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Vástagos-.

BEN.
Vástagos-.
332 entradas · 25050 visitas
· 0 comentarios · ♥ 1 Prosa poética-.
Los blancos ataúdes, las blancas líneas, los azules cielos, los roquedales infatigables, los augures delicados, las vastas concentraciones de átomos y partículas, el aire que respiro, la materia gris convencional, los pisos uniformes, las bandejas de plata o de granito, la cubertería fatal con su brillo condensado, las autopistas llenas de mendigos, los geranios en sus floreros, las comprobaciones a destiempo, los sueños inútiles, los adeptos perdidos, las flores bajo la cama, el orinal junto al muérdago; la visita de los familiares, los interrogantes y su claustrofobia, las mafias secuestradas, los racimos sin ramas níveas decorándose. La multitud agazapada en un atroz grito, las serpientes y los truenos, las motocicletas estivales, los lampiños campos sin abedules ni resinas, los herméticos medio fondistas, los paseantes; la anónima casucha donde vivo, el declive de mi vida, la anarquía y sus secuelas, los ladrones con sus capuchas. Vivo en la ignorancia, duermo como Judas, en los trasfondos quietos de las móviles sustancias, donde se estragan las formas de las metalúrgicas factorías. Me desligo de los blancos cementerios, recito de memoria los antiguos versos bíblicos, reniego de mi esencia múltiple, fustigo los lamentos en la erosión de la vida sin mirada. Y miro, lo pálido del día, sin llamas apenas, los cigarros encendidos en materiales adversos, botellas de plástico naufragadas, y observo, lo ecuestre del lienzo que me observa, su suave manía de hacerse periferia de mis ojos secuestrados. Desplazo la mirada, vivo en la mirada, sueño, gozo, pernocto en la mirada, que eleva su crucificada madera, desde los rayos hasta el placer de los enseres. Cimientos desvanecidos, mi casa hecha un pandemónium de etcéteras imposibles y porosos. La sangre que avecina un lugar corriente, la luna con su luz de ascenso portátil, y ese eco de los bosques que penetran los adoquines bulliciosos.





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· 0 comentarios · ♥ 1 Poesía satírica-.
Ojalá fuera yo tan poeta,

tan polémico y tan pesimista,

sin sonar arribista ni cortante

ni pesado ni afrodita.

El caso es que yo me las paso

llorando y sintiéndome una víctima,

la mayor parte de los días.

Quise techo y legumbres,

y pan caliente cada mediodía;

quise alegría y no contentarme

con la pobreza del que acomete

versos desmesurados por sin medida.

Ojalá fuera yo tan bueno, tan útil,

tan socialista, o tan ingenuo como el

vate que aquí es protagonista. Pero

no puedo, por la sencilla razón,

de que me tiemblan los pulsos

antes una mala situación, y no sólo

de palabra, sino de acción.

Como a Sócrates, me cuesta un ojo

de la cara, saber que no sé nada, y sentirme

así, día tras día, me convierte ante el espejo,

en un ignorante y en un soplagaitas.

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· 0 comentarios · ♥ 0
No adivinaré tu rostro

entre la maleza suspendida.

Ni entre los girasoles inundados

por aguas polinizadas.

No sabré tu bello rostro, hijo,

ni mi conocer de la vida, será

más que generosidad oportunista.

Seré, hoja baldía, seca estancia,

reservado apartado de las acacias

necesarias. Y minaré tu rostro,

entre acnés e intemperancias,

cada vez, más desdibujado.

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· 0 comentarios · ♥ 0 Prosa poética-.
Se va haciendo de noche, y nadie, clava un cuchillo en mis venas. Mis hijos andarán despacio toda la noche, pensando quizás en por qué no han nacido, estériles. Como en círculos o en vastos territorios, mi vida ha caído en el olvido. Me olvidan las manos que titubearon al recogerme. Los odios sinceros que mantuvieron su compromiso tantos años, tanto tiempo. Yo veo, y veo. Rosales erguidos que sostienen en sus puños un nivel de azufre interminable e insoportable. Misterios inútiles, miembros cercenados, orinales de miseria volcados sobre los omóplatos. Hombres, mujeres, pequeñas manchas pálidas, dentro del día o de la noche. Vástagos de un sueño más azul y omnipotente. Y ese sonido como de campana en lo alto del monte. Y esos baúles que guardan el olor a almizcle de la madrugada desierta. Son sombras, voces, ecos, nocturnos barcos que se deslizan por las extremidades hasta ahogarlas, hasta estremecer los miembros escuálidos que forman un brazo en su sueño. Las difuntas flores conservan el formol del trozo de piedra que les tocó en suerte. Los aerosoles disparan su red ámbar sobre el portalón de entrada. Las maderas huelen a perfume cuando el sol las calienta.





