era pequeñita, como su dueña Tere, la coja,
y era amable y dulce
como su dueña Tere…
Mi calle también tenía una plaza con un gran pedestal.
allí se subía la loca del barrio
y lloraba a su amado
y nos asustaba…
Mi calle tenía una bodeguilla,
olía a vino y a humo, y a hierro…
como la fábrica a las afueras de la ciudad.
Cerca de mi calle había una basílica muy grande,
con una virgen chiquita
que protegía a todos los de mi ciudad.
Hace poco he vuelto a mi calle,
pero ya no era larga,
ni tenía plaza,
ni peluquería,
ni tienda de chuches,
ni loca de barrio…
Se la había comido,
la gran ciudad.
En mi ciudad natal desaparecieron los adoquines de Barros Arana, el sonido las herraduras y los cascos de caballo; y la estación de ferrocarriles, con columnas de humo y penetrante olor a carbón, ahora es un museo. "La modernidad". Saludos cordiales, Uqbar.
Después de tu comentario, también lo hice. Muchas gracias, Palmira.No he podido resistir buscar los adoquines de Barros Arana y me ha resultado muy interesante. Al principio pensaba que lo de barros se refería al material con el que estaban hechos los adoquines pero gracias a la wiki me he puesto al día de la estación que mencionas, el río Toltén que significa ruido en mapudungun, la historia del personaje etc. Muchísimas por tu aportación Sergio, y si... "La modernidad"
Un abrazo,
Palmira
Mi calle era alargada… como un río.
Nació próxima a la fábrica de hierros,
a las afueras de la ciudad.
Mi calle tenía peluquería
de caballeros.
Luis y su novio peinaban, reían y se pintaban el pelo.
Sólo recuerdo haber visto mujeres…
en el local.
Mi calle tenía tienda de ultramarinos
y no había que pagar,
te apuntaban en una libreta, con letra grande
y te daban un papelito para llevar a casa, con el total.
También había tienda de chuches,
era pequeñita, como su dueña Tere, la coja,
y era amable y dulce
como su dueña Tere…
Mi calle también tenía una plaza con un gran pedestal.
allí se subía la loca del barrio
y lloraba a su amado
y nos asustaba…
Mi calle tenía una bodeguilla,
olía a vino y a humo, y a hierro…
como la fábrica a las afueras de la ciudad.
Cerca de mi calle había una basílica muy grande,
con una virgen chiquita
que protegía a todos los de mi ciudad.
Hace poco he vuelto a mi calle,
pero ya no era larga,
ni tenía plaza,
ni peluquería,
ni tienda de chuches,
ni loca de barrio…
Se la había comido,
la gran ciudad.
Cuanta nostalgia y lamentable realidad. El tiempo pasa y con el los tiempos. Me gustó mucho conocer aquel lugar, gracias por permitirme el placer.
De vez en cuando regreso a Zurbaran, Palmira,
y alguna vez he visto a la niña que compartía sonrisas
y el pan con chocolate
Un abrazo
Excelente imagen la que has creado, me has hecho verla y saborearla!!
Un abrazoooooo![]()
MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.
✦ Hazte MecenasSin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español