Ratones y muslos

me hiciste reír con este relato pero no me quiero imaginar cómo saciarás las ganas del pan y la de los muslos de la señora pelz, segunda parte. Mis estrellas.
gracias amiga por tu comentario. Pan volvÍ a comer al dÍa siguiente, pero los muslos de tan exquisita seÑora no los volvÍ a ver mÁs. Un abrazo.
 
Bueno,¿Y de qué te quejas si al final comiste muslo???
Deberías estar eternamente agradecido al ratón por haberte dado un momentito de alegría...ya ves,ironías de la vida.
Gracias por acercarnos un ratito de agradable lectura,me sacó una sonrisa.
Un beso.
 
Bueno,¿Y de qué te quejas si al final comiste muslo???
Deberías estar eternamente agradecido al ratón por haberte dado un momentito de alegría...ya ves,ironías de la vida.
Gracias por acercarnos un ratito de agradable lectura,me sacó una sonrisa.
Un beso.
Pero eran muslos de pollo, amiga y yo quería muslos de señora, jejeje. Un abrazo y gracias por tu comentario.
 
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



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Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011












jajaja, muy bueno amigo Eladio, vivan los ratones en su debido momento, pero tendría que haber ido a comprar más pan para la mujer y queso para el ratón que le dio tan bellas vistas, jajajaja ver si se repetía la historia, ha sido un placer leer tu buena inspiración, toda maestría amigo,abrazos y estrellas.
 
Ja,ja,ja,ja Muy divertida, buena y dinámica historia. cuando las cosas se lian, se lian. Tienes arte para narrar sin aburrir.
Un buen rato Dulcinista, divertido Estrellas mil y un abrazo
 
Ingenioso y ocurrente a más no poder tu relato, Eladio. En esta faceta de prosista, también nadas como pez en el agua y nos regalas momentos extraordinarios, con tu personal manera de reflejar temas cotidianos con salero y gracia a manos llenas.
Un abrazo, mi admiración y a seguir esperando que el sistema me permita darte algo más.
 
Ahhhh Sra. Pelz, que muslos tan más hermosos, lastima que su ingenuo esposo, sea tambien un real .... ¿ ?


Muy picaro tu fabuloso relato, pero lleno de gracia ...

Un abrazo Eladio ... !


José de Jesús
 
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



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Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011












Entretenido relato nos cuentas en tus letras, cuando no se olvida el pan, se olvida otra cosa, pero ya va bien si uno se encuentra con algún ratón, pues pasa lo que pasa. Ha sido un placer pasar a leer tu prosa Eladio. Te dejo estrellas para tu pluma. Un beso y un abrazo. Tere

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Querido amigo que relato amigo mis felicitaciones me va a tocar comprar ratones jajaja
 
Es que los ratones pueden causar estragos.. jajaj.. Hace tiempo que no leía un relato tuyo, éste me ha gustado, amigo. Gracias por compartirlo. Un abrazo.
 
jajajjajjajjajajjajaj si que eres cruel, un relato paralizador, con ese raton,
si sabias que a todas las mujeres espanta ver un raton,
por lo visto a ti te emociona, mas prefieres cenar muslos que pan!!!!
me encantas, eres genial sarcastico bello
saludos todos con mis carinos
 
ehhh amigo pienso que tus neruronas le faltan algunos tornillos, me has hecho reír, jajajajsjaja...
donde está el ratón y el muslo, jajaja
buena lectura
un abrazo muchacho inteligente
gonzalo perez
 
Buenísima tu Prosa, Eladio, hacía tiempo no te leía así. Muy clara, convincente, se visualizan muy bien las locaciones y llegan hasta las emociones de los espantos por los minúsculos ratones. No hacen nada, se asustan más ellos que los humanos, sólo buscan comida y si aparecen es por el abandono de la casa, algún alimento que se quedó olvidado por ahí. Lo hiciste muy interesante, de veras es que siempre has escrito buenas Prosas, todo lo escribes bien y cómo a tu llegada escribías tanto se me hizo costumbre leerte así, en tus historias de casi siempre como thriller, un poco de emoción negra, me recordabas a ese actor que actuaba en "Los Pájaros", ay, no me acuerdo cómo se llamaba, ya. Hitchcock, así se llamaba el Director y yo te encontraba parecido en tus relatos, se me ocurre que has visto todas las películas, no son muchas, creo. Eso de no querer los muslos de tu esposa, como se habrá sentido ¿no?, ella preparando con amor tu cenita. Buen trabajo, Eladio. Muchas gracias por compartir, amigo. Saludos.
 
Ingenioso, divertido y realista relato, je,je ...cuantos vecinos habrá que suspiren por sus vecinas, (...o a la inversa). Te felicito por tu buen escribir y gran sentido del humor. Un abrazo estimado amigo.
 
Eladio.

Divertida lectura nos has ofrecido. bella faceta que te descubro y que me gusta mucho por que me haz internado en el mundo de la imaginación. y por que siempre me ha causdo mucha risa el temor que los ratones le dan a muchas personas.. En mi caso no es Así. pero es muy divertido. Estrellas amigo.
 
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



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Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011















Jajajaja. Vaya, vaya. Día de ratones, muslos y pan mojado. Si lo juntamos todo sale sola la picaresca, jajajaja...
Pero tú lo pasaste mal amigo, encima que la vecina te enseña los muslos y se te echa encima, te vuelves a casa con el pan mojado, y sin haber tocado al ratón, jajajaja. Más al repetir la jugada en casa desprecias el salto de tu tigresa y lo pagas con el pobre ratón y a callar que es bueno. Umnnnn. Que cosas te pasan. Ocurrente es que ambas provoquen el mismo estado de pánico con sus maridos y estos ambos les rechacen, jajajaja...
¡Pal vecino los muslos, pechuga y pavo! Jajajaja...
Bueno que me voy a partir algo y la mujer me está mirando mal, y si se lo cuento se inventará un ratón esta noche. ¡Andaaa y no tengo pan tierno! Bueno que se apañe si está duro...
Me vas ha hacer malo de tanto dar pistas Eladio...
Te dejo estrellas y repu, amigo porque desde luego necesitamos mover los muslos,
¡ayyy, digo los labios al reirnos!
Abrazos...
 
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



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Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011















Muy buen relato Eladio,te he regalado varias sonrisas con su lectura,las prosas te quedan estupendas siempre,gracias por compartirla,un beso Sandra
 
Ay esos ratones endiablados que levantan pasiones cuando se dejan ver,muy grato leer tu relato amigo dulcinista, me dejo una sonrisa y esperanzas de poder ver a esa señora pelz.Un saludo y mis felicitaciones.
 
Última edición:
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



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Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011


ELADIO

¡Me alegraste la tarde
con tu entretenido relato!

Un fortísimo abrazo quiteño.
 
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



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Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011













Mi amigo has alegrado mi noche que GENIO, moraleja si hablamos de muslos debemos tener un raton en el bolsillo, nunca me voy a olvidar de eso amigo! Feliz dia que termines de lo mejor, y gracias!!!
 
[FONT=&quot][FONT=&quot]Muy bonita tu prosa Eladio, muy ingeniosa y con un mensaje...eres una fuente eterna de inspiración.[FONT=&quot]
Una prosa graciosa a la vez que en muchas ocasiones muy cierta. La misma que nos deja a veces el juego de deseos y pasión.
Un abrazo de tu amigo José Manuel.
[FONT=&quot]Maese Josman
 
Interesantes, el relato y los muslos de la señora Pelz. El ratón si bien es el causante del revuelo y del casual encuentro con los muslos (incluso los de pollo), sin embargo es una pobre víctima, mi solidaridad con el ratoncito. Felicito tus buenas letras.
 
¡Ayyyy el ratón!, amigo mío aquí anda
ayssss, eith! es un ratón listo, no ha corrido
se detuvo frente a mi... ¿que estará mirando?
Tanto brinco ya me dio hambrita... ¿no tienes un
pedazo de pan?

Ah mi estimado poeta, sabes q eres de los pocos poetas q
me encanta leer en relatos y prosas, micros y demás tienes
el toque, el estilo, la espontaneidad y el talento para esto,
así q te nombro mi escritor favorito en esos apartados, ok,
kisses.
 

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