dulcinista
Poeta veterano en el Portal
El monte Emei está situado en la provincia de Sichuan. En su cumbre, en el borde de un acantilado situado entre dos arroyos, se encuentra un monasterio rodeado de sombríos pinares, davidias y azaleas. Allí parece eterna la niebla. Desde las ventanas del monasterio, se puede ver en los días claros, las distintas cordilleras montañosas de su alrededor. En este monasterio, algunos maestros y discípulos dedicaban sus días a la meditación y al estudio de los sutras.
An-Yi, uno de estos maestros, tenía un discípulo llamado Kang-Xi. Una noche que Kang-Xi se encontraba estudiando el sutra del loto, se le acercó su maestro An-Yi llevando en la mano derecha una vela encendida. Recuerda, Kang-Xi, que los atentos no mueren, pero los descuidados son como si ya hubieran muerto. Debes velar esta noche junto a esta vela, y por nada del mundo permitas que su llama se apague, le dijo el maestro. Permaneceré despierto toda la noche para que la vela permanezca encendida, contestó Kang-Xi. Pero ya avanzada la noche, fue vencido por el sueño, y al despertar vio que la llama de la vela se había apagado.
Comenzaba a clarear. An-Yi se presentó ante él y le dijo: has de saber, Kang-Xi, que esta noche he viajado al subterráneo mundo de los muertos y que allí he visto el libro en el que están escritos los nombres de los que están a punto de morir pero todavía no han abandonado la vida. Si alguien es capaz de borrar uno de los nombres escritos en el libro, esa persona no morirá. Vi escrito en el libro el nombre de tu padre, y cuando me disponía a borrarlo, se apagó la vela con la que me alumbraba y me quedé a oscuras, por lo que me fue imposible distinguir lo escrito y no pude borrarlo, dijo el maestro. Ese mismo día Kang- Xi recibió la noticia de la muerte de su padre.
Por la noche, mientras Kang- Xi estudiaba el sutra del loto, se presentó nuevamente ante él An-Yi llevando en la mano derecha una vela encendida. Recuerda, Kang-Xi, que aunque estudies y recites todos los días los sutras, si no obras según las enseñanzas de estos, de nada te servirá, pues será como sembrar semillas entre peñascos. Debes velar esta noche juto a esta vela, y por nada del mundo permitas que su llama se apague, le dijo el maestro. Permaneceré despierto toda la noche para que la vela permanezca encendida, contestó Kang-Xi. Pero ya avanzada la noche, fue vencido por el sueño, y al despertar vio que la llama de la vela se había apagado.
Comenzaba a clarear. An-yi se presentó ante él y le dijo: has de saber, Kang-Xi, que esta noche he viajado al subterráneo mundo de los muertos, y que allí he visto el libro en el que están escritos los nombres de los que están a punto de morir pero todavía no han abandonado la vida. Si alguien es capaz de borrar uno de los nombres escritos en el libro, esa persona no morirá. Vi escrito en el libro el nombre de tu madre, y cuando me disponía a borrarlo, se apagó la vela con la que me alumbraba, y me quedé a oscuras, por lo que me fue imposible distinguir lo escrito y no pude borrarlo, dijo el maestro. Ese mismo día, Kang-Xi, recibió la noticia de la muerte de su madre.
Por la noche, mientras Kang-Xi estudiaba el sutra del loto, se presentó nuevamente ante él An-Yi, llevando una vela encendida en su mano derecha. Recuerda, Kang-Xi, que el que sólo atiende a los placeres sensoriales y distrae su mente con vanales deseos es vencido por la muerte antes de que esta llegue. Debes velar esta noche junto a esta vela, y por nada del mundo permitas que su llama se apague, le dijo el maestro. Permaneceré despierto toda la noche para que la vela permanezca encendida, contestó Kang-Xi. Pero ya avanzada la noche, fue vencido por el sueño, y al despertar vio que la llama de la vela se había apagado.
Comenzaba a clarear. An-Yi se presentó ante él y le dijo: has de saber, Kang-Xi, que esta noche he viajado al subterráneo mundo de los muertos, y que allí he visto el libro en el que están escritos los nombres de los que están a punto de morir pero todavía no han abandonado la vida. Si alguien es capaz de borrar uno de los nombres escritos en el libro, esa persona no morirá. Esta noche he visto escrito tu nombre en el libro, y cuando me disponía a borrarlo, se apagó la vela con la que me alumbraba y me quedé a oscuras, por lo que me fue imposible distinguir lo escrito y no pude borrarlo, dijo el maestro.
Por la noche, An-Yi se presentó ante Kang-Xi, pero esta vez no llevaba la vela. Kang-Xi había muerto mientras estudiaba el sutra del loto.
An-Yi se encontró varias noches con Kang-Xi en el subterráneo mundo de los muertos. El discípulo llevaba siempre con él una vela encendida, una vela a la que no dejaba que ningún muerto se acercase por temor a que la apagasen. No reconoció a su antiguo maestro.
Eladio Parreño Elías
21-Junio-2011
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