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Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
jana73;4029189 dijo:
Bellisima poesia cargada de miles de sensaciones!!! Estrellitas y reputacion Amiga
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Rafael Llamas Jimenez;4026916 dijo:
Un gran poema Katia, le dejo Reputación a tu pluma y al mensaje que nos a dejado escrito en estos versos. Gracias por compartir lo que escribes. Un saludo amiga
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
GLAVIANA;4026866 dijo:
Aplausos y felicitaciones a tu genial pluma, estrellas, reputación, y un cálido saludo.
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
dulcinista;4024359 dijo:
Gracias Katia por tan maravilloso poema que es un deleite pata el alma y para los sentidos. Gracias por esta exquisita muestra de tu sensibilidad. El amor nunca puede ser impuro; tampoco la pasión o el deseo que este amor conlleva.
Un abrazo, te dejo un abrazo y todas las estrellas para que iluminen tu cielo poético.
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Sigifredo Silva;4024345 dijo:
¡Hola Katia!

Es un placer haber pasado por tus letras y deleitarme en ellas; mis felicitaciones y reputación a tu pluma.

Sigifredo
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
NEMESIS;4023933 dijo:
Justamente así es como debería ser, pero las ideologías cambian al hombre y lo hacen sentir el deseo de ofender, nadie es perfecto pero muchos creen acercarse a eso, un beso estrellas a tu obra.
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 0 comentarios · ♥ 0
abrid las puertas
que pase el humo de las cosas que se vuelven incienso

que marche
...................lo que tiene que partir

y que arribe
...................lo que tiene que asentarse en nuestras vidas

abrid las puertas
las del llanto que merecen las ausencias
las del dolor que deja este camino

¡abrid las puertas que se pueden abrir!

.......
las puertas

...............
las rendijas

..........................
los brazos

...............los pechos y los lechos,

a cuanto aguarda el ciclo, y que se cumpla.


Luces
...........sombras.

Alegría
.... -......amor.

Dolor...

.......................y las hieles del odio
que carcomen el alma, por qué no.

Abrid las puertas como si fueran alas aleteando minutos
......................................................................y alegraos
que todo pasará con su bullicio
y el referente vuestro y mío
será el nombre del siglo:

algún viejo papel
algún hijo de un hijo
...............................que viene
tras las puertas que se cierran y se abren
............................mientras estamos vivos.

Mamen Mamen · · 0 comentarios · ♥ 0
Comentario regalado por Victor Ugaz Bermejo,
por mis poema "Amor de mis amores"
poema nº 32

Dejaste la piel en cada verso
el trazo perfumado de cada línea latiendo;
ecos de un gran amor, como broche un beso
la brisa de tu pluma lo va tejiendo.


Un verdadero honor leerte en esta selección de románticos versos, que enamoran el alma, con fragancia a las praderas de tu magna inspiración. Beso tus manos admirada poetisa.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0 Poesía existencial
Rubula;4026275 dijo:
Fuego que socava la voz del interno.

Agridulce melodía del averno;
incesto, drogadicción.

Callad la voz; abducción
por la fuerza bruta.
Violación.
Felación
cual si ésta, tributa
la retroalimentación.

Incesto, drogadicción;
agridulce melodía del averno.

Fuego que socava la voz. Desgobierno.
MP MP en JULIA© · · 0 comentarios · ♥ 0 Poemas de JULIA
No hay un lugar nuestro

No hay un lugar nuestro
ni un retrato de nosotros que amarille con los años
ni unas letras que nos narren abrazando pétalos marchitos
no hay un tiempo que nos acoja
ni nos guarda la memoria


