¿Qué demonios le pasa a los peces de mi acuario?

pablo7972

Poeta que considera el portal su segunda casa


¡Qué tristeza!

Los pequeños peces rojos y el negrichuelo de ojos saltones parecían gravemente compungidos. No por novicio me creía incapaz de mantener con vida a aquellos inquilinos, tampoco por estulticia ni por falta de conocimientos acuáticos. No en balde, en otra vida podría haber sido una carpa o un lucio de los procelosos ríos de mi patria, tal vez en el alto Ebro, en el Miño o en el Duero. Pero, lejos de la ficción, aquellos pequeños escamados se me estaban muriendo. ¡Qué fatalidad!

Agarré por las asideras el volante de mi inobservancia, es decir, la guía de teléfonos. Una simple llamada al vendedor, al amigo Fran, al de la gorra con el tucán, y tendría la solución en mi mano en sólo un par de minutos, tanto así como que los pequeños corpezuelos de los karassius se esparramarían por la misma si no procedía de inmediato a solucionar con la máxima diligencia aquel envite de la naturaleza.

Mientras mis ojos se volvían a sumergir en las brillantes aguas del nuevo acuario, tamizadas por el filtro casi insonoro y abaneadas por las plásticas copas y corolas de color rojo vivaz de las abundantes plantitas acuáticas, mis ojos echaron a danzar por entre los botes verdes de aprovisionamiento que hacían guardia día y noche frente al grueso vidrio del habitáculo marino.

La verdad era que mi amigo Fran se estaba demorando ya un poquito en atrapar su inalámbrico, posiblemente desde debajo de alguna ratonera o incluso oculta entre los fardos de pelo esquilados a cualquiera de los golden retriever y caniches que proliferaban por el barrio. Sin duda, Fran era un hombre muy ocupado.

Esperando y con el corazón en pausa, rememoré todos los pasos del buen aficionado a los acuarios; el bio-filter, con sus agentes bacterianos limpiador de excrementos y demás inmundicias del agua, el alimento específico para los peces rojos y el delicado Carassius auratus de ojillos telescópicos, el algicida, el bote de vitaminas, el anticloro, el multicure para infecciones parasitarias y, ya por último, el regulador del Ph del agua.

- ¡Coge el teléfono, Fran!, ¡coño, cógelo ya o se me mueren los delfines!

Al fin se descolgó el teléfono al otro lado de la línea. La voz de Fran parecía la del técnico de lavadoras, dispuesto a acudir con una factura proforma en una mano y un cronómetro en la otra.

- Dime, chaval. Que ahora estoy un poco liado, le estaba tajando las uñas a las ninfas.

- Vale, Fran, sólo es un minuto, que sé que eres un monstruo de los acuarios y seguro que yo estoy haciendo algo mal. Es que... se me están decayendo los pececitos, ¿sabes? No sé qué les pasa, parece que se me van a morir en cualquier momento...

- Pero, una cosita, ¿les pusiste el anticloro? ¿el algicida? ¿las vitaminas? ¿el alimento seco? ¿le añadiste al acuario la decoración arenosa del fondo? ¿y el mural de colorido aspecto marino lo pegaste en el cristal posterior?

- ¡Que sí, que sí, que no es eso! No hay tiempo que perder. ¡Que se me mueren!

- Espera, amigo... hay que seguir el protocolo. ¿Les pusiste también la luz de rayos uva? ¿la decoración marina a base de plantas acuáticas? ¿piedras suficientes para que tengan donde esconderse? ¿controlaste y corregiste el Ph del agua?

- Ya te dije que está todo eso mirado y controlado. Tengo más de 8 botes verdes todos abiertos junto al acuario. ¡Joder! Parece un ejército de momias ahí mirando para los pescados... pero lo más bonito es que el karassius telescópico anda rebuscando por el fondo como si no pudiera ya aletear parriba, como si no tuviera fuerzas, y el otro... ¡me da una penita verlo! ¡Que se me quedan en el sitio a las cuarenta y ocho horas! ¿qué hago? ¡Dime!

El amigo Fran aspiró una bocanada al otro lado del hilo. Estaría pensando. O fumando. O las dos cosas. Tal vez las cenizas caerían irremisiblemente al fondo del acuario comunitario en su pequeña tienda. Pero los peces de Fran eran resistentes a todo. Estaban acostumbrados a eso, y a mucho más.

- Amigo, ya sé lo que te falta. Y tienes toda la razón... me olvidé de advertirte cuando compraste el acuario. ¿No recuerdas que te hablé de que no todo viene en los libros?

- Ahora caigo, Fran, algo me dijiste, pero fue cuando me cayó la bolsita de los peces al suelo y no zanjamos aquella conversación.

- Ya, claro. Pues, ¡aprisita! Toma nota y haz todo lo que te voy a decir... Si no lo haces y rapidito, mañana no hace falta que vayas a hacer la compra, que podrás comer pez chico de la ría a la plancha. ¡Apunta...!

------------------------------------------------------------------------------------------------

Diez minutos después, los peces parecían haber envejecido meses. Pero ya tenía la solución entre manos. Había estado tan lejos de mí como distante quedaba la cocina.

- Te falta recrear, amigo, las condiciones normales de los peces en el río - me había dicho con una risa estentórea el astuto vendedor - ¡Las condiciones normales de los peces en el río! Por instinto atávico, los peces exigen cada día más particularidades. Son... joder, son... ¡como esponjas! - había dicho con una risa demoníaca - ¡como esponjas!

