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Prosa poética-.

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BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
A una poesía afable, tranquila,

sencilla, sin porvenir, sin remedio,

perfectamente estéril, como un campo

de dinosaurios enmohecido. Sí. A eso

aspiro yo. A una poesía que no se ocupe

de ningún tema, de ninguna materia,

de ninguna duda, y que quiebre en cambio,

todos los inoportunos senderos del desequilibrio.

Un arroyo de agua de vectores inquebrantables,

una señorita de uñas dulces que no pronuncie

nunca tu nombre, hombre, una poesía ciertamente

obtusa e idiota. Una poesía que no se entrometa,

en fin. Donde no florezcan, incisiones puras

en las mejillas ni en los párpados, y que inaugure

una nueva etapa en la historia. Antes, de pena me

iba muriendo; déjenme tener pues,

la última risotada-.©
BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
Desiertos estériles

conjuntan tu pecho.

Ira profunda habitan

tus lagos simulados.

Donde florecen sarmientos

y escarpan fósiles inmensos.

Sus cáscaras vacías penetran

la intensidad de un rumor.

Un rubor de piedras acaba

extinguiéndose al alba.

La luz perfora mi alma

tan sujeta a piedras y leyes.

Legítimamente incluyo

mensajes en los latidos habituales.

Y esas piedras inertes

restriegan su aroma en la superficie

iracunda.

Bálsamo somnoliento consejos insignificantes

odios en las yemas de los dedos,

fecundas formas de invadir las hermosas

cavidades aéreas.

Llanto de enajenados jazmines,

de polvo de estrellas, sucintas exenciones.

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BEN. · · 0 comentarios Poesía nocturna-. Prosa poética-.
Miedos remotos me aproximan a las barcazas del mar. Sueños soterrados, llenos de ignominia, juegan conmigo en atardeceres imposibles. La llana voz de la sangría, acude a postrarse en mi regazo. Señuelos de osadía, voces guturales, parques subterráneos, cerrados en mi memoria. Las huellas de una noche nupcial sin ropajes. Desato la melodía inicial, golpe en el hueso, y fórmula cortés de evasiva. Mis miedos desatascan la ofrenda concluida en el desagüe.





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BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
Como en tierras sumergidas por el beso,

así alcanzaba tu cuerpo indefinido, o

como en la memoria indistinta de un padre

que halla a su hijo muerto y venerado.

Como en superficies sin sonido y neutras,

y llenas de maleza sin propósito;

como en altivas miradas que concurren

a través del antifaz de la locura o el delirio.

Como en copas cristalinas y duras que absorben

definitivos sacrificios, o en llamas conquistando

la parte superada del sueño.

Como en lodazales intermedios que buscan

la condensación de un brazo amputado, de un

beso en mitad de la memoria, como en ese

resultado matemático que nunca llevamos consigo.

O como en martillos hidráulicos suspendidos

en la canícula del calor estival.

Ríos subterráneos, amuletos equidistantes

de los ejes ecuatoriales, renacer invisible,

pronóstico cualquiera, selva, fronda, número,

inasible e impúdico.

Como en tierras sumergidas por el beso,

por el beso y la alegría de tener manos,

o sexo, o locura, o piedad, compasión.

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BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
Los blancos ataúdes, las blancas líneas, los azules cielos, los roquedales infatigables, los augures delicados, las vastas concentraciones de átomos y partículas, el aire que respiro, la materia gris convencional, los pisos uniformes, las bandejas de plata o de granito, la cubertería fatal con su brillo condensado, las autopistas llenas de mendigos, los geranios en sus floreros, las comprobaciones a destiempo, los sueños inútiles, los adeptos perdidos, las flores bajo la cama, el orinal junto al muérdago; la visita de los familiares, los interrogantes y su claustrofobia, las mafias secuestradas, los racimos sin ramas níveas decorándose. La multitud agazapada en un atroz grito, las serpientes y los truenos, las motocicletas estivales, los lampiños campos sin abedules ni resinas, los herméticos medio fondistas, los paseantes; la anónima casucha donde vivo, el declive de mi vida, la anarquía y sus secuelas, los ladrones con sus capuchas. Vivo en la ignorancia, duermo como Judas, en los trasfondos quietos de las móviles sustancias, donde se estragan las formas de las metalúrgicas factorías. Me desligo de los blancos cementerios, recito de memoria los antiguos versos bíblicos, reniego de mi esencia múltiple, fustigo los lamentos en la erosión de la vida sin mirada. Y miro, lo pálido del día, sin llamas apenas, los cigarros encendidos en materiales adversos, botellas de plástico naufragadas, y observo, lo ecuestre del lienzo que me observa, su suave manía de hacerse periferia de mis ojos secuestrados. Desplazo la mirada, vivo en la mirada, sueño, gozo, pernocto en la mirada, que eleva su crucificada madera, desde los rayos hasta el placer de los enseres. Cimientos desvanecidos, mi casa hecha un pandemónium de etcéteras imposibles y porosos. La sangre que avecina un lugar corriente, la luna con su luz de ascenso portátil, y ese eco de los bosques que penetran los adoquines bulliciosos.





