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en el fin del mundo

Melquiades San Juan

Poeta veterano en MP
Yo vivo aquí, en el fin del mundo. Donde las aves vuela y retornan, donde se muere el eco y su tumba se cava en el silencio, donde el destello del amanecer y el ocaso toman el mismo nombre y se llaman crepúsculo; aquí donde los vientos retornan hacia un nuevo destino y las sombras renuevan sus vestidos para vestirse pronto de algún tono estrellado poblado de destellos.

Desde mi fin del mundo miro pasar a diario las estrellas, las que han quedado atrás, las que se alejan y nos siguen como si fuera vida para ellas estar ante miradas.
Desde este fin del mundo donde vivo lo sé todo de ti, pues las noticias llegan desde el mundo cuando ya ha sucedido todo cuanto se habla de ti.

Desde mi fin del mundo, atisbo las ventanas cada día y escucho, escucho y recuerdo, hay sonidos que ya no han vuelto a pasar por aquí: las sirenas han muerto o se habrán vuelto mudas.
 
Tu surrealista fin del mundo, bien parece el lugar donde nace la vida. Aquí, en el mío, hace tiempo que no se ven las estrellas y dudo que alguna vez hubiera sirenas, aunque pensándolo bien, con tanto pirata todo es posible.

Saludos,

Palmira
 
Yo vivo aquí, en el fin del mundo. Donde las aves vuela y retornan, donde se muere el eco y su tumba se cava en el silencio, donde el destello del amanecer y el ocaso toman el mismo nombre y se llaman crepúsculo; aquí donde los vientos retornan hacia un nuevo destino y las sombras renuevan sus vestidos para vestirse pronto de algún tono estrellado poblado de destellos.

Desde mi fin del mundo miro pasar a diario las estrellas, las que han quedado atrás, las que se alejan y nos siguen como si fuera vida para ellas estar ante miradas.
Desde este fin del mundo donde vivo lo sé todo de ti, pues las noticias llegan desde el mundo cuando ya ha sucedido todo cuanto se habla de ti.

Desde mi fin del mundo, atisbo las ventanas cada día y escucho, escucho y recuerdo, hay sonidos que ya no han vuelto a pasar por aquí: las sirenas han muerto o se habrán vuelto mudas.

Hola don Melquiades,
si me pudiera dar la dirección se lo agradezco,
en demasiadas ocasiones me gustaría estar en el fin del mundo,
aunque no se oigan las sirenas.
Prometo no ser una vecina molesta,
tan sólo de vez en cuanto le llevaré
uno de sus platos preferidos,
sí, aunque solo sea para hacerle la pelota
y que no me eche de la isla,
seguro que ese fin del mundo es una isla.
Un abrazo.
 
Última edición:
Tu surrealista fin del mundo, bien parece el lugar donde nace la vida. Aquí, en el mío, hace tiempo que no se ven las estrellas y dudo que alguna vez hubiera sirenas, aunque pensándolo bien, con tanto pirata todo es posible.

Saludos,

Palmira

Uqbar, gracias, cierto, el fin y el inicio del mundo parece que siempre están donde estamos; y todo final es en sí, una forma de inicio. Abrazos hasta Palmira.
 
Hola don Melquiades,
si me pudiera dar la dirección se lo agradezco,
en demasiadas ocasiones me gustaría estar en el fin del mundo,
aunque no se oigan las sirenas.
Prometo no ser una vecina molesta,
tan sólo de vez en cuanto le llevaré
uno de sus platos preferidos,
sí, aunque solo sea para hacerle la pelota
y que no me eche de la isla,
seguro que ese fin del mundo es una isla.
Un abrazo.

Jajaja. Bueno, es cuestión de mirar y sentir como cada quien parece estar en el fin del mundo, nos parece el lugar más lejano de todos los demás sitios y que desde ahí partimos hacia cualquier sitio donde queremos iniciar algo. Sí es una isla pequeña donde está todo eso que forma parte de mi vida. Gracias por traer siempre esos antojitos en palabras, siéntase de alguna forma parte de todo este equipaje de viajero pues de alguna forma todos estamos integrados en nuestros diversos mundos personales.

Gracias por comentar.
 

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