Me cuadré delante del acuario y la bombilla de bajo consumo desnuda de plafón proyectó mi larga sombra sobre aquella jaula de cristal y sus agonizantes moradores. Me sonreí.

En la mano derecha, atenazaba una lata aplastada de coca-cola, en la izquierda una botella de lejía casi vacía, y... sin tapón, claro.

Pensativo, traté de recordar como penúltima medida dónde había puesto el cenicero.

Y quedaba una última cuestión. ¿Dónde podría encontrar antes de la noche una compresa sucia y unos tampones usados?
 
Última edición:
Se parece mucho a mi pecerita...
Ah, todo eso que dices lo vivi el aÑo pasado,
cuando se me estaban muriendo los peces...ahora estÁn bien. Dime, estos son los nuevos?
O la que tenias antes?

Espero todo bien por ese lado, y tu transiciÓn no los afecte.

Besos
 
pablo nunca he tenido peces en casa ...por suerte ...ya que con todos los animales que ya hay ...leyendo tu relato ....no podria...jajajaj

Muy lindo trabajo ...me gusta mucho como haces viajar a la imaginacion amigo.

Estrellas para tan maravillosa pluma.

cariños Maru
 
"las condiciones normales de los peces en el río "

Las que les imponemos, las que le hemos obligado, ya me gustaría llenar las casas de algunos con la basura que dejan en las aguas, a ver cuanto podrían vivir sin asfixiarse. Nunca podré entener la manía de los humanos de ensunciar el agua que beben, como pueden tirar despedicio en la misma playa donde permiten bañar a sus hijos... ojala y por un segundo tubieran que ser una criatura de algun río o del mar y entenderían lo que significa nadar, respirar y beber basura....
Mi niño he disfrutado leerte y gracias por compartir tu creatividad, besos y bendiciones.

 
Última edición:
Se parece mucho a mi pecerita...
Ah, todo eso que dices lo vivi el aÑo pasado,
cuando se me estaban muriendo los peces...ahora estÁn bien. Dime, estos son los nuevos?
O la que tenias antes?

Espero todo bien por ese lado, y tu transiciÓn no los afecte.

Besos

Gracias, Sheyla, esta es una foto de Internet, nada más, el acuario es más pequeñito y aún asi les pareció grande, será la cuarta parte de éste, 25 litros , nada más. Para 2 ó 3 pececillos chiquitos, y que no crezcan. Besos y gracias por detenerte, era algo larga esta prosa también.
 
pablo nunca he tenido peces en casa ...por suerte ...ya que con todos los animales que ya hay ...leyendo tu relato ....no podria...jajajaj

Muy lindo trabajo ...me gusta mucho como haces viajar a la imaginacion amigo.

Estrellas para tan maravillosa pluma.

cariños Maru

Pues te agradezco ese cumplido a la pluma, y tu visión de los animales también la comparto, amiga, ¿qué le vamos a hacer? Te dejo mi abrazo y cariño
 
"las condiciones normales de los peces en el río "

Las que les imponemos, las que le hemos obligado, ya me gustaría llenar las casas de algunos con la basura que dejan en las aguas, a ver cuanto podrían vivir sin asfixiarse. Nunca podré entener la manía de los humanos de ensunciar el agua que beben, como pueden tirar despedicio en la misma playa donde permiten bañar a sus hijos... ojala y por un segundo tubieran que ser una criatura de algun río o del mar y entenderían lo que significa nadar, respirar y beber basura....
Mi niño he disfrutado leerte y gracias por compartir tu creatividad, besos y bendiciones.



¿Tú eres de mar o de río? ¿De mar? ¿si te paso por el acuario me limpias las algas ? jajajajaj Es que me han dicho que tengo que poner un pez comealgas, jajajaja, andan por los fondos.
Gracias por cuidar el mar, Alec. Abrazos
 
Si, supongo que para recrear mejor los rios hay que añadirle basura a las peceras, je,je,je. Me ha gustado tu prosa Pablo, apuntando a la suciedad de algunos ríos, y lo poco cuidadosa que es alguna gente con el entorno, llenándolo todo de basura. Un abrazo amigo.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX a tu creatividad.
 
Niño tu acuario es enano para mí, si hasta el mar por mometo me queda chico jajaja. Soy del mar, pero sobrevivo en agua dulce, y lo de comer algas, depende cuales sean tus algas jajaja, me encantan fresquitas, pero dudo que las que me gustan esten en tu pecera, las he encontrado en un solo lugar... cuida tus pecesitos... besos y bendiciones querido amigo.

¿Tú eres de mar o de río? ¿De mar? ¿si te paso por el acuario me limpias las algas ? jajajajaj Es que me han dicho que tengo que poner un pez comealgas, jajajaja, andan por los fondos.
Gracias por cuidar el mar, Alec. Abrazos
 
Última edición:
Claro, como no lo había pensado, si el agua del río es un asco el agua de la pecera también lo debe ser, para crearles su condición natural y vivan más felices.
Como siempre la nostalgia se presenta. Me hiciste acordar cuando teníamos peces en la casa; de entrada había dicho que no los quería para nada, no lo sé, son lindos y todo eso, pero no son como los perros o los gatos que demuestran un cariño y afecto genuino y primitivo. Era gracioso y horrible a la vez, les pusimos nuestros nombres y el primero que quedó flotando fue el que tenía el mío jajajaj.
Ahora bien, no puedo contener mi alegría por encontrar gente como tú tan amante de los animales. Se nota por tus escritos y las imágenes que usas, una vez un perro, otra vez una vaca... qué tierno¡¡¡ Yo soy más de los que van al zoológico y dicen un qué lindo bastante frío. Pero por suerte no todos son hacen como yo.
Un mar de creatividad tu mente. Gracias por compartir este relato que me dibujó una sonrisa bien dibujada.
Saludos y saluditos amigo.
 
