Se nubló mi cielo con tu triste padecer,
con la angustia y el anhelo por no besarte otra vez…
Obsesivo laberinto de un idilio indecoroso,
o de falta de decencia por estas ansias locas,
que van inundando día a día cada ápice de mi ser,
con las flores del otoño y las rosas de un abril,
en un mayo lluvioso, mi sentimiento infantil.
En el horizonte acrisolado, entre los rayos del sol,
las olas del mar revientan entre nubes de un ocaso,
y el cielo en un abrazo estrecha al ancho mar…
Ahí duerme mi sonrisa junto a la espuma blanca,
con la miel de tus ojos, endulzando tanta sal.
Se murió el aliento de las muchas ilusiones.
El lento palpitar que latía ensanchándome el pecho
de locas ansias de amar,
son idilio indecoroso, morboso de ansiedad,
entre penas que matan en amarga soledad.