31.10.2008
JULIA
MP MP en JULIA© · · 1 comentarios · ♥ 2 Poemas de JULIA
MARGARITAS EN LOS ESCAQUES

Y llegará un tiempo
cercano, de zapatillas y bata
y volverás entonces, silencioso como antes
a susurrarle a mis dedos
versos de amor adolescente

quererte será de nuevo
mi juego apetecible, mis horas muertas
en vigilia
esperándote... al otro lado de la luna

y vendrás, con tu rostro nebuloso
te sentarás a mi lado, sin que nadie te vea
y yo seré la reina
y tú el álfil ausente

dibujando para mí
margaritas en los escaques


12.2.2010
JULIA
MP MP en JULIA© · · 0 comentarios · ♥ 0 Poemas de JULIA
Hay muertes...

hay muertes de sangre
de sirenas que pululan y recogen
los restos de un destino fatal

las hay de fiebre
y deterioro progresivo
muertes que se ensañan con las vísceras
y corroen sus entrañas

hay muertes que nacen con el individuo
muertes de cuna
de miseria, frío y hambre

las hay gratuitas
inoportunas y crueles
que estallan al paso
por guerras y sincausas ajenas

pero hay otras muertes
silenciosas, sin mortaja
sin trasiego en un tanatorio
de velatorio callado
de llanto íntimo y seco
muertes de seres que se entierran
en el corazón, removiéndose como zombis
en la memoria
de cuerpos que continúan ya sin vida
esperando otra muerte...

01-01-2009
JULIA
MP MP en JULIA© · · 0 comentarios · ♥ 0 Poemas de JULIA

... y confié

le quise mucho.
sé que le amé
sin razón alguna
por un empeño mío
en creerle
más allá de lo razonable,

imprudentemente.
... y confié
caminando a ciegas
sobre una hebra líquida
de insípida agua.

28.06.07
JULIA
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Katia Barillas;4023913 dijo:
¡No!. No es impura la mujer que se entrega por impulso,
arrastrada por los besos, los suspiros, los abrazos.
Queda inmune al amor, porque arrastra en su locura
las espinas del dolor.
Impureza hay en los ojos de quien miente con crueldad,
de quien llora sus engaños en amarga soledad.

Incomodidad que aturde al mantra de una ilusión,
es llanto triste de ópera…secreto de una canción.
En un grito la conciencia, llora lágrimas de sal,
porque ella mató en sueños, a quien un día le amó más;
su espíritu se lamenta de su forma de pensar,
pues su egoísmo impuro, no le dejó razonar .

Son puros los secretos que atesora el ancho mar,
cuando arrastra en su corriente
a quien no ha sabido amar;
la mujer que ha entregado al amor su alma inmortal,
se ha salvado del castigo por haber amado más.
Moribundo va latiendo su agobiado corazón,
sus heridas van sangrando porque no hallaron perdón,
en la herencia del hereje, evidencia de su sol,
que recoge en sí el reflejo del color
donde ella perdió al amor.

Es el deshonor la ira que recubre al sentimiento,
al título nobiliario, al buen nombre de familia;
impureza de las eras y las burdas sociedades,
donde existen más mulatos que gente
desangrándose en el azul de sus venas…
No se disipan las penas en ningún tipo de amor,
ni se rompen las cadenas que propiciaron el dolor.

Hablamos de impurezas en el color de las razas;
del mestizaje del tiempo, por quien sufre en silencio
la obscuridad de su piel.

¡No!. No es impura la mujer que se entrega a un querer,
sin medir en sus impulsos a la magia del placer.
Indecoroso decoro que no duele, ni abruma;
invocación invisible que reprime su interior…
Los deseos de la carme, son ese fruto prohibido,
que madura lentamente en las ramas de los árboles,
y que cae de aburrido…arrastrando en si al amor.
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Katia Barillas;4023884 dijo:
Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar un cuento:

Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
Cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son asÍ.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacÍa suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: “¿qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?”.

La princesa no mentía.
Y así dijo la verdad:
“fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad”.

Y el rey clama: “¿no te he dicho
que el azul no hay que cortar?-
¡qué locura!, ¡qué capricho!...
El señor se va a enojar”.

Y ella dice: “no hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas, por el viento
fui a la estrella y la corté”.

Y el papá dice enojado:
“un castigo has de tener:
Vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver”.

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el buen jesús.

Y así dice: “en mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí”.