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BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
Se va haciendo de noche, y nadie, clava un cuchillo en mis venas. Mis hijos andarán despacio toda la noche, pensando quizás en por qué no han nacido, estériles. Como en círculos o en vastos territorios, mi vida ha caído en el olvido. Me olvidan las manos que titubearon al recogerme. Los odios sinceros que mantuvieron su compromiso tantos años, tanto tiempo. Yo veo, y veo. Rosales erguidos que sostienen en sus puños un nivel de azufre interminable e insoportable. Misterios inútiles, miembros cercenados, orinales de miseria volcados sobre los omóplatos. Hombres, mujeres, pequeñas manchas pálidas, dentro del día o de la noche. Vástagos de un sueño más azul y omnipotente. Y ese sonido como de campana en lo alto del monte. Y esos baúles que guardan el olor a almizcle de la madrugada desierta. Son sombras, voces, ecos, nocturnos barcos que se deslizan por las extremidades hasta ahogarlas, hasta estremecer los miembros escuálidos que forman un brazo en su sueño. Las difuntas flores conservan el formol del trozo de piedra que les tocó en suerte. Los aerosoles disparan su red ámbar sobre el portalón de entrada. Las maderas huelen a perfume cuando el sol las calienta.





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BEN. · · 3 comentarios Prosa poética-.
La noche es un magma denso, donde se ocultan todas las voces. Quedan delineadas por sus antiguos ecos de esperanza o desesperanza, y las aves que gritan su celo por las avenidas, mantienen el corazón preso de una anarquía. Mi corazón ahora se ha cerrado y, aunque lo pusiera a auscultar el asfalto, su sensibilidad le haría caer de bruces contra el pavimento. Es un suceso cotidiano que las leyes de la hermenéutica sufran de agonía irremediable. Su aventura terminó en sus brazos llenos de sirenas. Yo destilo lo profundo de mi propia esencia. Y los cambios, las sanguijuelas del corazón, no obtienen más que sangre codiciosa y marcas en la carne. Yo violento el mundo con un solo manotazo. Y dignamente tiro de las luminosas hojas, hasta alcanzar gorriones en su nido. Mi hermano duerme. No sangraré por decisivos combates de luz ciega. Poblaré los enigmas para descubrirme ante el vacío. Como una roca mi corazón se ausenta ante las adversidades. Y se cubre de egragópilas y de pintura blanca ante el advenimiento de la noche con su luz lechosa. Hay un moribundo precipitándose por todos los recodos de los ríos. Y alguien que abandona su éxtasis por las laderas de los montañas. Un agua que suele bautizarme, demasiado densa como para poblar de nuevo el alma. Se exige que el pecho sea mortificado. Y las piedras de los lechos nuevamente molidas por el viento y sus ruedas. Una oración pequeña determina el golpe en los ojos podridos. La yema de un huevo de cernícalo concluye su etapa y cierra el agua del alma.



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BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
Y fuimos quitando vendas

y la criatura emergió de sus apósitos sumergidos

donde habitaba con fiereza un temblor de sangre

o apenas una realidad de existencias precedentes:

gritos renacidos deterioros evidentes físicos líquidos,

efervescentes materiales, represiones solitarias

de dedos y yemas caídas donde el océano duerme.

Antes tiernamente preocupado, un mirón de lunas

y lunas, observando los límites de una guarnición

exclusiva, paredones tras paredones, emergieron

sucesos de tierras adentro. Cráneos exiguos, calaveras

o rosas heridas, subterráneas, al igual que jazmines de oxígeno

inquebrantable. Todos, fueron constatando realidades

concebidas únicamente en secreto.

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BEN. · · 1 comentarios Prosa poética-.
Visito las maderas,

los útiles de trabajo,

las mareas grisáceas

de azulejos caídos.

Visito las deidades, los dioses

de la madera serrada, el cuerpo

de la fábrica abandonada, el serpentín

de sangre y lágrimas, en que defecan

diversas especies de pájaros e insectos.

Visito los labios, el grito autónomo,

la prisión de los vaciados contadores eléctricos,

el extenso arrecife de cables pelados y circuitos

sin savia: la mano tendida del patrón encolerizado.

Me doy a la madera; busco en su interior, resinas

bruscas, licuaciones de la fertilidad vegetal, pálidas
sangres.

Visito los cables, los tentáculos, las pestilentes

y grasientas máquinas y las grúas desahuciadas

hace tiempo. Voy de un lado a otro, llorando,

perforando tabletas, restituyendo

al recuerdo, un recuerdo superior-.



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BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
Es que el poeta no sabe nunca

donde nace. Se estira, estira

su psicología, la hace pasar

por un laúd obligatorio de oraciones.

La conmina a nacer, quizás,

del vientre frío de una nube.

No sabe dónde guardar su abismo

y su retiro, su voz elige el invierno.

Elige, como camino, el destierro;

como sendero, el exilio.



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BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
Flamean, en las ventanas,

antiguas luces encendidas.

Son voces y sueños, anegados

en tristes recuadros- habitaciones,

dormitorios, despensas; cocinas-.

Y en esa persistencia de las cosas

y los objetos inciertos, yo miro.

Poca cosa, poco que decir.

Es la retórica universal de la pobreza:

materiales torcidos que averiguan

su capacidad para formar paredes,

muros, sin otras señas de identidad que

las de la improvisación,

sin más misterio que el de las cosas decisivas.

Y así me gusta que pase definitivamente

el tiempo. Entre lloviznas y columpios

herrumbrosos.



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BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
El corazón busca salvaje otras palabras, lejos de esas palabras, de todos los días. Busca la esencia mezclada distante en la observación de un horizonte indefinido. La escalada glacial, el ímpetu incomprensible, la metafísica envuelta en ritmos tribales. El corazón desincentivado busca lo inaprensible, alejado de esas búsquedas rutinarias, de números de teléfonos y persianas cerradas alrededor. De encomios insufribles a los ejércitos. Lejos, el corazón busca.
BEN. · · 0 comentarios Prosa poética-.
Hay tobillos sacrificados al desdén hermético de la lluvia, una apaciguada mirada de carbón eléctrico que funciona a medias bajo la eterna combustión de un pez marmóreo, existen diminutas formas oblicuas cuyo dedal ignominioso profiere los más graves insultos, y propiedades acuáticas de orden secular. Hay materiales grabados a fuego como serpientes efímeras en el cuello de las calles sangrientas, un millar de desaparecidos cadáveres que penden de sus hilos magnéticos, trituradoras imparciales, vestigios de amantes que esconden su sanción al crepúsculo. Una nube de alcohol y un dibujo sublime estereotipado, la fortaleza de una canción susurrada en murmullo, y un vetusto armario que empotra las esperanzas tras sus secuestros supremos. Los espíritus indolentes fabrican sus ocultos desprecios antes de las amarillentas temperaturas, mientras la fiebre, responde a los iris con sus mayúsculas dilatadas. En lugar de un roble cansado, de un cielo pernicioso, latitudes somníferos y distancias inasibles buscan el terciopelo terrestre cuando el cuello de las disnea ha quebrado sus documentos tardíos. Los asesinos clementes venden a sus mujeres por un litro de absenta, y la mayoría de los astros elige ver el canal de televisión más próximo a su vecindad. La escuela desdice lo afirmado por los progenitores y el espacio licuado de una nevera exige tributos peculiares al pez que escucha y radia sus alabanzas. Los niños ocultan su sombría eyaculación de pana y agua, y sus muslos apenas reciben órdenes cuando el sol ha apagado sus tristezas diáfanas. Hay un recelo insomne en las catedrales atestadas, donde duermen un millón de dentistas próximos a los violadores destronados de sus hijas y herederas, un calor de sótano invaden los dientes del moro que vende sus flores imantadas de perfume.

Escuchen, escuchen, lágrimas del mono más fiel a sus aposentos, un circular emético que provoca la emancipación del oficio, y una recta testigo que elude hablar de la percepción de su felino. Perspectivas y solteras, halagos y vaivenes, cubatas y pérfidos de estantería colectiva; un radio de hojas secas que penetra el oído con sus filamentos de oro, con sus fibras mortuorias, y una placa de finas sedimentaciones opacas que resguardan un ámbito más bien profano.

Hay la cordura enajenada y el palacio de las altas hierbas dormidas

un segundo de ternura y un pecio que embarranca distante

las termitas adeptas a Moctezuma, un río de balsas agresivas.

Están los altivos montes y las escopetas bien cargadas

avisando su pólvora de dientes color azufre.

©
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