Si es que ya decía yo.. que un ambiente tan aséptico acaba por enfermar hasta el más pintado... jajaja... me encantó tu relato, me has sacado una sonrisa al leerlo. Muy amena tu prosa, Pablo. Mis felicitaciones, amigo. Un abrazo.
 
Claro, como no lo había pensado, si el agua del río es un asco el agua de la pecera también lo debe ser, para crearles su condición natural y vivan más felices.
Como siempre la nostalgia se presenta. Me hiciste acordar cuando teníamos peces en la casa; de entrada había dicho que no los quería para nada, no lo sé, son lindos y todo eso, pero no son como los perros o los gatos que demuestran un cariño y afecto genuino y primitivo. Era gracioso y horrible a la vez, les pusimos nuestros nombres y el primero que quedó flotando fue el que tenía el mío jajajaj.
Ahora bien, no puedo contener mi alegría por encontrar gente como tú tan amante de los animales. Se nota por tus escritos y las imágenes que usas, una vez un perro, otra vez una vaca... qué tierno¡¡¡ Yo soy más de los que van al zoológico y dicen un qué lindo bastante frío. Pero por suerte no todos son hacen como yo.
Un mar de creatividad tu mente. Gracias por compartir este relato que me dibujó una sonrisa bien dibujada.
Saludos y saluditos amigo.

Con los años que tienes, es probable que puedas generar sentimientos de los que ahora tal vez no conoces. En mi caso, compañero, mi amor por los animales tiene una lógica, y es en cierta manera la forma de idealizar un sentido de la justicia que aparece perdido en la cotidianeidad. El ser indefenso, podría ser persona, pero también cualquier otro ser vivo, indefenso en el máximo de sus sentidos, como puede serlo igualmente un niño muy joven, tal vez desnutrido, se materializa en los animales que yo observo. Su incapacidad de entender la lógica humana, de comprender el odio cerval del ser humano encuadrado en determinados ritos y costumbres como la taurina o las tan multitudinarias en mi país celebraciones y festejos veraniegos (de los que ya se ha poetizado en este mismo foro, por ejemplo, el Toro de la Vega, por mi amigo Luis - Libra8), la incapacidad para contrarrestar, para defenderse, para disfrutar de una última voluntad o de una absolución que nunca existe.
Uno de mis perros esperó 3 ó 4 días consecutivos bajo la lluvia junto al mismo contenedor de basura en que le abandonaron desde un coche. ¿por qué no se fue de allí? ¿por qué no buscó alimento fuera de allí? ¿por qué no comenzó a vagar, a buscar un nuevo hogar, un chamizo en que cubrirse de la lluvia?
Él no sabía que le habían abandonado. Esta inmensa diferencia entre ellos y nosotros, la inteligencia, que les hace inofensivos ante nosotros y a la vez candorosos, es lo que me lleva a abrazarle, porque sólo así espero resarcirle de todo el sufrimiento que soportó bajo la lluvia. Y ese abrazo sí que lo entiende, aunque sea un perro, sí que lo entiende.
Abrazos para ti amigo mío,
 
Si es que ya decía yo.. que un ambiente tan aséptico acaba por enfermar hasta el más pintado... jajaja... me encantó tu relato, me has sacado una sonrisa al leerlo. Muy amena tu prosa, Pablo. Mis felicitaciones, amigo. Un abrazo.

Me das una alegría, Mariam, me haces sonrojar y a la vez también me arrancas a mí la sonrisa. Abrazos
 


¡Qué tristeza!

Los pequeños peces rojos y el negrichuelo de ojos saltones parecían gravemente compungidos. No por novicio me creía incapaz de mantener con vida a aquellos inquilinos, tampoco por estulticia ni por falta de conocimientos acuáticos. No en balde, en otra vida podría haber sido una carpa o un lucio de los procelosos ríos de mi patria, tal vez en el alto Ebro, en el Miño o en el Duero. Pero, lejos de la ficción, aquellos pequeños escamados se me estaban muriendo. ¡Qué fatalidad!

Agarré por las asideras el volante de mi inobservancia, es decir, la guía de teléfonos. Una simple llamada al vendedor, al amigo Fran, al de la gorra con el tucán, y tendría la solución en mi mano en sólo un par de minutos, tanto así como que los pequeños corpezuelos de los karassius se esparramarían por la misma si no procedía de inmediato a solucionar con la máxima diligencia aquel envite de la naturaleza.

Mientras mis ojos se volvían a sumergían en las brillantes aguas del nuevo acuario, tamizadas por el filtro casi insonoro y abaneadas por las plásticas copas y corolas de color rojo vivaz de las abundantes plantitas acuáticas, mis ojos echaron a danzar por entre los botes verdes de aprovisionamiento que hacían guardia día y noche frente al grueso vidrio del habitáculo marino.