Viste el rey pompas brillantes
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
Tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 1 comentarios · ♥ 0 Microcuentos
Rubula;4022936 dijo:
–No tengo todo el día –dijo–. Hace frío –Miro para un costado y luego hacia el otro. La carretera estaba vacía. Fue cuando acotó–: Crucemos.
–¿Usted vio lo que pasó? –Mencionó el Pavo Real, micrófono en mano.
–Si yo lo vi –mencionó el venteveo, estando posado en la rama del único árbol en la zona–. Los zorrillos estuvieron un rato sin animarse a cruzar. –Y para reafirmar terminó expresando al noticiero–: Unas luces de la nada aparecieron y como tal, desaparecieron. Al igual que el ruido de algo como un motor. –Concluyó–. Caput. Muerte por aplastamiento.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0 Cuentos
Rubula;4020507 dijo:
–¡Pero de hijo puta! –contratacó–, ¡si serás cabrón!
Se notaba en su gesto, el rictus de la cara, así como su postura frente a él. Chispas salían de sus ojos marrones, ojos que por otro lado, él, se había enamorado.
–¡Morite cabrón! –Al no recibir repuesta alguna, ella le plantó en medio de la cara–: ¡Malparido!
Y ya estando en ello iba a continuar cuando fue frenada de golpe.
–¿Y vos nena? –El hombre contraatacó a la sarta de palabras provenientes de su mujer–, ¡Frígida!
“Carajo –pensó para si, como tomándose tiempo para medir las consecuencias de sus palabras y agregó sin mediar palabras–: ¡Si resulta que somos nosotros los que tenemos la culpa!”
Ese pensamiento dio pie para expresarle violentamente:
–Claro –le espetó en medio de la cara–. Vos nena, sos inocentita ¿no? –A lo que, contraatacando él, expresó–: Siempre, con un “pero”.
“Cuando intento abordarte –en la mente de su marido corría las imágenes como un río turbulento–, tienes un “NO” como repuesta. –Ocupada –aduces.”
Pensamiento que estaba entre ceja y ceja y que lo obnubilaba por completo.
–¿Desde cuanto andas con esa “OTRA”? –Ella le gritó haciendo ademanes, moviéndose de un lado a otro por la sala de estar–. Siempre me decían: “cuídate, mira que Mario..” –a lo que, ante el silencio existente vociferó ante sus narices–: ¿Es que no soy suficientemente mujer para vos?
Ella, se ubicó frente a su marido, manteniendo una mirada extremadamente gélida. “Otra”. No quería ni siquiera mencionarla”.
Se miraron a los ojos y el silencio se hizo palpable lo que hiciere que el tiempo para ambos, se tornase indefinido.
“Siempre atendiéndolo al señorito –pensaba su mujer para si–; no sabía si iba o venía –aunque, para reafirmarse como mujer, se decía a si misma–: Le esperaba con la comida caliente, y el: dejando sus cosas por cualquier parte del departamento. Miren como retruca el hijo de puta”
–¡Quien te crees que soy! –le dijo, no exenta de furia aunque ya más calmada–, ¿tu empleadita? –y para reafirmar el concepto, ya retornando de nuevo ese enojo ciego que sólo aflora del interior de uno, concluyó–: ¡Pero si serás cabronete!
“La veces que intenté hacerte el amor –corría como un río de lava por la mente de su marido–, la veces que quise abrazarte estando vos en la cocina, o en el living. Y las veces que me rechazabas”
–¡Eres una frígida, mujer! –acotó Mario a lo ultimo que terminaba de decirle Ana, su mujer: “¿Es que no soy suficientemente mujer para vos?”–. Siempre que te busco, que intento acercarme, me rechazas como si tuviera la peste. Ves el hacer el amor como eso.. –se silenció y para dar más énfasis, luego de ese paréntesis donde las palabras caían como piedra en un costal, concluyo su diatriba–: Peste, si. El que no debe ser lo suficientemente hombre para vos, debo ser yo.
“¡Carajo! Ahora el maldito soy yo. El culpable de todo –pensó–. Las culpas son de los dos, de la pareja, que no funciona como debiere” pensaba.
–¡Mierda, malparido! –Replicó, no sin antes propiciarle un sopapo en medio de la cara ella– ¿Qué quieres de mi? –y lo miró fijamente–: Me duele.
–Si. El que te sea infiel, según tu.
–No. –Le cortó en secó a su marido–. La penetración.
El silencio se hizo más latente, mas palpable, más indescifrable a medida que esas palabras y su contenido, caían lentamente como gotas de lluvia en la mente de Mario.
–Nunca me dijiste?
–Me daba vergüenza.
Se miraron, y el tiempo parecía haberse detenido. Sus ojos estaban conectados como trasmitiendo “ese algo” insustancial.
–Ya. Y por eso creíste que te era infiel. ¿Verdad Ana?
–Si. –Se puso a llorar desconsoladamente– Pensé que tenía algo malo en mi y no me animaba decírtelo. –Y mirándome a los ojos concluyó: ¿Sabes? Llegue a pensar que si me eres infiel, serías feliz –a lo que, sin ganas aceveró–: aunque no me gustaba la idea de que así fuere.
“La hija de puta soy yo, tengo algo malo en mi cuerpo. Me duele la penetración y no logro el orgasmo” pensaba su mujer cuando le decía el verdadero motivo de su preocupación.
–¡Ana, mi amor! –Su marido se acercó y la abrazó. Llorando también él–. Soy tu marido, debiste habérmelo dicho.
Con el abrazo, vino un beso. Un beso tierno. Aunque durase una eternidad.
–Lo arreglaremos –Le dijo suavemente su marido–. Te amo
Ella lloraba.
Mamen Mamen · · 0 comentarios · ♥ 0
Comentario regalado por Hector Alberto Villarruel por mi acróstico

