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Hora de la melancolía
hora de lamer las heridas,
hora del salterio desierto,
hora del llanto en madejas,
hora de la pena y la queja ciega.
hora que picotea las pupilas del alma.
Hora coagulada en los llantos
propios y de extraños.
Hora de pedir al padre
ayuda del cielo.
Hora de acordarse de los que no tienen techo,
de pensar en el que carece de alimento,
en los amigos que se fenecieron sin paz.
Hora de la melancolía
batiéndose en este mundo de ruidos
atrapando silencios con su red fiera.
Hora de melancolía,
con sus cabellos largos extendidos,
sin peine que le ordene las nostalgias
y luego se las lleve lejos.
Hora del rito del silencio,
del la impotencia ante las tragedias
ocasionadas
por este mundo moderno.
Hora del desposeído,
hora del esclavizado, del deportado,
del enfermo terminal,
hora de los niños y mujeres mancillados.
Hora
que en sus voces de pena
se hacen siglos eternos sin luz.
Hora de las ánimas que penan,
en su mármol de cemento,
en un mausoleo mudo
que ya no siente,
ni habla.
El mundo perdido en su nada
vive en su hora de melancolía larga
y no se da cuenta de su terrible drama.
La nostalgia con sus barquitas de papel
me quiere envolver presurosa
Ahora que no hay nadie para consolarme
Ahora que me rondan los cuervos de la soledad con zumbidos aterradores.
Ahora que el desasosiego carcome mi alma...
Nostalgia no me tires tus flores de tristeza
Yo he sufrido tanto en la vida que tus vasos de llanto
me han derrotado y he caído en el pozo profundo del desconsuelo.
Mi esperanza se cae a pedazos
como naipes.
Ya no veo la luz por ningún lado.
Mi compañía son los chacales de la desesperación
y grito a voz en cuello
a alguien que escuche mis lamentos,
pero el camino está desierto.
Enmudeció la voz de la alegría en ocasos muertos.
y solo atino a llorar en copiosas lluvias de enero.
Cuando la pena anida en el alma, se siente muy cerca sus dagas cercenando nuestros sueños. Cuando el dolor toca nuestros ojos sentimos su lanzada profunda.
Ay, la pena hoy quiso dormirse entre mis huesos sombrear mis pasos y aniquilar mis sueños.
Yo mujer guerrera indomable No he podido con ella. Me vence son sus halcones del miedo con sus constantes malestares. ¡Estoy exhausta! Alcánceme un vaso con agua: tengo sed de amor, sed de paz, sed de descanso. Hastío.
Mi pena solo yo la vivo y conozco solo a mí me carcome el alma. El monstruo de la enfermedad me envuelve con sus fauces hambrientas. Yo en mi lecho frío le combato pero me vence me tira contra el suelo, se ríe de mí. ¡Se agigantan sus espolones en mi cuarto! Y me traga el pozo profundo de la desesperación y el desconsuelo: Lloro. Rezo y vuelvo a llorar. ¿Cuando acabarán estos colores del calvario a dónde yo no quise venir? Busco un banco de descanso para mi pena. Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados
La payasita está triste
¿Qué tiene la payasita?
Llora detrás del telón,
en lágrimas moradas, amargas.
Por un amor que la dejó.
Deshojando margaritas, se quedó.
Era un mago del circo.
Apuesto y galante.
Que le sembró ilusiones.
Y le dijo que la amaba,
que por ella la vida daba,
que nunca la dejaría.
Más un día apareció solitario, el sombrero y la capa.
Sin el mago.
Fue una espina en el corazón. Una daga.
Y te preguntabas:
¿Por qué mi mago adorado me dejó?
Ella que tanto hacía reír a la gente y a los niños.
Hoy llora su pena de amor,
detrás de las cortinas.
Hasta la flor de su sombrero verde
se marchitó.
Y llora con la payasita
su cruel dolor.
¡No llores payasita,
no llores por favor!
La función de la noche va empezar.
Sécate las lágrimas,
y empieza a actuar.
Hoy llora mi rosa, despedazada en cruel decepción. Sus tallos sangran y quedan mudos gimiendo en tétrico dolor.
Mi corazón llora en lágrimas de sal, ¡No fuiste lo que pensaba! Tú no me amabas, lo tuyo era solo: sacos de costumbre o deseo carnal, que ávido degustabas.
