Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Cuando miro hacia arriba me falta un telescopio; cuando lo hago hacia abajo: un microscopio. Pero un ser tan enorme como para mirar -el para mí- universo infinito, casi como si fuera parte de un cuerpo como el mio, donde los espacios son invisibles, y donde, para ver el tejido es indispensable el uso de un microscopio.
Imagino un ser para el cual el cuerpo de una bacteria es algo así como un sistema solar. Un ser que ve las moléculas y los átomos que conforman mi cuerpo tan separadas entre sí, que no puede ni siquiera imaginar que eso que mira es un cuerpo visto desde una visión más macro que la suya.
Y alguien una vez me dijo que eso no era posible. Que todo llegaba a un punto en donde lo reducido de los espacios hacía imposible la ocurrencia de un fenómeno así. Lo bueno es que fue solo una opinión a la ligera, digamos que desde su muy personal perspectiva observadora. Porque es fácil imaginar que la punta de un alfiler tiene tan pocas capacidades de albergar lo que aceptamos como cuerpos vivos o vida.
Hoy que el ser humano manda objetos para estar presente donde le es por hoy imposible estar, pienso, siento que es la búsqueda más básica y sencilla pese a lo complejo y difícil que puede ser emprenderla.
Le es imposible todavía crear un punto de observación desde donde las cosas se pueden apreciar con una perspectiva diferente y ver a las admirables galaxias como si fueran el riñón, el corazón, los pulmones de algo. Y si sus capacidades tecnológicas le permitiesen hacer su visión tan macro que no pudiera percibir desde ahí los espacios abiertos que contemplamos desde nuestra microvisión.
Más tarde, y mucho más tarde por supuesto, porque el interés que el hombre pone en el mundo micro tiene más que ver con las batallas de sobrevivencia con esos seres "invisibles" pero poderosos que pueden poner en riesgo a la especie humana y el humano precisa conocer cómo protegerse de sus efectos mortíferos. El universo micro, que debe ser tan infinito como el macro pese a nuestras percepciones, no corre el riesgo de ser invadido con fines de colonización, cómo formar un imperio en algo más ínfimo que el espacio de la punta de una aguja. Hacia allá no están dirigidas nuestras armadas, apenas las defensas químicas.
Una tarde de otoño, conversando con un grupo de hormigas mientras estas despojaban a mi limonar de sus hojas, me enteré lo que somos para ellas. Algo parecido a un fenómeno hidrometereológico. Sí, de repente generamos mucho alimento, como si fuéramos lluvia o sol; otras veces traemos la destrucción, producimos tóxicos, de repente también somos algo como un fenómeno sísmico, aplastamos vías de comunicación, comunidades, nidos.
Una araña desde su telar, aprovechando el instante en que la puerta de la comunicación se abrió me dijo que para ella eramos algo así como un establo, el mosco nos ordeña y ya ebrio de saciedad alimenticia no se fija por donde vuela y cae en sus redes, la araña me explicó que para ella no era digerible la sangre humana con sus nutrientes, para su delicado paladar las cosas funcionaban igual que funciona para nosotros ese delicioso café árabe que debe pasar por el sistema digestivo del ratón, y después de defecado, ya esta listo para el paladar más exigente del los humanos.
Mi interés se enfocaba en la percepción de otras visiones cotejadas con la mía. Ambas, araña y hormiga se extrañaron cuando les hablé del cielo estrellado.
-Cuál, eso no existe, dijeron al unisono.
Voltearon a ver hacia el cielo y sus visiones no percibían nada de lo que yo hablaba. No estaban adaptadas para eso. Ya vendrán tiempos en que los insectos se auxilien como nosotros de instrumentos para percibir y estudiar lo que a simple vista no perciben.
Resulta muy complejo imaginar que yendo hacia espacios infinitamente reducidos se pueda descubrir estructuras y formas de los nosotros definimos o comprendemos como formas de vida. Pero solo lo resulta para nuestra consciencia de seres que habitan en un punto definido de la escala dimensional de las cosas y objetos. Más arriba o más abajo de la escala también se puede establecer un punto de referencia al cual, al ser que somos, le queda imposibilitado percibir estudiar o comprobar y con eso cierra su ciclo de interés, todo lo contrario sucede hacia el espacio macro en donde el hombre tiene todos los espacios a su disposición, espacios para los cuales tiene también limitaciones ya que las dimensiones mayores para los cuales el ser humano es un nano pelo de protón, le es imposible imaginar estructuras para las cuales necesitaría otro posicionamiento en la escala dimensional de las cosas.
Leemos que cierto científico o grupo de científicos ha descubierto por fin la partícula más pequeña del átomo y que le llaman "X", y ese descubrimiento permanece como verdadero, por un tiempo mientras otras curiosidades se asoman a ese mundo sin financiamientos para sus curiosidades porque por ahí no hay recursos ni riquezas que puedan compensar y redituar beneficios que retribuyan con creces los patrocinios.
