Darío El Pirata
Poeta asiduo al portal
Pudiera ser que el destino
nos juega bromas pesadas…
Pudiera ser que a su paso
todo queda y todo acaba
como quedan en los campos
los ecos de la hojarasca,
ya secos y amarillentos
donde ayer brillaba al alba
el rocio en los campos verdes
al despuntar la mañana.
Pudiera ser que el destino
nos juega bromas pesadas
entrecruzando caminos
que antes de ayer no eran nada.
Y así aparece de pronto
en mi soledad forzada
la luz y el brillo que irradian
sus ojos de enamorada.
Y yo aquí, queriendo y no,
abrirle un espacio en mi alma
a sabiendas que no puedo,
conociendo que no debo,
la dejé que se acercara,
y di permiso a mis labios
a que sus labios besaran.
Pudiera ser que el destino
nos juega bromas pesadas,
y se aferra a que vivamos
cosas que no están pensadas.
Por la sombra de sus manos
corriendo sobre mi espalda
fui del cielo propietario,
y dueño de una esperanza.
Tuve dudas y temores
anclados en mi añoranza
y sonidos de destierro
desde el fondo de mi alma.
Pudiera ser que el destino
nos juega bromas pesadas…
Y no conforme con eso
nos deja, de retirada,
recuerdos que son tormentos
y tormentos que no acaban.
Y aunque me vaya muy lejos
y no vuelva a ver su cara
se quedará dentro mío
y como a fuego grabada
esa voz como caricia
tan solo en una palabra,
a la que presto respondo
cuando por ella me llaman:
¡Nunca mi nombre completo
tuvo tanta melodía
como al brotar de su boca!
¡Su boca de enamorada!
nos juega bromas pesadas…
Pudiera ser que a su paso
todo queda y todo acaba
como quedan en los campos
los ecos de la hojarasca,
ya secos y amarillentos
donde ayer brillaba al alba
el rocio en los campos verdes
al despuntar la mañana.
Pudiera ser que el destino
nos juega bromas pesadas
entrecruzando caminos
que antes de ayer no eran nada.
Y así aparece de pronto
en mi soledad forzada
la luz y el brillo que irradian
sus ojos de enamorada.
Y yo aquí, queriendo y no,
abrirle un espacio en mi alma
a sabiendas que no puedo,
conociendo que no debo,
la dejé que se acercara,
y di permiso a mis labios
a que sus labios besaran.
Pudiera ser que el destino
nos juega bromas pesadas,
y se aferra a que vivamos
cosas que no están pensadas.
Por la sombra de sus manos
corriendo sobre mi espalda
fui del cielo propietario,
y dueño de una esperanza.
Tuve dudas y temores
anclados en mi añoranza
y sonidos de destierro
desde el fondo de mi alma.
Pudiera ser que el destino
nos juega bromas pesadas…
Y no conforme con eso
nos deja, de retirada,
recuerdos que son tormentos
y tormentos que no acaban.
Y aunque me vaya muy lejos
y no vuelva a ver su cara
se quedará dentro mío
y como a fuego grabada
esa voz como caricia
tan solo en una palabra,
a la que presto respondo
cuando por ella me llaman:
¡Nunca mi nombre completo
tuvo tanta melodía
como al brotar de su boca!
¡Su boca de enamorada!
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