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· 3 comentarios · ♥ 1 Prosa poética-.
La noche es un magma denso, donde se ocultan todas las voces. Quedan delineadas por sus antiguos ecos de esperanza o desesperanza, y las aves que gritan su celo por las avenidas, mantienen el corazón preso de una anarquía. Mi corazón ahora se ha cerrado y, aunque lo pusiera a auscultar el asfalto, su sensibilidad le haría caer de bruces contra el pavimento. Es un suceso cotidiano que las leyes de la hermenéutica sufran de agonía irremediable. Su aventura terminó en sus brazos llenos de sirenas. Yo destilo lo profundo de mi propia esencia. Y los cambios, las sanguijuelas del corazón, no obtienen más que sangre codiciosa y marcas en la carne. Yo violento el mundo con un solo manotazo. Y dignamente tiro de las luminosas hojas, hasta alcanzar gorriones en su nido. Mi hermano duerme. No sangraré por decisivos combates de luz ciega. Poblaré los enigmas para descubrirme ante el vacío. Como una roca mi corazón se ausenta ante las adversidades. Y se cubre de egragópilas y de pintura blanca ante el advenimiento de la noche con su luz lechosa. Hay un moribundo precipitándose por todos los recodos de los ríos. Y alguien que abandona su éxtasis por las laderas de los montañas. Un agua que suele bautizarme, demasiado densa como para poblar de nuevo el alma. Se exige que el pecho sea mortificado. Y las piedras de los lechos nuevamente molidas por el viento y sus ruedas. Una oración pequeña determina el golpe en los ojos podridos. La yema de un huevo de cernícalo concluye su etapa y cierra el agua del alma.



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· 4 comentarios · ♥ 1
A mí me hubiera gustado

beberme esa botella, hermano

y tirar los dados más elementales

y arrojarlos lejos de mí

y esquivar las miradas de animales

y tener los dedos doblados por la perfección

y ocultar los labios bajo litros de alcohol

y mantener la saliva caliente apretada junto a mi cuerpo.

A mí me hubiera gustado también.

El casco rompiendo contra las paredes

y los ascos de la cerveza caliente repartidos

por el suelo. Pero no se prestó la ocasión.

Tuve que rejuvenecerme y mirar de frente

la náusea y la rendición sin tregua

en que consiste ésta y todas las vidas-.



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· 0 comentarios · ♥ 0 Poesía de origen oracular-.
Yo diré en voz alta

aquello que me persigue

y apenas deja tregua mientras,

su llama infernal, conquista

cada gota impura de mi oasis.

Es este original baile de disfraces

continuo

el que arremete contra mí y mi pecho

otrora

indiferente. Son los puentes

destinados al comienzo de la vida,

los que peligran, los que están en juego.

Son los sagrados hilos de los que pende

la vida

los que aparentan ruina.

Diré de la vida y su apariencia siniestra.

Diré de la voz que surge de mi propia voz, enamorada,

celestina.

Matrimonio más alto no se ha visto sobre la tierra.

Almohada contra almohada desalojo con desalojo.

Y llanto tras llanto, rodar de dientes en eterna disputa.

Oh consuélame, buen hombre, dígnate a mostrar

tu figura errante y errática por las noches oscuras y dinámicas.

Yo diré que sangre me insta a palidecer ante los colores.

Hermosos ángeles tropezadores que veis mis pies desde los llanos.

Contratadores de manos de cal y viento.

Rosales ardiendo en mitad del desierto, incombustibles.

Este sereno arder de las lecciones de la violencia.

Esta cosecha inmemorial de los cereales vomitivos.

Yo diré por qué mi pecho arde y se lastima

como un enebro solitario que buscara compañía.

Yo diré por qué arde mi voz en clara contradicción.

Y los vientos conquistados, y las secretas calmas

de la noche embrujada.



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· 0 comentarios · ♥ 1
Será ya que los poemas duros

y furiosos, me dejan frío y anodino.

Pues marco mi territorio, como el

pis de los canes, marca el suyo propio.

No es que vaya a usar semejante líquido

para adueñarme de mi nebuloso existir;

mucho me temo que, de hacerlo,

sería para no convivir, con el arpa

licuada de tantos poetas al uso.

Mucho grito por aquí, mucha estampa

de fino caballero por allá, poca chicha,

poca limoná.

Y es que el grito, en poesía, lo debieron

de poner de moda, los asistentes al banquete

de la boda de Platón.

Son poetas de cejas bien fruncidas y rugosas,

de pancartas comprometidas, y de luces

poco consolidadas.