La verdad era que mi amigo Fran se estaba demorando ya un poquito en atrapar su inalámbrico, posiblemente desde debajo de alguna ratonera o incluso oculta entre los fardos de pelo esquilados a cualquiera de los golden retriever y caniches que proliferaban por el barrio. Sin duda, Fran era un hombre muy ocupado.

Esperando y con el corazón en pausa, rememoré todos los pasos del buen aficionado a los acuarios; el bio-filter, con sus agentes bacterianos limpiador de excrementos y demás inmundicias del agua, el alimento específico para los peces rojos y el delicado Carassius auratus de ojillos telescópicos, el algicida, el bote de vitaminas, el anticloro, el multicure para infecciones parasitarias y, ya por último, el regulador del Ph del agua.

- ¡Coge el teléfono, Fran!, ¡coño, cógelo ya o se me mueren los delfines!

Al fin se descolgó el teléfono al otro lado de la línea. La voz de Fran parecía la del técnico de lavadoras, dispuesto a acudir con una factura proforma en una mano y un cronómetro en la otra.

- Dime, chaval. Que ahora estoy un poco liado, le estaba tajando las uñas a las ninfas.

- Vale, Fran, sólo es un minuto, que sé que eres un monstruo de los acuarios y seguro que yo estoy haciendo algo mal. Es que... se me están decayendo los pececitos, ¿sabes? No sé qué les pasa, parece que se me van a morir en cualquier momento...

- Pero, una cosita, ¿les pusiste el anticloro? ¿el algicida? ¿las vitaminas? ¿el alimento seco? ¿le añadiste al acuario la decoración arenosa del fondo? ¿y el mural de colorido aspecto marino lo pegaste en el cristal posterior?

- ¡Que sí, que sí, que no es eso! No hay tiempo que perder. ¡Que se me mueren!

- Espera, amigo... hay que seguir el protocolo. ¿Les pusiste también la luz de rayos uva? ¿la decoración marina a base de plantas acuáticas? ¿piedras suficientes para que tengan donde esconderse? ¿controlaste y corregiste el Ph del agua?

- Ya te dije que está todo eso mirado y controlado. Tengo más de 8 botes verdes todos abiertos junto al acuario. ¡Joder! Parece un ejército de momias ahí mirando para los pescados... pero lo más bonito es que el karassius telescópico anda rebuscando por el fondo como si no pudiera ya aletear parriba, como si no tuviera fuerzas, y el otro... ¡me da una penita verlo! ¡Que se me quedan en el sitio a las cuarenta y ocho horas! ¿qué hago? ¡Dime!

El amigo Fran aspiró una bocanada al otro lado del hilo. Estaría pensando. O fumando. O las dos cosas. Tal vez las cenizas caerían irremisiblemente al fondo del acuario comunitario en su pequeña tienda. Pero los peces de Fran eran resistentes a todo. Estaban acostumbrados a eso, y a mucho más.

- Amigo, ya sé lo que te falta. Y tienes toda la razón... me olvidé de advertirte cuando compraste el acuario. ¿No recuerdas que te hablé de que no todo viene en los libros?

- Ahora caigo, Fran, algo me dijiste, pero fue cuando me cayó la bolsita de los peces al suelo y no zanjamos aquella conversación.

- Ya, claro. Pues, ¡aprisita! Toma nota y haz todo lo que te voy a decir... Si no lo haces y rapidito, mañana no hace falta que vayas a hacer la compra, que podrás comer pez chico de la ría a la plancha. ¡Apunta...!

------------------------------------------------------------------------------------------------

Diez minutos después, los peces parecían haber envejecido meses. Pero ya tenía la solución entre manos. Había estado tan lejos de mí como distante quedaba la cocina.

- Te falta recrear, amigo, las condiciones normales de los peces en el río - me había dicho con una risa estentórea el astuto vendedor - ¡Las condiciones normales de los peces en el río! Por instinto atávico, los peces exigen cada día más particularidades. Son... joder, son... ¡como esponjas! - había dicho con una risa demoníaca - ¡como esponjas!

Me cuadré delante del acuario y la bombilla de bajo consumo desnuda de plafón proyectó mi larga sombra sobre aquella jaula de cristal y sus agonizantes moradores. Me sonreí.

En la mano derecha, atenazaba una lata aplastada de coca-cola, en la izquierda una botella de lejía casi vacía, y... sin tapón, claro.

Pensativo, traté de recordar como penúltima medida dónde había puesto el cenicero.

Y quedaba una última cuestión. ¿Dónde podría encontrar antes de la noche una compresa sucia y unos tampones usados?

hohohohohohohoohohohohohho hahahahahaha qué preguntas son esa lobillo, es que acaso el nombre no lo dice todo (estoy de broma así que aguántame hoy), pero solo de verte los asustas y sacátelas, ni modo mi rey, debes darles amor no achustarlos hahaha na, tiene sus estados como nosotros, acaso lo te enseñaron que son seres vivos, obvio sientes como los de las caricaturas de disney esa pecezuelos, algo así tiene su vida, por eso se reproducen, comen etc etc etc, así que ni modo a darles rienda hahaha besos lobis ya me voy que ni se que acabo de puner hahaha besos
 
Yo no creo que todo eso lo hayas tirado a la pecera....!!!jejeje.
"Los peces son como esponjas", quizá les perjudique además de la contaminación de las aguas, la manera como los tratas, aunque no lo creas, son pequeños o grandes pero seres vivientes al fin, y como tal, reciben también lo positivo o negativo de tu energía. Las peceras son recomendadas como una terapia para relajar (con peces dentro, claro), pero también debes ser recíproco con esos animalillos acuáticos, relájate tú también, jajaja. En serio.
Como siempre tu prosa hermosa, provechoza, preciosa, generosa....No hay otra cosa. Besos Pablín.
 