Imagino un ser para el cual el cuerpo de una bacteria es algo así como un sistema solar. Un ser que ve las moléculas y los átomos que conforman mi cuerpo tan separadas entre sí, que no puede ni siquiera imaginar que eso que mira es un cuerpo visto desde una visión más macro que la suya.
Y alguien una vez me dijo que eso no era posible. Que todo llegaba a un punto en donde lo reducido de los espacios hacía imposible la ocurrencia de un fenómeno así. Lo bueno es que fue solo una opinión a la ligera, digamos que desde su muy personal perspectiva observadora. Porque es fácil imaginar que la punta de un alfiler tiene tan pocas capacidades de albergar lo que aceptamos como cuerpos vivos o vida.
Hoy que el ser humano manda objetos para estar presente donde le es por hoy imposible estar, pienso, siento que es la búsqueda más básica y sencilla pese a lo complejo y difícil que puede ser emprenderla.
Le es imposible todavía crear un punto de observación desde donde las cosas se pueden apreciar con una perspectiva diferente y ver a las admirables galaxias como si fueran el riñón, el corazón, los pulmones de algo. Y si sus capacidades tecnológicas le permitiesen hacer su visión tan macro que no pudiera percibir desde ahí los espacios abiertos que contemplamos desde nuestra microvisión.
Más tarde, y mucho más tarde por supuesto, porque el interés que el hombre pone en el mundo micro tiene más que ver con las batallas de sobrevivencia con esos seres "invisibles" pero poderosos que pueden poner en riesgo a la especie humana y el humano precisa conocer cómo protegerse de sus efectos mortíferos. El universo micro, que debe ser tan infinito como el macro pese a nuestras percepciones, no corre el riesgo de ser invadido con fines de colonización, cómo formar un imperio en algo más ínfimo que el espacio de la punta de una aguja. Hacia allá no están dirigidas nuestras armadas, apenas las defensas químicas.
Una tarde de otoño, conversando con un grupo de hormigas mientras estas despojaban a mi limonar de sus hojas, me enteré lo que somos para ellas. Algo parecido a un fenómeno hidrometereológico. Sí, de repente generamos mucho alimento, como si fuéramos lluvia o sol; otras veces traemos la destrucción, producimos tóxicos, de repente también somos algo como un fenómeno sísmico, aplastamos vías de comunicación, comunidades, nidos.
Una araña desde su telar, aprovechando el instante en que la puerta de la comunicación se abrió me dijo que para ella eramos algo así como un establo, el mosco nos ordeña y ya ebrio de saciedad alimenticia no se fija por donde vuela y cae en sus redes, la araña me explicó que para ella no era digerible la sangre humana con sus nutrientes, para su delicado paladar las cosas funcionaban igual que funciona para nosotros ese delicioso café árabe que debe pasar por el sistema digestivo del ratón, y después de defecado, ya esta listo para el paladar más exigente del los humanos.
Mi interés se enfocaba en la percepción de otras visiones cotejadas con la mía. Ambas, araña y hormiga se extrañaron cuando les hablé del cielo estrellado.
-Cuál, eso no existe, dijeron al unisono.
Voltearon a ver hacia el cielo y sus visiones no percibían nada de lo que yo hablaba. No estaban adaptadas para eso. Ya vendrán tiempos en que los insectos se auxilien como nosotros de instrumentos para percibir y estudiar lo que a simple vista no perciben.
Resulta muy complejo imaginar que yendo hacia espacios infinitamente reducidos se pueda descubrir estructuras y formas de los nosotros definimos o comprendemos como formas de vida. Pero solo lo resulta para nuestra consciencia de seres que habitan en un punto definido de la escala dimensional de las cosas y objetos. Más arriba o más abajo de la escala también se puede establecer un punto de referencia al cual, al ser que somos, le queda imposibilitado percibir estudiar o comprobar y con eso cierra su ciclo de interés, todo lo contrario sucede hacia el espacio macro en donde el hombre tiene todos los espacios a su disposición, espacios para los cuales tiene también limitaciones ya que las dimensiones mayores para los cuales el ser humano es un nano pelo de protón, le es imposible imaginar estructuras para las cuales necesitaría otro posicionamiento en la escala dimensional de las cosas.
Leemos que cierto científico o grupo de científicos ha descubierto por fin la partícula más pequeña del átomo y que le llaman "X", y ese descubrimiento permanece como verdadero, por un tiempo mientras otras curiosidades se asoman a ese mundo sin financiamientos para sus curiosidades porque por ahí no hay recursos ni riquezas que puedan compensar y redituar beneficios que retribuyan con creces los patrocinios.
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