Y es que con tantas novias intemperantes,

algún chirrido se les escapa, sin querer.



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· 4 comentarios · ♥ 3 Humor-. Poesía breve-. Poesía satírica-.
No me pongo objetos ni objetivos,

ni cometo adulterio con los dioses

del Parnaso, ni fabrico armamento

pesado para las divinidades del Olimpo.

Por eso, es preciso que aclare que nunca

entiendo lo que digo, y menos, digo lo que

entiendo. Así, con asas por orejas, y con

tubos metidos hasta en los ganglios,

les dirijo mi último poema. No es un grito,

como habitúo, ni tampoco, un serio problema

para los amantes del conflicto. No soy

tan gilipollas como para ofender al cielo

con mis aullidos, ni tan humilde para

darme por muerto o por desaparecido.

El caso es que me voy con viento fresco

a otra parte, quizás

a la única que debiera. Chao amigos!



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· 0 comentarios · ♥ 3 Poesía amorosa-.
Tengo la noche

que es toda mía.

Es una raja de sandía

que se abre cual navaja,

sobre la mesa de la cocina.

Depende, depende mucho

de la luz del día, que la noche

sea morada o rubia.

Depende de la luz

de la luna, que mi niña

tenga los ojos azules o verdes,

llenos de amor, llenos de ira.

Se le ciegan los ojos de envidia,

cuando miro pasar a otras chicas.

Se le abren con dulzura, si ve

los molinillos de viento y los algodones

de azúcar.

En las mejillas se le acumula el aire,

que sube del mar, con aroma a salitre

y a paseo nocturno.

¡Cómo me gustaría ser un muro

para, así, preservarla siempre entre mis costillas!



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· 3 comentarios · ♥ 5 Poesía de carácter automático-.
Necesito respirar
un trago de mala cerveza
dispensada en cualquier bar,
tirada con mala prensa
por alguna camarera
de un pub de carretera.
Y que esas luces envolventes
me suenen liberadoras.
Necesito respirar
y alzar las torres caídas,
que, donde supo a gloria
la vida, se mantenga cuerda,
todavía.
· 0 comentarios · ♥ 2
El hombre es el único animal

que se inventa su territorio-.





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· 0 comentarios · ♥ 2 Poesía cartárquica-.
Contra tu pecho

contra mi pecho

no ya un mar, con

sus azules líneas previstas.

No ya un océano

de remisibles impaciencias,

en tu pecho y sobre el mío.

Perdimos los anillos

las secuencias efímeras

de rayos débiles y ofuscados.

Trituramos la imaginación

buscando la memoria del río.

Junto a mi pecho, junto al tuyo,

no ya un río: sólo una luna

con sus viejos testigos-.





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· 0 comentarios · ♥ 2 Poesía de carácter automático-.
Trigos y manteles descompuestos

y azucenas variadas y exámenes anatómicos

brillantes, reinados de católicos monarcas,

sucesivos estratos de pazguatas indolencias.

Oh, lóbrego lobo, cómo destilas la vida

entre mis medias de azul acetileno! Oh,

cómo desbocas el perfume de tus harapientos

sedimentos! Pensabas en un lugar predilecto;

en una mayoría huracanada, los vientos glaciares,

el ocaso de una nación malograda. Tu fracaso

te enorgullece, ciego de piedras, monedas de papel

en el cenicero escondido. Y esa matanza

de los relámpagos reducidos a escombros, a marmitas

indolentes, a sacos vestidos de bruma ineficaz.

Disfraces, máscaras, apoyos de un subterfugio

que dura demasiado, que enmascara escasamente.

Y luces y albornoces de claridad esencial, y duchas

correderas de puertas estridentes, y materiales indigeribles

decomisados a los polis. Son marcas, extravíos,

sustentos apenas de un neumático aproximado y voraz-.



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· 0 comentarios · ♥ 0
Tenía diez años

y ya me dolían las piernas,

las escuetas sangrías destinadas

a empequeñecer la enfermedad

y detener la fiebre. Eran miradas

de observadores inquietantes, de conversadores

minúsculos, que fabricaban venenos

con paciencia, contenedores de óxido

en las venas, aquellas que veían

mi nacimiento escaso. Tenía casi veinte años,

y la mirada en paz, turbia, la frente,

marchitada, los besos partidos, los labios

tan pálidos como una exangüe sanguijuela.

Oh besos! Tan oscuros y diezmados hoy!

La vida era un beso y un pasadizo lleno

de incrementos y de túneles y de huesos

que guardaban polvo y azules testarudos.

Besos en las palmas, en los dedos, en los

tentáculos inciertos, la gama policroma

de anocheceres que titubeaban entre girasoles

de bruma.