¡Qué tristeza!

Los pequeños peces rojos y el negrichuelo de ojos saltones parecían gravemente compungidos. No por novicio me creía incapaz de mantener con vida a aquellos inquilinos, tampoco por estulticia ni por falta de conocimientos acuáticos. No en balde, en otra vida podría haber sido una carpa o un lucio de los procelosos ríos de mi patria, tal vez en el alto Ebro, en el Miño o en el Duero. Pero, lejos de la ficción, aquellos pequeños escamados se me estaban muriendo. ¡Qué fatalidad!

Agarré por las asideras el volante de mi inobservancia, es decir, la guía de teléfonos. Una simple llamada al vendedor, al amigo Fran, al de la gorra con el tucán, y tendría la solución en mi mano en sólo un par de minutos, tanto así como que los pequeños corpezuelos de los karassius se esparramarían por la misma si no procedía de inmediato a solucionar con la máxima diligencia aquel envite de la naturaleza.

Mientras mis ojos se volvían a sumergir en las brillantes aguas del nuevo acuario, tamizadas por el filtro casi insonoro y abaneadas por las plásticas copas y corolas de color rojo vivaz de las abundantes plantitas acuáticas, mis ojos echaron a danzar por entre los botes verdes de aprovisionamiento que hacían guardia día y noche frente al grueso vidrio del habitáculo marino.

La verdad era que mi amigo Fran se estaba demorando ya un poquito en atrapar su inalámbrico, posiblemente desde debajo de alguna ratonera o incluso oculta entre los fardos de pelo esquilados a cualquiera de los golden retriever y caniches que proliferaban por el barrio. Sin duda, Fran era un hombre muy ocupado.

Esperando y con el corazón en pausa, rememoré todos los pasos del buen aficionado a los acuarios; el bio-filter, con sus agentes bacterianos limpiador de excrementos y demás inmundicias del agua, el alimento específico para los peces rojos y el delicado Carassius auratus de ojillos telescópicos, el algicida, el bote de vitaminas, el anticloro, el multicure para infecciones parasitarias y, ya por último, el regulador del Ph del agua.

- ¡Coge el teléfono, Fran!, ¡coño, cógelo ya o se me mueren los delfines!

Al fin se descolgó el teléfono al otro lado de la línea. La voz de Fran parecía la del técnico de lavadoras, dispuesto a acudir con una factura proforma en una mano y un cronómetro en la otra.

- Dime, chaval. Que ahora estoy un poco liado, le estaba tajando las uñas a las ninfas.

- Vale, Fran, sólo es un minuto, que sé que eres un monstruo de los acuarios y seguro que yo estoy haciendo algo mal. Es que... se me están decayendo los pececitos, ¿sabes? No sé qué les pasa, parece que se me van a morir en cualquier momento...

- Pero, una cosita, ¿les pusiste el anticloro? ¿el algicida? ¿las vitaminas? ¿el alimento seco? ¿le añadiste al acuario la decoración arenosa del fondo? ¿y el mural de colorido aspecto marino lo pegaste en el cristal posterior?

- ¡Que sí, que sí, que no es eso! No hay tiempo que perder. ¡Que se me mueren!

- Espera, amigo... hay que seguir el protocolo. ¿Les pusiste también la luz de rayos uva? ¿la decoración marina a base de plantas acuáticas? ¿piedras suficientes para que tengan donde esconderse? ¿controlaste y corregiste el Ph del agua?

- Ya te dije que está todo eso mirado y controlado. Tengo más de 8 botes verdes todos abiertos junto al acuario. ¡Joder! Parece un ejército de momias ahí mirando para los pescados... pero lo más bonito es que el karassius telescópico anda rebuscando por el fondo como si no pudiera ya aletear parriba, como si no tuviera fuerzas, y el otro... ¡me da una penita verlo! ¡Que se me quedan en el sitio a las cuarenta y ocho horas! ¿qué hago? ¡Dime!

El amigo Fran aspiró una bocanada al otro lado del hilo. Estaría pensando. O fumando. O las dos cosas. Tal vez las cenizas caerían irremisiblemente al fondo del acuario comunitario en su pequeña tienda. Pero los peces de Fran eran resistentes a todo. Estaban acostumbrados a eso, y a mucho más.

- Amigo, ya sé lo que te falta. Y tienes toda la razón... me olvidé de advertirte cuando compraste el acuario. ¿No recuerdas que te hablé de que no todo viene en los libros?

- Ahora caigo, Fran, algo me dijiste, pero fue cuando me cayó la bolsita de los peces al suelo y no zanjamos aquella conversación.

- Ya, claro. Pues, ¡aprisita! Toma nota y haz todo lo que te voy a decir... Si no lo haces y rapidito, mañana no hace falta que vayas a hacer la compra, que podrás comer pez chico de la ría a la plancha. ¡Apunta...!

------------------------------------------------------------------------------------------------

Diez minutos después, los peces parecían haber envejecido meses. Pero ya tenía la solución entre manos. Había estado tan lejos de mí como distante quedaba la cocina.