"O tal vez nos quisimos demasiado los dos"


Estimada poeta amiga Carmen, que belleza de acróstico has hecho, solo aquél que alguna vez lo ha intentado lo sabe, pero me han emocionado tus decires en versos de suma delicadeza literaria, los que los hace mas preciosos, todo el amor en ellos, realmente has escrito una pequeña Obra de arte , dentro del arte de la poesía.

Mis felicitaciones y mi admiración a tus letras.


Hector Alberto Villarruel.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0 Cuentos
Rubula;4014244 dijo:
–Cuénteme. ¿Qué vió?
–En principio nada –dije–, había una oscuridad total a mí alrededor. –Miré a mi interlocutor y agregué–: No se cuanto tiempo duró, luego presencié un punto blanco que se acercaba hacia donde estaba.
–¿Dónde cree que estaba?
–No le podría decir con exactitud –acoté–. La oscuridad era total y aunque quisiera moverme, no podía. Había algo..
–¿Cómo qué?
–El lugar.
–¿Lugar?
–Por mencionarlo de alguna forma –respondí–; no percibía el suelo, paredes como que no había y sin embargo..
–¿Qué?
–Extraño –aduje–. Me sentía en paz conmigo mismo. –Y para reafirmar el concepto expresé–: Por vez primera estaba calmo.
–Hábleme de la luz.
–¿Luz?
–Tiempo indeterminado, oscuridad, luz que se aproximaba.. Eso.
–Lo que se, es que se percibía la falta de sonido –comenté–. el cual era total, y por supuesto estaba eso.
–¿Oscuridad?
–Se podría decir que si, pero había otra cosa.
–¿Qué?
–Un ente, un algo –repliqué–. Pero, no sentí que fuere algo malo, sino que, más como que me tranquilizaba, ¿sabe?
–Y luego provino la luz. –me dijo y se acercó–. ¿Desde que ángulo lo percibió? ¿Adquiría alguna forma a medida que se acercaba o simplemente era un punto que iba y venía? ¿Dígame?
El silencio se apoderó de mí al tiempo que comenzaba a digerir las preguntas y hacia donde pudieren apuntar.
–Al principio se me antojó un punto blanco en medio del vacío total –y reacomodándome lo miré ya con más firmeza–. Luego se fue agrandando como si se gestase un túnel. –a lo que terminé con–: De arriba y sobre lo que par mi sería la izquierda.
–Al principio ¿La oscuridad no era total? ¿No fue lo que me dijo?
–Si.
–Y no veía nada –Mi interlocutor mencionó–, ¿cómo era que tenía sentido de profundidad y espacio si “el lugar” estaba inmerso en esa oscuridad que no le dejaba ver, ni percibir, lo circundante.
–No entendí.
–Si la oscuridad era tan absoluta no podría tener percepción de profundidad, de altura ¿no?
–Viéndolo como me lo menciona si. Tiene razón.
–Entonces?
–Fue más una sensación que otra cosa, ver esa luz acercarse –contesté–. De alguna forma la percibí desde arriba y la izquierda –y agregué–: ¡Extraño! Pero así lo sentí.
–¿Y luego?
–Percibí como estando en un valle –a lo que agregué–. Más la imagen era borrosa, así como unas presencias que se acercaban.
–¿Presencias?
–Si. Formas humanas que por momentos se hacían más claras.
–¿Y luego?
–Vi una mano que se interponía –respondí–, aunque en la periferia se seguía percibiendo un valle. Esa mano fue ocupando toda la visión. –y agregué–: Luego sobrevino la oscuridad.
–Bien. Por aquí terminamos –El interlocutor expresó–. Bien, bien.

---- OO ----

Los doctores no podían creer lo que sus ojos les mostraban. Había estado en coma durante un mes y estaban por inyectarme morfina para que me desligara del mundo y pudiera irme sin dolor. Mi esposa no podía dar crédito a lo que veía: el osciloscopio comenzaba a dar señales de vida. Más firmes, no tan erráticas.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0 Cuentos
Rubula;4010774 dijo:
–¿Y que dijiste?
–Pues, lo que paso –Su voz se entrecortaba; se sentía temblorosa–, que estábamos en el cine y..
–Nunca vienes a vernos –dije, cortándole en seco–, y ahora esto –y para recalcar a lo que me refería acoté furioso–: Tu sobrina, la que nunca vienes a verla. Nunca te cerré la puerta pero tuviste que..
El silencio era palpable, casi parecía sentirse los pensamientos del otro lado de la línea: “Mierda y ahora que le digo a mi hermano”
–Verás –Mencionó éste, con voz débil–; estábamos lo más bien cuando ella se sintió con necesidad de ir a al sanitario. Fue cuando..
–Claro –Le corté de cuajo– la dejaste ir así como así. No fuiste capaz de acompañarla, aunque tuvieras que esperar en la puerta. ¿No?
“Trágame tierra –pensó él–. ¡Carajo! si tiene razón”
–¿No has notificado a la policía asumo? –Le dije en forma más calma, más no exento de enojo con él–. ¿Verdad?
–Si, verás.. –Su voz se notaba temblorosa y con miedo.
–¿Si? –Y para recalcar–. ¿Si? –Se hizo un silencio que pareciera sacado adrede y volví a levantarle la voz– Pero, ¿qué mierda tienes en la cabeza?
–No. Verás..
–¡No? ¿Y que hiciste? –Mi voz sonaba como un grito, una amonestación, aunque quisiera estar calmo bajo las circunstancias. –¿Te fuiste?
El silencio en la línea fue extenso. Como que si el tiempo se hubiera detenido.
–No pensé –me dijo y con voz temblorosa expresó–: Era el Shopping, y estábamos en el cine. Ella..
No lo dejé terminar.
–No vienes nunca –le rezongué: No te acuerdas de tu sobrina, no la acompañas a ningún lado –y para afirmar lo que tenía en mente le expresé–: ¿Seguro que ni la fecha de su cumpleaños la sabes?
“Cierto, me lo merezco, soy un vil” pensaba mi hermano escuchándome vociferar.
–Se que desapareció –dijo–, al igual que Ana.
Ana había sido mi esposa pero cuando fue a dar a luz a María, mi hija, ella murió en la sala de partos.
–Te prohíbo que la menciones –Ya más calmo y sentado mencioné–. Fue una desaparición, pero no de igual forma –Expresé.
–Ahora, ¿dame los detalles? –le dije a mi hermano y reafirmé pausadamente–: de-ta-lles, ¿entendido?
–De la indagatoria que hice –decía éste, su hermano–, al acercarse al sanitario de las damas un hombre bien vestido la abordó.
Yo meditaba en silencio mientras iba digiriendo cada palabra que éste, mi hermano, pronunciaba.
–Nadie lo vio –las puertas de ambos sanitarios están linderas–, salvo el que limpia el sanitario masculino.
“Un hombre bien vestido –pensaba para mis adentros–, mediana edad, entre cano, de hablar locuaz, ve la chiquilla y le dice: Chica, ¿me puedes decir donde queda..”
–Mira, la buscaron por todos lados –decía mi hermano, más yo exhorto en mis pensamientos no escuchaba, o no quería hacerlo–. La buscaron los de Seguridad del Shopping, la rastraron a través de las cámaras. Nada.
–Todo apunta a que María lo acompañó.
–¿Como que lo acompaño?
–Si. –dijo–. En las cámaras se ve a un señor de mediana edad, entre cano y bien vestido hablando con María. Luego no se vio más. No se.. mira..
–A ver, ¿Qué has dicho?
–Que había ido al cine y ella..
–No. –Le corté–. Lo último: un señor de mediana edad, entrecano, última vez, cámara.
–Si. –me contestó–. Por los gestos le hacia una pregunta y ella atentamente se giro para mostrarle algo, cuando aconteció.
–¿Y?
–No se supo más nada.
–Nada de nada –dije– ¿por donde salieron? ¿qué vehiculo tenía? ¿nada?
–En el aparcamiento D –Dijo mi hermano– se filmo un Land Rover azul con la niña subiendo a él.
–La forzaron?
–No. –dijo–. Al parecer subió como si lo conociera.
–Bien. –le dije a mi hermano–, no te quiero ver más por la cercanía ¿entendiste?
–Si –Mencionó mi hermano, pero ya le había cortado la comunicación.


--- oo ---


El galpón daba al muelle oeste. Era de noche, cuando dos coches estacionaron cerca de un carguero.
–¿Fernandez?
El gesto hizo evidente que si.
–¿La mercadería?
Del segundo vehículo dejaron asomar la cabellera rubia de mi hija. A lo que hice un gesto.
Un ruso muy lomudo abrió una valija de ejecutivo, mostrando U$S 500.000 en billetes sin numerar de 100.
El otro, hizo un gesto y María se acercó al centro. Luego de la transacción María entró en un remise, y la llevaron a casa.
Fue cuando todo aconteció. Dos francotiradores hicieron impacto en la cabeza y pecho de los guardaespaldas de Fernández.
–Ahora, has de saber con quien te metiste –Le dije al secuestrador–. ¡Cuélguenlo! –ordené.
–¿Por qué motivo? –Le dije.
Silencio.
Un proyectil hizo impacto en la rodilla izquierda. El colgaba de los nudillos cual si fuera una res carneada en un frigorífico. El grito se hizo oír.
–¿Por qué?
Silencio. Aun que se movía.
Otro proyectil impactó en la rodilla derecha.
–¿Por qué?
Silencio. Iba a dar la orden del otro disparo cuando:
–Tú esposa.
–¿Que pasa con ella?
–Trabajaba para nosotros –el secuestrador mencionó.
–¿Nosotros?
Silencio.
Un proyectil hizo impacto en el codo izquierdo. El colgaba de los nudillos cual si fuera una res carneada en un frigorífico. El grito se hizo oír.
–Un trabajo que no cumplió. –Dijo éste deseperado– Y teníamos que eliminarla.
–¿Nosotros?
Un grupo secreto de Seguridad Nacional, ni nombre posee. –Tembloso, acotó–: No me mate.
–No. Tendrás el mismo trato que dispensaron a Ana. Sólo que no esperaron a que sobreviviere a los impactos de bala.–Le dije en su oído–. María nació, habiendo fallecido su madre, hijo de puta. Parto contranatura.
Fue cuando el proyectil hiciere impacto en centro de su cabeza.
–Desháganse de ésta basura –ordené.
Lo pusieron a dormir en cemento armado y con él incluido, se construyó un nuevo edificio. Claro, propiedad mía.
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