Llora mi rosa se seca su sol. Sangra en dolor, sangra en vino de decepción.
Hoy, mis pétalos no te reconocen hoy eres otra persona, ya tus claveles parecen clavos y tus besos, tristes hielos fríos.
Llora mi rosa enlutada, muere su alma llagada, llora desconsolada triste y abandonada.
Llora mi rosa, ¿Llora por tu amor? No.
Llora por que no eras lo que pensaba, porque se destruyeron mis castillos de arena, porque me equivoqué de nido y amaba y solo amaba, ¡Ah, no sabes cuánto te amaba!
Me secaré las lágrimas no vale la pena, llorar por hombres de humo y papel.
Tu amor solo era, globo vacío, estatua de arena, cáscara sin pulpa. Y yo, soñándote como el hombre de mis sueños, ¡Qué pena!
Noche de piedra,
noche dura, sin luna,
sin rastros de mi amado.
Noche desierta,
sin los pletóricos cánticos de hadas,
de su presencia.
Noche de piedra, callada,
quieta, muda e inerte,
extendiendo sus negros mantos de muerte,
¡Envolviéndome toda!
Sin piedad, sin anestesias;
jugando con mi dolor,
masticando, llanto sobre llanto,
dolor, sobre dolor,
pena, sobre pena.
Ven amado,
pronto a mis primaveras,
que mis flores desepesradas se secan.
Desfallecidas fenecen,
sin la llama clara
de tu amor.
Suenan los petardos,
el cielo lleno de fuegos artificiales
y yo mirando al cielo,
elevado mis copas en alto, lloro por ti, madre.
La gente luce tan feliz,
los niños alborotados,
los perros ladrando asustados,
y yo aquí,
extrañándote más que nunca, madre .
Preparando la cena de año nuevo
la nostalgia salta presurosa en mi cocina.
Mirando la sabrosa cena,
recuerdo esa insuperable receta
de pavo al horno que me legaste.
Me araña el corazón recordarte,
sangran mis ojos
con tu ausencia de hielo frío;
me quiebro un instante
y pienso:
¡Qué no daría por oír nuevamente
tu cantarina voz en mi hogar!
¡Que no daría por gozar tu sublime presencia!
Estoy segura que estarías feliz
viéndome ya con mis hijos
y adornada mi casa, en amarillo de felicidad.
Hoy elevo mis copas al aire y brindo
a solas, contigo en la cocina,
Sé que donde te encuentres,
me miras con amor.
Tú no te olvidas de mí, madre.
Siempre estuvimos juntas
amiga, hermana, madre.
Siempre te llevaré viva, hasta mis últimos días.
tú vives en mí todos los días.
Tú proteges mi hogar ángel bueno.
Un nuevo año que se va
y no he superado
la nostalgia de no verte, madre.
Espérame, que vuelo pronto a tu lado.
Y estaremos, juntas, siempre juntas
como el día en que partistes,
en el lecho del dolor
tomando mi mano
y yo, consolándote, madre.
Mi corazón te añora,
siente tu ausencia en su ventana gris,
riega sus rosas en mar de melancolía,
extiende, su amargo manto de soledad,
si tú no estás, ¡vida mía!
Y es que, en tu mirada,
me refrescaba en luz de ternura.
Tú eres sol en mi vida,
alegría de mi corazón.
Todas mis mañanas parecen mas frías,
las calles ya no sonríen contentas,
cerraron su pestañas de amor.
Y en las noches,
ya no oigo los violines de tus susurros,
ya no me visita la luna enamorada de tus besos,
ni los cánticos de tus vientos en "sol" de amor.
Caen las hojas del tiempo,
y tú no llegas,
me hiere el silencio de tu ausencia,
y yo aquí,
bajo este árbol de invierno
añorándote,
lloro, lloro…
Despojándome de tus recuerdos,
cual ropa raída y desgastada,
quiero sacar de mí
el sabor agrio de tu amor.
Aquella sombra gris,
que dejaste una mañana de abril.
Quiero olvidar, cariño malo,
tus estelas largas de duda e incomprensión
y tus clavos sangrantes y de cruel dolor.
Pues con solo recordarte,
mi alma, sufre y muere
en hojas secas amarillentas.
¡Quiero al fin, olvidarme de ti!
Arrancarte de mis pieles,
despintar tu imagen en mí;
olvidarme de esos recuerdos,
que solo supieron dañar mis rosas.