- Te falta recrear, amigo, las condiciones normales de los peces en el río - me había dicho con una risa estentórea el astuto vendedor - ¡Las condiciones normales de los peces en el río! Por instinto atávico, los peces exigen cada día más particularidades. Son... joder, son... ¡como esponjas! - había dicho con una risa demoníaca - ¡como esponjas!

Me cuadré delante del acuario y la bombilla de bajo consumo desnuda de plafón proyectó mi larga sombra sobre aquella jaula de cristal y sus agonizantes moradores. Me sonreí.

En la mano derecha, atenazaba una lata aplastada de coca-cola, en la izquierda una botella de lejía casi vacía, y... sin tapón, claro.

Pensativo, traté de recordar como penúltima medida dónde había puesto el cenicero.

Y quedaba una última cuestión. ¿Dónde podría encontrar antes de la noche una compresa sucia y unos tampones usados?



Hola, ya te dije que metieras dos pirañas, que no muerden-
Por cierto Fran, es uno de los protagonistas de la tortilla que está sin acabar. Me encanta cuando escribes prosa en este foro, me gustaría verte más a menudo por aquí. Abrazos genio.
 
Siempre he sentido profundo cariño por los animales (en especial por los perritos)
Y es grato leerte, es conmovedor al sentir que los pequeños envejecen y tu impotencia
En las manos...me ha gustado pasar a visitar tu pecera!
 
Si, supongo que para recrear mejor los rios hay que añadirle basura a las peceras, je,je,je. Me ha gustado tu prosa Pablo, apuntando a la suciedad de algunos ríos, y lo poco cuidadosa que es alguna gente con el entorno, llenándolo todo de basura. Un abrazo amigo.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX a tu creatividad.
Así es, Carlos, supongo que será necesario revolver el fondo también y añadir algún que otro vertido industrial. Un abrazo
 
hohohohohohohoohohohohohho hahahahahaha qué preguntas son esa lobillo, es que acaso el nombre no lo dice todo (estoy de broma así que aguántame hoy), pero solo de verte los asustas y sacátelas, ni modo mi rey, debes darles amor no achustarlos hahaha na, tiene sus estados como nosotros, acaso lo te enseñaron que son seres vivos, obvio sientes como los de las caricaturas de disney esa pecezuelos, algo así tiene su vida, por eso se reproducen, comen etc etc etc, así que ni modo a darles rienda hahaha besos lobis ya me voy que ni se que acabo de puner hahaha besos

Claro que era ficción, Marián, aún no llegaron los pececitos jeje, no hay problema, no los voy a matar. ¿nemito? ¿buscando a su mamá? Es como el cuento de Marco buscando a su mamá en la Argentina de nuevo... me voy, yo tampoco sé muy bien qué acabo de poner, igual la cena estaba adulterada. jajaja
 
Yo no creo que todo eso lo hayas tirado a la pecera....!!!jejeje.
"Los peces son como esponjas", quizá les perjudique además de la contaminación de las aguas, la manera como los tratas, aunque no lo creas, son pequeños o grandes pero seres vivientes al fin, y como tal, reciben también lo positivo o negativo de tu energía. Las peceras son recomendadas como una terapia para relajar (con peces dentro, claro), pero también debes ser recíproco con esos animalillos acuáticos, relájate tú también, jajaja. En serio.
Como siempre tu prosa hermosa, provechoza, preciosa, generosa....No hay otra cosa. Besos Pablín.

Gracias por bajar al fondo de la pecera, allí he construido una especie de dolmen con piedrecitas planas y otras más fuertes, para que puedas dormir tranquila alejada de los tiburones. Un beso
 
Hola, ya te dije que metieras dos pirañas, que no muerden-
Por cierto Fran, es uno de los protagonistas de la tortilla que está sin acabar. Me encanta cuando escribes prosa en este foro, me gustaría verte más a menudo por aquí. Abrazos genio.

¡Ah, sí! Aquél conato de prosa cómica que algún día será realidad. Abrzos, genia
 
Siempre he sentido profundo cariño por los animales (en especial por los perritos)
Y es grato leerte, es conmovedor al sentir que los pequeños envejecen y tu impotencia
En las manos...me ha gustado pasar a visitar tu pecera!

Pues yo he publicado algún poema sobre el abandono animal muy al principio, en concreto en Obra Maestra, quizá lo siga siendo o ya no, pero allí está. Sécate un poco los pies, que me parece que la has visto (la pecera) muy de cerca. Abrazos
 
Claro que era ficción, Marián, aún no llegaron los pececitos jeje, no hay problema, no los voy a matar. ¿nemito? ¿buscando a su mamá? Es como el cuento de Marco buscando a su mamá en la Argentina de nuevo... me voy, yo tampoco sé muy bien qué acabo de poner, igual la cena estaba adulterada. jajaja

no inhales muchos carbono de la pecera que jode los sapos no tiene nariz o si?, pr eso no sabes que pones, dijiste buscando a memo? juazzzz sacatelas glup glu sigo aquí
 
jajajaja ahora entiendo por qué mi padre quito y guardo el acuario que tenemos en casajajaj, muy divertida tu prosa. Saludos
 
no inhales muchos carbono de la pecera que jode los sapos no tiene nariz o si?, pr eso no sabes que pones, dijiste buscando a memo? juazzzz sacatelas glup glu sigo aquí
La más loka entre las lokas jajajajajaja, busca, busca... las luces del acuario y el verdor de las plantitas acuáticas debe haberte empañado los ojos... ¿memo? ¡Nemito! ¡Nemito! jajajajaja
Una preguntita a mi enterada de los acuarios favorita... ¿le debo añadir unas gotitas de amoníaco al agua para evigtar la prolefieración de gérmenes? ¿o basta con el fondo de la botella de lejía "alto poder desinfectante"?
Si hace falta, incluso tengo disolvente y aguarrás de cuando pinté unas puertas... así, para que no me salgan blandengues los pecerracos... Dime, dime, ...
 