¡Cómo me gustaban tus besos!



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· 2 comentarios · ♥ 1
Hay un dolor tan íntimo

como el de ser hombre

y no fanático ni persuasivo

emitiendo siempre su palabra

anodina o calcinando su pecho

como en una laguna de asfalto

inquebrantable. Hay ese dolor

íntimo, ser hombre, quizás

con sabor añejo a lluvia, sí,

empapado e insobornable bajo ella-.





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· 0 comentarios · ♥ 0 Poesía amorosa-.
Letra minúscula

para este amor de diseño.

Enfrentados en el acorde

siniestro de una noche avanzada.

Madrugada suave como el terciopelo.

Naturaleza desbordada que incita

al extravío.

Fijémonos en lo estricto de lo escrito:

figuras remotas, andan calibrando

su procedencia o improcedencia.

Las lagunas que me habitan, y los solsticios

que vendrán, frecuentan las tabernas

del mal agüero, oráculos desfasados

por la impertinencia de la indigestión.

Cobardías, secuaces arrogantes,

el millar de 'tierra trágame', del día.



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· 0 comentarios · ♥ 0 poesía melancólica-.
Mientras los viejos aman

su enésima copa de cristal

y los labios se sumergen en

lagos empapados de asfalto,

y las credenciales del ciego

presentan su número de paloma extraviada,

y la piel depauperada exige tributos

sin afecto, con rencor, y se besan

con rozaduras las encías incisivas;

es allí donde mi cuerpo busca

la razón de un sufrimiento que evoca

bebidas artificiales y espumas agotadoras.

Es quizás el álamo calcinado que resiste

o el clamor mutilado de una fábrica de coches,

serpientes invasoras de labios carcomidos,

o esas fuentes inauditas que sacrifican y permiten.

Oh, me conmueven las flores de los océanos

iguales y distintas, flores de todos los barros

que atravesaron barcazas e ídolos supremos.

La cara del albañil que inaugura una mañana

y el afán de moscas que cagan la misma rutina.

Me gustan los bosques y la piedra talada

el olor a muerte de la pintura de mi cuarto

y el óxido que imprime en mi nariz fragancias de naranjo.

Y así pasa mi tiempo, rodeado de azoteas y axilas,

viejas, vestigios de un tiempo remoto, buscando

la brisa que azota los mares y recubre el alquitrán

de las piernas rotas.



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· 0 comentarios · ♥ 0 Poesía surrealista-.
Virulentos oleajes impregnados

suciedades mustias que invaden

pulmones agrietados por cansancios

multiplicaciones revestidas de asfalto

vientos que emergen de superficies subterráneas

hasta limar el cabello de las vírgenes destruidas

vestales inocentes de tanta belleza inconsecuente

rocíos secundarios que plasman dormitorios rebeldes

donde duermen amantes sin labios que frío tras frío

acuden al hospital de turno a ocupar su silenciosa manta

de urgencias. Un racimo de suculentas granadas escarlatas

donde el reino de los vencidos obtuvo su militar gracia

su absolución terrible de besos duros como la escarcha y el hábito.

Nosotros, los mismos dirigidos al altar, murmuramos la canción

del cansancio, el agotado tránsito de obligaciones perturbadas,

hasta que el silencio domina y ausculta todos los pechos estériles.

La risa duerme y el frío envanece la mejilla dorada

el pecho se ausenta de tomar pastillas decadentes

la perla de los días aumenta su diablura y los termómetros

ocupan su periódica invencibilidad.

Ah hasta aquí llegaron tus hipócritas manías

tus hipopótamos dormidos, los lagartos tendidos

que escapaban a las lagunas fangosas de los cables eléctricos

de tu cabeza con filtros.





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· 0 comentarios · ♥ 1 Diálogos del absurdo-.
Yo y la noche

bodegones inciertos

rumbos inquietos titubeantes

yo la noche

certidumbres magnéticas

crece el cabello con colas irrisorias

en las plateas de los caballos locos

las mareas funden sus terciopelos nocturnos

y grávidos. Oh materiales de tristeza,

hombrías disecadas, masculinidades deterioradas

y un sinfín de rosas opulentas que mastican

el pene desorientado entre los matorrales.

Yo y la noche jugadores inciertos

vidas aproximadas que el aire acaricia

se sirven de prolijas aventuras carnales

incipientes ojos de pez sobre un plato

de sostenida porcelana, aquella penumbra

en la que solías violarme.

Laúdes sonaban

como el río Etna fumigado por los costados

y sonaban tan hermosos

como caballos elementales mantenidos por fuerza.

No soportabas al hombre

quizás tampoco a la mujer,

de qué te sirve entonces vivir?



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