Quiero Correr... correr a nuevas naves de libertad.
¡Necesito ser libre de ti!
¡Necesito ser amada, en mi dimensión real!
Muchas lágrimas he derramado ya,
por tu malsano querer.
Mucho dolor me causó
tu estocada cruel;
esas cucharas negras de abandono y desinterés.
Quiero ser una nueva criatura,
ya no quiero llorar,
en lágrimas de sal.
¡Quiero ser mujer nueva!
En nueva senda,
de dignidad.
Amar a alguien que me sepa valorar
y que me coloque, en mi verdadero pedestal.
Como isla desnuda está mi alma
desde que te fuiste,
como una hamaca vacía meciéndose sin gente,
en vientos de soledad extrema;
las nubes negras me amenazan
y el sol se despide lloroso, en ocasos muertos.
Isla desnuda,
penetra mi corazón, hoy,
y hace sangrar mi ser;
sus palmeras perdieron el vigor
están mudas, estáticas,
no existen los cantos de vida,
no existe el amor que un día
me juraste en el altar.
Me dejaste,
como isla solitaria,
en palmeras plañideras,
arañando polvos de soledad.
Lluvia de otoño ,
de suave carita de miel,
moja mis hojas amarillas de amor.
Ese amor que de mi lado se fue.
Voló con los aires de otoño,
me dejó en mi alfeizar
suspirando
y velándolo con ansiedad.
Lluvia de otoño, corre por mi mejillas
su gotas mojan mi alma en dolor.
Mi corazón herido
es rama seca sin rayos de sol.
Lluvia de otoño
que mojas la banca en que me senté hoy,
recordando triste, al amor que me dejó.
Lleva en tus alitas mojadas un mensaje de amor
dile que aún lo amo,
que le he perdonado,
que lo espero en farolas de ilusión.
Oh, lluvia de otoño,
bésale en tus gotas mojadas por mí,
cántale las melodías de mi sentir.
Lluvia de otoño,
dile que sin él,
todo es frío, a mi alrededor.
Dile, que temprano he sembrado para él,
mis rosas favoritas llenas de amor.
Dile que aquí sentada entre las ramas,
espero su regreso triunfal.
Encerrado en oscura celda, los cuervos de la soledad me gritan, la nostalgia me asfixia, en sus bolsas de arena. ¡Déjenme salir!
Pago la condena, de un delito menor. Una ventana pequeña,
es mi única luz. pues hace tiempo que el mundo se tornó negro para mí. Un error, un error, cualquiera lo puede cometer. ¡Soy joven necesito vivir!
Otros por delitos mayores, en la calle andan felices. Yo no tengo los medios para pagar abogado, no tengo ni que comer. ¿Porqué la vida es tan oscura para unos y para otros les sonríe en bandeja? ¿Por qué no tuve recursos para estudiar? La vida es injusta, y la noche en este calabozo, muy larga.
Dios dame una luz, para entender, mi sufrimiento cruel...
Tus lágrimas plomas, ruedan por tus mejillas rosas. Son lágrimas en luto, son lágrimas de amor. Hacen su duelo fúnebre, por tus ojos, velan tu ausencia, y no se quieren calmar.
Lágrimas de amor, son lágrimas que sangran, desde el corazón. No tiene cuando acabar, porque supieron amar de verdad.
Se consumen en agonías muertas, en aciagas penas, yertas. Como agua que cae copiosa por un amor que se fue.
Huid de mis ojos lágrimas dolientes, que llorar de amor, es pena de valientes. Ya no asalten las ventanas de mis ojos ¿No ven que a mi corazón lastiman?
Triste pena, amargo llanto dejar de ver, sentir y oír, a quien se ha querido, tanto...
No llores mujer,
tus lágrimas me hacen llorar
Gruesas gotas han manchado tus mejillas
y el corazón mío
parece que va estallar.
No llores prenda mía
él ya no volverá,
se fue con los vientos
en cabalgatas de arena
se elevó al cielo
a ver el rostro de Dios.
Sus huellas de amor
impregnado en tu pecho quedó,
su tierna sonrisa hasta los huesos te marcó.
No llores, mujer,
las almas que aman nunca se moriran,
seca tus lágrimas
deja ya de llorar,
tu amor, en cintas de azucenas,
más puro se tornará,
te besará la frente,
siempre te acompañará.