jajajaja ahora entiendo por qué mi padre quito y guardo el acuario que tenemos en casajajaj, muy divertida tu prosa. Saludos


Muchas gracias, Ana, me alegro de que te haya gustado, te recomiendo regresar el acuario a su sitio preferido, una zona oscura de la casa que entonces no tuviera mucha vida. Abrazos
 
jajajaja
Lo primero darte mi enhorabuena por tu prosa, me arrancaste una sonrisa.
Lo segundo, confieso que yo soy incapaz de mantener vivo ni un simple cactus por lo que tener un acuario sería sentencia de muerte segura para los pobres pececillos..
Besos y estrellas Pablo,
feliz domingo
Eva
 


¡Qué tristeza!

Los pequeños peces rojos y el negrichuelo de ojos saltones parecían gravemente compungidos. No por novicio me creía incapaz de mantener con vida a aquellos inquilinos, tampoco por estulticia ni por falta de conocimientos acuáticos. No en balde, en otra vida podría haber sido una carpa o un lucio de los procelosos ríos de mi patria, tal vez en el alto Ebro, en el Miño o en el Duero. Pero, lejos de la ficción, aquellos pequeños escamados se me estaban muriendo. ¡Qué fatalidad!

Agarré por las asideras el volante de mi inobservancia, es decir, la guía de teléfonos. Una simple llamada al vendedor, al amigo Fran, al de la gorra con el tucán, y tendría la solución en mi mano en sólo un par de minutos, tanto así como que los pequeños corpezuelos de los karassius se esparramarían por la misma si no procedía de inmediato a solucionar con la máxima diligencia aquel envite de la naturaleza.

Mientras mis ojos se volvían a sumergir en las brillantes aguas del nuevo acuario, tamizadas por el filtro casi insonoro y abaneadas por las plásticas copas y corolas de color rojo vivaz de las abundantes plantitas acuáticas, mis ojos echaron a danzar por entre los botes verdes de aprovisionamiento que hacían guardia día y noche frente al grueso vidrio del habitáculo marino.

La verdad era que mi amigo Fran se estaba demorando ya un poquito en atrapar su inalámbrico, posiblemente desde debajo de alguna ratonera o incluso oculta entre los fardos de pelo esquilados a cualquiera de los golden retriever y caniches que proliferaban por el barrio. Sin duda, Fran era un hombre muy ocupado.

Esperando y con el corazón en pausa, rememoré todos los pasos del buen aficionado a los acuarios; el bio-filter, con sus agentes bacterianos limpiador de excrementos y demás inmundicias del agua, el alimento específico para los peces rojos y el delicado Carassius auratus de ojillos telescópicos, el algicida, el bote de vitaminas, el anticloro, el multicure para infecciones parasitarias y, ya por último, el regulador del Ph del agua.

- ¡Coge el teléfono, Fran!, ¡coño, cógelo ya o se me mueren los delfines!

Al fin se descolgó el teléfono al otro lado de la línea. La voz de Fran parecía la del técnico de lavadoras, dispuesto a acudir con una factura proforma en una mano y un cronómetro en la otra.

- Dime, chaval. Que ahora estoy un poco liado, le estaba tajando las uñas a las ninfas.

- Vale, Fran, sólo es un minuto, que sé que eres un monstruo de los acuarios y seguro que yo estoy haciendo algo mal. Es que... se me están decayendo los pececitos, ¿sabes? No sé qué les pasa, parece que se me van a morir en cualquier momento...

- Pero, una cosita, ¿les pusiste el anticloro? ¿el algicida? ¿las vitaminas? ¿el alimento seco? ¿le añadiste al acuario la decoración arenosa del fondo? ¿y el mural de colorido aspecto marino lo pegaste en el cristal posterior?

- ¡Que sí, que sí, que no es eso! No hay tiempo que perder. ¡Que se me mueren!

- Espera, amigo... hay que seguir el protocolo. ¿Les pusiste también la luz de rayos uva? ¿la decoración marina a base de plantas acuáticas? ¿piedras suficientes para que tengan donde esconderse? ¿controlaste y corregiste el Ph del agua?

- Ya te dije que está todo eso mirado y controlado. Tengo más de 8 botes verdes todos abiertos junto al acuario. ¡Joder! Parece un ejército de momias ahí mirando para los pescados... pero lo más bonito es que el karassius telescópico anda rebuscando por el fondo como si no pudiera ya aletear parriba, como si no tuviera fuerzas, y el otro... ¡me da una penita verlo! ¡Que se me quedan en el sitio a las cuarenta y ocho horas! ¿qué hago? ¡Dime!

El amigo Fran aspiró una bocanada al otro lado del hilo. Estaría pensando. O fumando. O las dos cosas. Tal vez las cenizas caerían irremisiblemente al fondo del acuario comunitario en su pequeña tienda. Pero los peces de Fran eran resistentes a todo. Estaban acostumbrados a eso, y a mucho más.

- Amigo, ya sé lo que te falta. Y tienes toda la razón... me olvidé de advertirte cuando compraste el acuario. ¿No recuerdas que te hablé de que no todo viene en los libros?

