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  1. Son doce campanadas,
    doce marca el reloj,
    pasiones desatadas
    en la puerta del Sol.
    Asisten en bandadas
    para decir adiós
    a angustias ya pasadas
    y ansiando lo mejor.
    La gente aglutinada
    en solo un corazón,
    aguanta ilusionada
    el frío con humor.
    Uvas en mano y cada
    uno, presta atención
    clavando la mirada
    en el viejo reloj.
    Cuenta atrás empezada,
    ya no cabe el error,
    la espera tan soñada,
    ¡por fin! ya comenzó.
    ¡Ya baja la dorada,
    ya suena el carillón,
    personas humanadas
    enmudecen su voz!
    Resuena la esperada...
    Din don, din don, din don,
    todo va cual si nada,
    invade la tensión.
    Última campanada,
    ¡Ay, qué largo fervor!
    Y la gente abrazada,
    le da gracias a Dios.
    Son doce campanadas,
    doce campanas son,
    son doce campanadas
    en la puerta del Sol.

    Luis
  2. (1)
    Yo me perdía en su aliento
    con el sabor de las rosas
    y ahora debo decir,
    que beso penas y sombras.
    Por las calles va el recuerdo
    sediento de amor y boca,
    con cadena de pesares
    y espinas como corona.
    Pena, eterna soledad
    que acaricia mas no toca,
    bebida amarga que embriaga
    y el sosiego te lo roba.
    ¡Oh tú, pena, pena mía,
    siempre triste y negra toda!
    ¿Por qué traes a mí sus labios
    y al aire le das su forma?
    El hielo de la nostalgia
    es un frío que devora
    y el silencio de su ausencia,
    son noches de luna rota.
    ¡Qué triste es la pena cuando
    el amor se desmorona,
    parece un árbol de otoño
    sin el rumor de las hojas!
    La busco por todas partes,
    en la noche oscura y honda,
    en cada canción de amor
    y cada huella remota.
    Con la luz de la mañana,
    abierta encontré una rosa
    y ella me estaba diciendo
    lo mismo que mi persona.
    ¡Qué pena tan grande tienes
    que los sentidos agota,
    no derrames ya más llantos
    por quien no camina sola!
    Mis lágrimas son de sangre,
    ya no habrá ninguna aurora
    que nos desnude en la cama
    con el cantar de la alondra.

    (2)
    Por las noches va la pena
    sin abrigo y silenciosa,
    a solas por las tinieblas
    en noches de luna rota.
    ¡Oh tú, pena, pena mía!
    ¡Oh tú que el alma deshojas!
    Que no me falte tu aliento
    cuando me llegue la hora.

    Luis
  3. Yo - ¡ Estos campos se van a llenar de coches!
    La mano del hombre
    no conoce fronteras,
    pronto los campos floridos
    perderán sus vivos tonos.
    Dejarán de parecer siempre joven...

    Él - ¡Calla, no digas sandeces!

    Yo - Silencio...¿no oyes el viento
    como peina los pastos?
    ¿no sientes el aliento de su aroma?
    ¿no ves la dulzura del sol
    en su claro ocaso?

    Él - Lo que piensas suena a muerte,
    ¿por qué he de callar?


    Yo - El hombre no tiene límites,
    solo el propio hombre
    puede parar su mano.
    Los pájaros migrarán con su canto,
    el árbol perderá su verdor,
    el cielo será de un azul grisáceo
    y no respirarás
    lo que hoy estás respirando.
    Todo cuanto ves, morirá,
    y la ciudad
    será más grande cada año
    y en un banco perdido del parque,
    mi cuerpo descansará nostálgico.

    Él - ¡Deja de vaticinar
    las cosas que aún no son,
    cuando las cosas sean,
    entonces tus palabras dirán lo que son!


    Yo - Llegará el día, ese día
    en que yo busque el azul
    plácido del cielo
    o la sombra de un árbol grande
    o el dulce canto del gorrión
    para que arrulle mis oídos.

    Ya veo llegar ante el alba,
    lenta y calladamente
    las manos encallecidas del obrero,
    inagotables y venosas manos
    empuñando picos y palas
    avanzando hasta oscurecerse
    en el mudo crepúsculo .
    Sí, todo está escrito
    en la mente del hombre,
    ¡Estos campos se van a llenar de coches!

    Luis

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  4. Ha despertado el otoño
    tapizando de hojarasca
    los recuerdos del verano
    y acallando la cigarra.

    Mengua la última rosa
    y mi pensamiento vaga
    por las sombras del crepúsculo
    y las hojas en el agua.

    El pasado se hace verso,
    el otoño huele a calma
    y en las ramas de los árboles,
    ya tiemblan gotas de escarcha.

    Cuando solloza el otoño,
    la melancolía alarga
    la tristeza del paisaje
    dejando heridas miradas.

    La palabra del silencio
    es amargura dorada,
    solo se escucha el sonido
    de una soledad que pasa

    silenciosamente mientras
    los pájaros se agazapan
    de las lágrimas de un cielo
    perdiéndose en la montaña.

    Llevo el paso de mis sueños
    a una tarde que se apaga
    y mi corazón se llena
    de pesadumbre y nostalgia

    por un amor desprendido,
    boca y alma perfumada
    que tantos besos robó
    dejando palabras vanas.

    Cuando solloza el otoño,
    deja desnudas las ramas
    y el ascenso del riachuelo,
    adormece con sus nanas.

    El corazón calla y siente
    lo que los árboles hablan,
    y quisiéramos ser como
    la fuente que vierte el agua.

    Y mientras la luna sueña
    bajo las sábanas blancas,
    yo alzo al cielo mis suspiros
    y siento como me abraza

    el viento y me lleva por
    la vereda solitaria
    sin tener miedo a la muerte,
    hoy, que tengo en paz el alma.

    Luis


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  5. Cuando me haya ido
    búscame en tu recuerdo,
    no derrames lágrimas,
    solo quédate en silencio.

    Cuando me haya ido,
    cuando ya no esté,
    búscame en tu sueño
    que allí estaré.

    Velaré por tu descanso
    y mi aliento será tu abrigo
    cuando ya no esté,
    cuando me haya ido.

    Luis



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  6. Es media tarde,
    el camino oscurece,
    las sombras se levantan
    y bajo el cielo
    hay un rumor de ramas,
    la tierra huele,
    ha empezado a llover.

    Es media tarde,
    juncos y sauces
    doblados hacia el cauce
    besuquean el agua,
    y me quedo mirando
    cual si fueran los besos
    que aún me guarda el alma.

    Es media tarde,
    el paisaje se duerme,
    los montes se pigmentan
    de verde oscuro
    y en la muda tristeza
    que da el crepúsculo,
    infinita armonía
    sombra y misterio.

    Es media tarde,
    me habla el silencio:
    ¡Veo tus lágrimas
    bajo la lluvia,
    desconozco a quien lloras,
    soy yo, tu pena,
    déjame que te abrace!

    Es media tarde,
    todas las añoranzas
    tienen olor de otoño.
    La melancolía hace
    palpitar el espíritu
    de un amor que persigue,
    y marcho monte abajo
    antes de que este alma
    resuelva por quedarse.

    Luis


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  7. Yo no tengo derecho a quejarme por esta vida que me ha tocado vivir y ver que todo cuanto quise se va desvaneciendo ante mis ojos, ni siquiera del aire que se llevó mi último suspiro de amor para dejarme a la deriva en las turbias aguas de esta urbe como el barco que busca donde encallar.
    El sol estaba en el cenit, de la linea que junta mar y cielo llegaba una brisa ondulada y suave acariciando una y otra vez este corazón cansado y lleno de envidia por el sosiego que encuentra a su paso y que necesita y que no llega y se resigna a contemplar de año en año desde la roca de la orilla, remar a un mundo sin sueño hacia una distancia sin fondo, hacia donde no encuentre carne viva que pueda verle, a donde la luna y el sol no sean sepultados por las casas y sus besos de oro y plata llenen de melancolía para darse más cuenta de los encantos de las cosas.
    Aquella quietud, era expresada por la dulce melodía de las olas que dejaban sus notas de plata en la fina arena bajo un azul desierto de sábanas vacilantes, donde el graznido de la gaviota vuela quebrando el silencio y el ser humano sin sombras angustiantes ni voces crueles, sin sirenas fatídicas de enfermos ni devastación ni pobreza, se siente solo bajo el cielo.
    Bajo una inmensa ráfaga de fuego, un grupo de unas diez personas vestidas con ropa de baño se acercaban a la orilla cuidadosamente siendo cogidas de la mano por otras de paso firme mientras lanzaban al aire su algarabía. Aquellos ojos míos ocultos tras las gafas de sol, se estremecían conforme mi mente exclamaba ¡joder Dios mío, cómo es posible...! Lo que hasta entonces era placentero, se tornó en un sollozo interno acompañado por una pena insoportable, un vuelco en el corazón y el aliento arrinconado, todo era una imagen dolorosamente triste, una decena de parálisis cerebrales desataban su alegría al poner por primera vez su huella en la caliente arena de la playa pero reacios a seguir avanzando, temerosos de que aquel mar en calma les cogiera de los pies para alejarles de la orilla mas las palabras que salían de los labios de aquellos sanitarios, ponían en su cerebro la calma deseada, palabras que nosotros conocemos pero que sólo ellos saben transmitir, aquello no se podía definir como paciencia, sino amor en los altares, amor, amor palpable sobre unas manos inocentes, dependientes para siempre que nunca harán daño.
    Aquellas palabras daban su fruto y sus gemidos y reacios pasos, pronto se volvieron en gritos de júbilo y gestos expresivos al sentir el beso fresco de las olas sobre sus trémulas piernas y el agua salpicada por los sanitarios sobre sus vientres y espaldas.
    Mi alegría vino de lo inédito de mi emoción, esa exaltación llegó porque nunca antes vi disfrutar ni sentir la vida de aquella manera, ni yo mismo sentia la vida hasta ese preciso instante y me mentiría a mi mismo si me dijera que la estaba disfrutando.
    No, yo no tengo derecho a quejarme por esta vida que me ha tocado vivir. He visto que la pena llega por caminos insospechados dejando un gran vacío y donde había alegrías, son huecos donde a penas entra el aire y las miradas caminan tropezandose con la realidad.
    La luna de la tarde se perfilaba redonda y aquellos ojos míos tras los cristales oscuros, con la mirada en la arena y el pensamiento en la orilla, se marchaban ocultando una emoción inefable y reciente en la vida haciéndome dichoso del llanto de mis ojos.

    Luis


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  8. [​IMG]

    Leyendo... "Sonetos del amor oscuro" de Lorca, comprendí como vivió y sufrió por amor.


    Cuando sientas por amor
    dolor...
    Cuando vivas en condena
    por pena...
    Cuando tú veas un río
    vacío...
    Entonces tú, amor mío,
    verás a tu alma sufrir
    y sabrás lo que es vivir
    con dolor, pena y vacío.

    Luis







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  9. Los caminos son muy largos...

    La tarde viste de gris,
    los caminos son muy largos
    y son negros nubarrones
    los que aflijen al ocaso.
    Cae la tarde en silencio,
    cae sobre los tejados
    y las sombras que acompañan,
    se apoderan de los campos.

    Todo es paz, silencio todo,
    las aves guardan su canto,
    las calles están desnudas,
    abandonados los bancos.

    Todo es paz, silencio todo,
    todo en este triste ocaso
    y en un momento extendido,
    el cielo suelta sus rayos.

    ¡Qué tristeza tan profunda
    la que el cielo va arrastrando,
    es tan hondo su dolor,
    que su fulgor es de llanto!

    Tengo a mis sueños dormidos,
    a mis deseos callados
    y las brasas de esperanzas
    en los cajones las guardo.

    Camino con paso firme
    si bien son lentos los pasos,
    las fuentes están calladas,
    adormilado el remanso.

    En algún lugar en sombra,
    mi ilusión la he enterrado
    y en vez de flores y versos,
    rosa mustia sobre el mármol.

    Voy camino de la tarde
    sin corazón y sin llantos...
    ¡qué tristes son los recuerdos
    de los días ya lejanos!

    Suena en la noche plomiza
    un lamento del pasado
    y aunque no quiera y no deba,
    hay suspiros en mi cuarto.

    La tarde vistió de gris,
    los caminos son muy largos.

    Luis
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  10. [​IMG]

    ¡Quiénes somos, quiénes somos!
    Dulce voz que un niño exclama
    contemplando cada noche
    a la blanca, luna blanca.
    El niño la mira y mira
    con ojos de fría plata
    y deja un triste suspiro
    volando en la madrugada.
    ¡Quiénes somos, quiénes somos!
    repite con voz amarga,
    ensanchando sus pulmones
    y una pena en su garganta.
    Dime luna, blanca luna,
    que no quiero ser el agua
    pura, ni turbia ni fresca
    que resbale en la montaña
    humedeciendo caminos
    de crónicas ya pasadas
    para que el hombre descubra
    las herrumbrosas guadañas
    y remembren a los muertos
    en campos de verdes ramas
    que un día fue de olivares
    y a la postre de batallas.
    ¡Quiénes somos, quiénes somos!
    Dime luna, luna clara,
    ¿A caso no es suficiente
    la misma lasa nostalgia
    en bocas de viejas voces
    hablar de sangres contrarias?
    Sé quien soy y lo que quiero.
    ¡Basta, basta os digo, basta!
    ¡Dejad los muertos en paz
    descansar como Dios manda,
    que los muertos, muertos son
    y los muertos, de ellos no hablan!
    No viviré de un pasado
    que no me conduce a nada
    ni me echaré a la calle
    con vientos de mala saña,
    Dime luna, blanca luna
    que llenas las madrugadas
    de pálidas ilusiones
    abriendo el camino al alba
    en tanto el hombre difunde
    rumores de viva llama.
    ¡Quiénes somos, quiénes somos!
    La pena me ahoga el alma.
    Dime luna, blanca luna,
    dónde mana el agua clara.

    Luis


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  11. [​IMG]

    Pronto llegará el otoño
    con un collage de colores
    y otros placeres,
    sabanas de niebla y montes soñolientos.
    Yo tendré una arruga más en la frente
    y torpes mis manos,
    pero yo te seguiré esperando
    con tu eco en mi pecho
    como cada año, como siempre.

    Luis

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  12. [​IMG]
    Vivir sin estar viviendo,
    es morir en vida existiendo.
    Una vez muerto,
    habrás mal vivido una vida
    y dos veces bien muerto.

    Luis

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  13. [​IMG]


    Los sueños son premoniciones que debemos saber analizar...
    La vida es la respuesta.

    Luis


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  14. [​IMG]
    Quien bebe para olvidar no olvida,
    solo piensa del por qué se dio a la bebida
    y en el hígado gana una herida.

    Luis

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  15. [​IMG]
    No te preocupes tanto por el mañana y vive el hoy,
    pues solo la muerte es segura, la vida no.

    Luis


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