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Era un altar de madera que dormía
y dormían en su sueño misas pasadas
y un cáliz con sangre marchitada
y dos velas chamuscadas de llorar su existencia
sobre su muerte lenta, lentamente.
Y una flor arrugada, caída de una ofrenda
y en ella el cadáver de un perfume desteñido
y me acerqué y mentí la devoción hincado
y lo abracé y tomé la flor
y adiviné el perfume
y me crucifiqué en su cruz
y fui yo y también un clavo
y lavé el cáliz y siguió llorando
y me bajé de la cruz
y no guardé los clavos
y salé a savia de la madera donde fui crucificado
y el cáliz siguió sangrando y las velas se apagaron.
Y la persigné con tres besos
y vi lágrimas y sangre
en la tierra de las raíces de una lanza
y dije amén llorando
y no sé qué hubo en ella después de mí.
Y estoy llorando y escribiendo su residuo.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Porque tú eres la otra orilla de mi silencio
Porque mi silencio es una manera de tu voz
porque ya ha sido. Busco el sueño de tu rostro
compañera, ahora que la noche arrecia sin barandas.
Busco tu mano sin vez
La paloma rescatada de tu risa
y tu cara, tal vez,
aunque no sea, y sea más allá de mi distancia
Hoy te quiero amiga,
amiga
Hoy te quiero y muerdo tu mirada sin principio
como el fervor de luna del galeote
que sobrevive más allá de la fatiga.
Te busco y te encuentro
porque eres más yo mismo
y vuelvo de mi pozo sin preguntas
con un poco de tus cosas casi sólo sueño,
y me basta tu sola vez, tu sola vez
la antorcha que arredra mi abandono
como el acoso feroz
de la marea solitaria
Izo tu mano
despavorido de sol
enarbolo tu cara sin recuerdo
y no importa no haber ido a buscarte
mi costado te anticipa
como una profecía acatada antes del día.
Ya leva anclas la vigilia derrotada
Echa amarras la mañana conquistada
y atestigua mi alma,
tal vez en algún sitio
tu verdad que se parece al sueño
aunque no hayas sido recogida
Tu voz inaugurada es un heraldo de olvido
mi silencio se suicida
y pregona tu nombre sin espalda
Es cierto nada titula la palabra
Pero sin haber perdido
recupero de otra nada
tu cara ausente.
Ya no más tu olvido sin recuerdo,
ya no más mi distancia
sino tu lejanía
y en el pan sin oficio que era espera
ya tu rito
tu costado cotidiano presentido,
compañera, amiga,
cómo te quiero amiga
esta noche.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Te pintaré los ojos cuando tú mueras,
te besaré la boca fría y seca
apretaré tus manos duras, de madera
y enjuagaré los dedos en tu pelo de cera
tenderé un silencio sobre tu piel de cala
morderé con mis manos, las tuyas pálidas
y apagaré la noche con alguna lámpara
para ver tus ojos como los pintabas.
Te pintaré los ojos, no lloraré, lo sabes
pero si acaso alguna gota sobre tu muerte cae
¿Qué más dará llorar tristezas que no sabes,
si habrás muerto sola
sin mi verdad que ignoras?


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Si tuviera
podríamos cambiar de religión
meternos en un barril lleno de aceite
aprender el lenguaje de las flores
saber cómo se llora en marte.
No sé cómo se fundan
las cosas importantes como ésa.
Y hay tantas otras cosas más
que ignoro
No sé cómo se evita emborracharse
cómo sueñan el amor los sacerdotes
por qué se suicidan
los insectos.
(Ahora me doy cuenta
de que la naturaleza no estaba
preparada para los
inexpugnables faroles)
No tengo religión
pero quisiera cambiar de algo
de verdad podríamos hacerlo
¿Quién inventa las cosas importantes
Quién anda instituyendo los profetas
Quién decidió las alas del gusano?
¿y el instinto de beso en los sonidos?
No es que quiera
cambiarme las desconocidas raíces
Es que contigo podría hacer un viaje
por el polen, arrojarme a un cielo
subalterno por la boca de un sapo
enamorado. Remontarme por el aire
con mis párpados por únicas alas.
Derrotar todos los dogmas de la
arquitectura universal.
Podríamos invitar a un ateo
imaginario a fusilarnos con burbujas
de sonido hasta dejarnos huecos
como una llama.
O hacer un viaje por el rezo. Para
eso sería necesario que nos escondiéramos
en un molino apretando los dientes
para no gritar cuando la piedra nos
enreda con la harina. Nuestras
manos juntas serán el mismo grano
después tal vez nos harían pan
lingote cereal, ladrillo, altar
del hambre y con forma de
luna un poco amapolada
en alguna suburbana iglesia
nos repartirían. Tal vez nos
tocará esa vieja, la que reza
casi con afán. Descenderemos
por su esófago (sabremos
casi algo de los hormigueros)
y veremos el corazón de la fe
el pabilo que sostiene historias
el pedestal de tantas guerras.
Después, un poco como los feligreses
saldremos del recinto sagrado
y nos dirigiremos a los andenes
suburbiales empujados por
la corriente de la derrota.
Allí habrá un túnel mucho
más oscuro.
La salida será lo más difícil.
Creo que prefiero no cambiar de
religión, quedarme con mis palomas
y mis trasnoches de páginas.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Era un altar de madera que dormía
y dormían en su sueño misas pasadas
y un cáliz con sangre marchitada
y dos velas chamuscadas de llorar su existencia
sobre su muerte lenta, lentamente.
Y una flor arrugada, caída de una ofrenda
y en ella el cadáver de un perfume desteñido
y me acerqué y mentí la devoción hincado
y lo abracé y tomé la flor
y adiviné el perfume
y me crucifiqué en su cruz
y fui yo y también un clavo
y lavé el cáliz y siguió llorando
y me bajé de la cruz
y no guardé los clavos
y salé a savia de la madera donde fui crucificado
y el cáliz siguió sangrando y las velas se apagaron.
Y la persigné con tres besos
y vi lágrimas y sangre
en la tierra de las raíces de una lanza
y dije amén llorando
y no sé qué hubo en ella después de mí.
Y estoy llorando y escribiendo su residuo.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Porque tú eres la otra orilla de mi silencio
Porque mi silencio es una manera de tu voz
porque ya ha sido. Busco el sueño de tu rostro
compañera, ahora que la noche arrecia sin barandas.
Busco tu mano sin vez
La paloma rescatada de tu risa
y tu cara, tal vez,
aunque no sea, y sea más allá de mi distancia
Hoy te quiero amiga,
amiga
Hoy te quiero y muerdo tu mirada sin principio
como el fervor de luna del galeote
que sobrevive más allá de la fatiga.
Te busco y te encuentro
porque eres más yo mismo
y vuelvo de mi pozo sin preguntas
con un poco de tus cosas casi sólo sueño,
y me basta tu sola vez, tu sola vez
la antorcha que arredra mi abandono
como el acoso feroz
de la marea solitaria
Izo tu mano
despavorido de sol
enarbolo tu cara sin recuerdo
y no importa no haber ido a buscarte
mi costado te anticipa
como una profecía acatada antes del día.
Ya leva anclas la vigilia derrotada
Echa amarras la mañana conquistada
y atestigua mi alma,
tal vez en algún sitio
tu verdad que se parece al sueño
aunque no hayas sido recogida
Tu voz inaugurada es un heraldo de olvido
mi silencio se suicida
y pregona tu nombre sin espalda
Es cierto nada titula la palabra
Pero sin haber perdido
recupero de otra nada
tu cara ausente.
Ya no más tu olvido sin recuerdo,
ya no más mi distancia
sino tu lejanía
y en el pan sin oficio que era espera
ya tu rito
tu costado cotidiano presentido,
compañera, amiga,
cómo te quiero amiga
esta noche.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Te pintaré los ojos cuando tú mueras,
te besaré la boca fría y seca
apretaré tus manos duras, de madera
y enjuagaré los dedos en tu pelo de cera
tenderé un silencio sobre tu piel de cala
morderé con mis manos, las tuyas pálidas
y apagaré la noche con alguna lámpara
para ver tus ojos como los pintabas.
Te pintaré los ojos, no lloraré, lo sabes
pero si acaso alguna gota sobre tu muerte cae
¿Qué más dará llorar tristezas que no sabes,
si habrás muerto sola
sin mi verdad que ignoras?


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
1.
Tú no sabes cómo sólo tengo la luz


2.
Lloré que todo lo veía con hache.


3.
Tu boca late
y despunto sangre
que quedó enredada con la mía
como nuestras ramas
(podrían estar guardadas
bajo la lápida del lacre).
Tu boca es mía, es de mi boca,
como de mi sangre tu sangre,
los dedos de nuestras bocas se embastonan
en los leños del beso
como dos llamas del fuego


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Mis olas acumulan en tus golfos
Los peces muertos de mi amor vivo
Y las rocas de las playas y la playa
Están quebradas de musgo y sal quedada
Y los peces de mi amor llegan marcados en las olas intermitentes
Y puedes confundirme con el cielo
Y puedo verte en la arena de mi alma
Donde los peces de mi amor crecen
Para el día de amarte
Y en un momento la luna
La luna del amor
Y las playas arrasadas en el momento de la luna del amor
Y los musgos destrozados
Y la arena de mi alma
Transpira por los labios de mis olas
Y no recobraré la arena de mi alma
Y no recuperarás la arena de tus playas
Y la mano rota de un barco
Desesperada
Con las astillas de sus manos mordiendo la costa allá lejos
En ese momento de la luna del amor
En ese momento apretado del amor que bosteza
Cuando la luna cae como un grito en el agua
Y rompe las olas de mi amor
Y mi amor queda quebrado en la espuma
En la espuma de las esquirlas de mi amor
Has llegado tú
Tú de mi amor
Tras la luna de mi amor como un ciclón
Y eres el país extraño donde puedo levantarme tras el viento
Y eres la imagen pura de Dios
Que se pierde en un instante
Cuando vuelvo a caer en los escombros de las olas
En la playa hecha trizas
Y los peces ya muertos de mi amor
Y el musgo.
JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Tu presencia se esparce en mis ámbitos
Como la arena en el viento de cada noción de tu piel
De cada palabra
Y un himno de sol quiebra el silencio de las nubes
En mi alma
Mientras el eco del antiguo vacío
Se alza como un arco iris
Que se disipa
Hasta que todo es tú
Y estás en todo
O te quedas en mis ventanas
Y la mañana se contagia de los vidrios.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Quiero atizar los escombros
De tu ciudad derruida
Para que ardan de nuevo
Las quietas llamaradas de tus torres
Y tus inválidos muros cicatricen
Y puedas esgrimir el abrazo de tus bordes
Para que lague en tus valles
Y se desparrame por tus lugares
El eco de mi realidad
Mientras en mi visita perpetua
Ponga mi mano en tus parches
Para amordazar los latidos de los ecos de voces viejas
En tus tambores.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT​
En el silencio transparente tus imágenes brotan desde la arena
Como las burbujas de los peces
Y flamean como una llama indecisa de su forma
Yo ni siquiera intento atraparlas
Me arde en el alma ya cuarteada la arena que segrega
El silencio estático me encandada
El líquido cristal de sus paredes imprime voces sospechadas
Yo podría rogarte pero el silencio ha llegado como la noche a tus manos
No sé cuántas imágenes olearon la blandez de su humo
A veces lentamente corrijo una sonrisa
Amontono una lágrima
O cierro la puerta de un dedo sobre tu palabra contenida
Entonces
Como humea del fuego de la herida una polvareda de sangre bajo el agua
Se resbala desde un rincón
Hacia donde la sangre murmura
La ascención de un escalofrío
O un frío
O mi soledad que se revuelve para impedirme olvidarla
Yo sigo flotando en mi silencio
Dudando de la verdad de las imágenes
Con los errores que mis lágrimas imprimen a tus gestos
Con la ignorancia de los últimos
Y la duda del que vino conmigo.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Ahora que hemos sido ya nosotros seamos cada uno
Aunque las manos sangren y el silencio aturda
Aunque me llames y te llame no responda ni respondas
Aunque nos amemos siempre tengámonos ya nuncaAunque el corazón se atragante como un puño apretado
Aunque no cicatrice el rastro del recuerdo y siga ecando
Y aunque desde esas huellas en un sendero caminado que no caminaremos
Nos prolonguemos hasta el instante como si nos deshilacháramosLibera mis pasos desenjaularé los tuyos
Nuestro abrazo desgarrado no estará destejido
Y en él nos seguiremos abrazando ya lejanos
Mas el desabrigo será desiertamente fríoAunque te extirpen de mí te quedarás conmigo
Aunque me amputen de ti perduraré en tu fondo
Y aunque quedemos en las almas como el humo de los barcos
Será triste tristísima nuestra realidad de solos.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT

Abro ritualmente los párpados de un templo habitual
La mañana ha abolido el silencio como una llave
Mi alma es un cráneo
Acércate a ella
Puedes encender la fogata de tus manos
Tiene ecos arrinconados como horas antiguas
Tú puedes desengrillarlos como ablandarías las imágenes en el agua
Así Así Quédate ahora
Gotea poco a poco las palabras
¿Ves? Las mariposas amordazadas se liberan
Mi alma no es un cráneo ya
Tú la has convertido en una menteCierro el templo con un gesto nuevo
Mirando por última vez la noche
No extrañaré sus estrellas
Cierro las puertas con la mañana adentro
Ahora quiero besarteYa el templo es un puño eterno
Tiene un candado de sol que encadena la noche
Ya la luna no sabrá de nosotros
Lacraré mis manos con las tuyas
Me he traído al templo una lágrima para recordar tu antes
Acércate
Muchas gracias por la mañana de mi alma
La noche está arrinconada en el silencio
Conserva muchos ojos pero le faltan estrellas
Ahora revisemos las velas limpiemos las imágenes
Resucitemos el púlpito
Y ocupemos los bancos uno a uno
Ya pasará el temor
Besaré el ara
Inaugurarás el cáliz
Y la misa será.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Voy navegando el río de tu cuerpo y mi boca rema
Donde una brisa canta su túnica de sombras
He desenrollado el vértigo de dos remansos
Deletreé los ladrillos laterales de los aljibes
Mientras los peces atónitos
Se enrollaban en la columna de mi pecera como una hiedra
Ésa es mi primera paz
Tus ojos
Transcurrí tus brazos como arroyos mansos
Luego pedregosos y turbulentos
Ésas son mis primeras olas
Tus manos
Resolví los peces intrincados con las anclas
Y tu imagen se derritió entre las olas
Como las cosas tras el humo caliente
Hasta que bajaron tus ojos
A revolotear sus vértigos y enloquecerse
Y tu amor rodó como un pájaro herido
Como mis besos heridos que ya no remaban
Que parpadeaban sus últimas alas moribundos
Y el agua se desangraba en racimos de mariposas
Y quedó el mar paladeando
Y cabeceando contra los muros
Con la primera quietud del árbol caído sumergida
Y las frutas mejores hundidas con los peces
Ése es mi amor
Nosotros
Mi nueva paz como tus ojos rescatados
Como el río alisado tras las piedras.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Estás en mis ganas de llamarte
Como un gesto de grito en la voz
Y te llamo
Y vengo contigo desde las horas tendidas que yacen duras
Vengo con las cosas que quiero en sus veces que ya fueron
Y te llamo
Y estoy triste y solo
Y contento porque sé que vendrías
Y estás conmigo ayer
Y hoy desde ayer
Y dudo de ti seguro de creerte
Tan sólo porque quiero renovar tu comienzo
Y vuelvo a llamarte
Y pienso que vienes
Y que quizá me llamas y que piensas que voy
Y que me escribes un verso triste
Y más que triste tuyo
Con toda la tristeza que no existe
Con la misma tristeza con que estoy alegre
De que sea hoy de mañana
Y de que las últimas palabras que guardaste
Fueron mías.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT​
El silencio se enturbia con mi voz empañada y polvorienta
Como un río donde tú has cruzado
Tu perfume susurra como un humo suave y lento
Yo te recorro lentamente como un pez que se adosa a los muros de su pecera
Y transcurro olas
Y desenredo espumas después del pequeño remanso de tu vientre
Como un cerrojo del hijo
Y no me importa un cielo aturdido de nubes
Y voy olvidando el silencio
Como un frío que muere en la dentadura de las llamas
Porque mis botes descifran las olas
Como cuando mis manos despiertan tus formas
Porque más que todo
Me apoyo como el cielo en nuestro amor de horizonte
Y corrí por las montañas como el viento
Y quedé sobre el abismo colgado de los árboles del bosque
Y ahora con los escombros de los gajos quebrados
Mis nubes se deshojan sobre ti
Como un pájaro de fuego que será reemplazado
Porque sus alas que nos empujaron
Se están quemando en tus altares.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Arde como una vertiente
En mi charco desteñido de polvo
Para mi alma turbia tu imagen
Que es como un farol en la nieblaYo apoyo mis besos
Como góndolas en ti
Y tú te enturbias como tiritando
Cuando yo apoyo mis besos como palomas en tus iglesiasMuchas veces me quedo dormido como un frasco
De donde escapa el fantasma del perfume por el hábito
Hasta que lo olvidemos
Y podamos volver a comprobarlo
Y despierto sorprendido de tu vientre
Que trama el hijo
Como una rueca frutal
Porque luego él será como las hiedras y trepará hasta tus ojos
Y yo lo aprenderé tras las ventanas
Como la mañana pobre que chorrean las claraboyas
Pero un día escalará por las columnas hasta tus ojos
Y podrá verme en tu vientre guardando su tumba como una vela
Porque habrá resucitado de tu vientre al cielo de tus ojos
Y él será la hiedra que crecerá como el humo
Adosado a tus cráteres a tus volcanes
Mientras su sombra se aferra en nuestras almas
Como la humedad cicatriza los muros de los templosA veces me quedo dormido
Y al despertar pienso mientras tú sueñas
Y escucho cantos que se atreven en tus senos
Como las mariposas del panal que sueñas
Y escucho en sus cúpulas cómo el jugo se enrolla
Para nuestro inimposible uno y otro
Para nuestra sola persona
Para nuestra sola carneCuando te miro de cerca eres como de naranja
Como si estuviese acostado
En un cielo nocturno completado
O una playa
No importa que no pueda sumergirme
Hasta el primer tamaño antes de la nada
Me basta con sospecharte de uvas
Y pensar que en cada lugar tienes un árbol de mil manos
Que esperan como flores el rocío de los míos
Me basta con rozar un gong en una uva de tu vientre
E incendiarte de ecos con mi antorcha
Puedes ser íntegramente mía como mil estrellas simultáneas de mis ojos
Con sólo convertirme en un pecho de tu abrazo
Un pez de tu vena
Mango de tu puño
Para la noche en que eres valiente como la guarida de una grieta
Para la noche doble de los túneles
En que deletreo a tientas los misterios de las vainas comprobadas
Las velas son pinceles velocísimos que hacen las cosas
Son puñales de la noche
Pero las velas no pudieron hacerte
Los ojos de mis manos te tuvieron antes de las velas
Porque eres perpetua de mis ojos
Como las lágrimas como los párpados
Ha llegado la primavera y tú me emites de tus grutas
Como el canto del agua próxima
Porque he quedado como el eco del perfume
Y yo corro por el páramo preparado de árboles
Como la playa perfecta que saben las olas
Que se llevan el secreto de los castillos
Como la herida que tienen los puñales
Antes de la herida
Y te despierto para decirte que el invierno ya pasó
Y que en las guitarras de las ramas
Crecen las frutas como un canto
Pero
Tú que eres la tierra tiemblas aún por el arado
Como un corazón
Y yo detengo el agónico ariete de la sangre
Para apaciguar las olas
Que aletean aún contra los muros.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
Tú eres como el único frente del espejo
Ignoro el silencio infinito
Para oponer a una palabra tuya
No sé el grito imposible
Para aplacar tu silencio
Eres como la única manera del abismo
Puedo empezar por tus ojos
Y terminar en tus manos
O comenzar por tu boca
Para arribar a tu vientre
—No eres como el túnel de la música
Que tiene dos entradas—
Si te amara mañana persistirás
Al margen de los días
O mi amor será la sombra
En tu trayecto por las horas
Pueden agregársete las veces
Pero las viejas no se herrumbrarán de polvo
Pueden adherírsete silencios
Pero no han de agriarse tus palabras
Pueden adosársete mil noches
Pero no estarán roncos los violines derretidos
Eres como una calle
De neblina final no resuelta
El frío podrá remedarte
Como la sed imita el sorbo
Pero seguirás siendo tú
Como una hora que corre por el tiempo
Huyendo de su espalda sin abrigo
Que besa la nada del intiempo.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT​
Bosquejaré una enredadera de besos
Que trepen por las columnas de tus piernas
Y lleguen hasta el musgo del techo y se tejan en él
Como el humo se arrastra hasta las nubes
Para unir sus manos
Y allí el instante encontrará su lentitud
Y se demorará la sensación inmutable de tu cercanía
Subsistiendo a los segundos irriendables
Como gases o fantasmas
Y se abultará un grito en mi garganta
Y será tan grande que no me abandonará
Y asfixiaré una palabra que tú también evitarás decir
Y me preguntarás si escucho tu silencio
Y entenderás el mío
Y serás dueña de mi tristeza inevitable
Y estaré contento
Y se empañarán las cosas
Y serán nosotros nuestras lágrimas
Cuando caigan en las bocas juntas
Porque tu sal será mía y estaré en tu sabor
Y hormaré en ti como las cosas contenidas
Y seré un verso amordazado entre tus páginas
Como una campana seca
O la lengua quieta de un campana
Y crecerá el empalago de un sonido presentido
Y te cantaré tu melodía
Y derramarás la mía
Como un revoloteo agonizante de alas de campana
Que irán enloqueciendo hasta despertarse del desmayo
E ignorantes del tiempo
Que la felicidad nos emboscaba
Pensaremos fugazmente
¿Cuánto hace que podíamos amarnos?
Y no sabremos ni siquiera de nuestro principio
Y nuestro amor se estirará desde un incierto cuando
Y nos sabremos unidos
Sin entender la intrincada unión
Y veremos plumas caídas de la locura de los pájaros
Y el agua estará dura y chata en los estanques
Y tendremos frío
De pensar haber estado menos juntos.

JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT
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