- Ahora caigo, Fran, algo me dijiste, pero fue cuando me cayó la bolsita de los peces al suelo y no zanjamos aquella conversación.

- Ya, claro. Pues, ¡aprisita! Toma nota y haz todo lo que te voy a decir... Si no lo haces y rapidito, mañana no hace falta que vayas a hacer la compra, que podrás comer pez chico de la ría a la plancha. ¡Apunta...!

------------------------------------------------------------------------------------------------

Diez minutos después, los peces parecían haber envejecido meses. Pero ya tenía la solución entre manos. Había estado tan lejos de mí como distante quedaba la cocina.

- Te falta recrear, amigo, las condiciones normales de los peces en el río - me había dicho con una risa estentórea el astuto vendedor - ¡Las condiciones normales de los peces en el río! Por instinto atávico, los peces exigen cada día más particularidades. Son... joder, son... ¡como esponjas! - había dicho con una risa demoníaca - ¡como esponjas!

Me cuadré delante del acuario y la bombilla de bajo consumo desnuda de plafón proyectó mi larga sombra sobre aquella jaula de cristal y sus agonizantes moradores. Me sonreí.

En la mano derecha, atenazaba una lata aplastada de coca-cola, en la izquierda una botella de lejía casi vacía, y... sin tapón, claro.

Pensativo, traté de recordar como penúltima medida dónde había puesto el cenicero.

Y quedaba una última cuestión. ¿Dónde podría encontrar antes de la noche una compresa sucia y unos tampones usados?

Pablo.

jajaja, primero pensé que ibas a concluir con que el un pez era de esos que se comen a los otros y que terminarías con algo como en Locademía de policia...pero al irme acercando al final ya se me vino al pensamiento que todo estaba demasido pulcro, que les hace falta un poco de cositas sucias (por decirlo de otra manera)...jaja propios de su entorno...
Los últimos que tuve se murieron porque mi hijo a la falta del alimento para peces les puso una pizca de avena y se les hinchó la pancita, hubieras visto las lágrimas mientras se iban por el inodoro y mi hijo con la cara de compungido mientras los demás lo acusábamos con la mirada y con las palabras...sniffffff

Me ha encantado leerte, imaginar todos esos momentos angustiosos que describes en la espera de conservar los peces con vida y hasta imagino a Fran, todo él tan tranquilo limando las uñas de las ninfas, disfrutando su trabajo...
Creo que los peces como las personas necesitamos sentirnos en nuestro hábitat natural, para estar cómodos y felices...me imaginé ahora cuando vamos de visita a otro lugar, un hotel de cinco estrellas (o de las que sea) todo lindo dos o tres días pero nos hace falta la almohada o la manta especial que nos consienta.

Un disfrute pasar por aquí.
Un abrazo del tamaño de mis alas.
Ana
 
jajajaja
Lo primero darte mi enhorabuena por tu prosa, me arrancaste una sonrisa.
Lo segundo, confieso que yo soy incapaz de mantener vivo ni un simple cactus por lo que tener un acuario sería sentencia de muerte segura para los pobres pececillos..
Besos y estrellas Pablo,
feliz domingo
Eva

Seguro que no es cierto, Eva, seguro que los tratas mucho mejor de lo que crees, seguro que incluso les leerías poesía :::sorpresa1:::
. No se mueren tan fácilmente ni los pájaros ni los peces, ni los perros. Claro que un cactus es otra cosa bien distinta, una gotita de agua y ya sudan, yo creo. jajaja. Abrazos, compañera
 
Pablo.

jajaja, primero pensé que ibas a concluir con que el un pez era de esos que se comen a los otros y que terminarías con algo como en Locademía de policia...pero al irme acercando al final ya se me vino al pensamiento que todo estaba demasido pulcro, que les hace falta un poco de cositas sucias (por decirlo de otra manera)...jaja propios de su entorno...
Los últimos que tuve se murieron porque mi hijo a la falta del alimento para peces les puso una pizca de avena y se les hinchó la pancita, hubieras visto las lágrimas mientras se iban por el inodoro y mi hijo con la cara de compungido mientras los demás lo acusábamos con la mirada y con las palabras...sniffffff

Me ha encantado leerte, imaginar todos esos momentos angustiosos que describes en la espera de conservar los peces con vida y hasta imagino a Fran, todo él tan tranquilo limando las uñas de las ninfas, disfrutando su trabajo...
Creo que los peces como las personas necesitamos sentirnos en nuestro hábitat natural, para estar cómodos y felices...me imaginé ahora cuando vamos de visita a otro lugar, un hotel de cinco estrellas (o de las que sea) todo lindo dos o tres días pero nos hace falta la almohada o la manta especial que nos consienta.

Un disfrute pasar por aquí.
Un abrazo del tamaño de mis alas.
Ana

Yo los hubiera enterrado en el jardín, soy así, ya ves. Lástima que me ha dolido que por errorcillos sin maldad se mueran estas pequeñas criaturas. La prosa era ficción, jajajajajaj. Pero atención... FRAN EXISTE y es algo así a como aparece aquí, siiiiiii. jajajajaj. Y si que le cortó en cierta ocasión el pico anormalmente desarrollado a un perico, lo recuerdo. Había dicho "se lo voy a tajar... "jajajajajaj. Lástima, no creo que escriba poesía. Abrazos, Ana, muchos besos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba