XV
Por fortuna no me la paso “ocupado haciendo cosas importantes”. Las personas “importantes” que se las pasan “ocupadas”, están tan enceguecidas con su puta vanidad, que no tienen tiempo ni inteligencia para reconocer su miseria. Yo soy vago descarado, vicioso, abúlico, pasotista, escéptico nihilista, pesimista, misántropo, misarquista (mucho más elevado que anarquista), burgués decadente: perfecciono todo mi odio en contra de la vida instituida. Mejor dicho, un ser sin actividad, cabalmente inerte y puro, forjador de una voluntad para el abismo y morador de una tenebrosa obscuridad, entrenado en el “supremo desánimo” y la incapacidad para la vida, adicto a substancias degradantes.
Todavía tengo más de un vecino que está bajo esa ignorancia que significa madrugar a trabajar. Pienso quemarle los ojos con un soplete a ver si mediante esa lucidez que significa la ceguera física (Homero, Tiresias) ¡¡¡abre sus ojos, como ellos, a las realidades espirituales y deja de madrugar a trabajar!!!
XVI
Tanto el “éxito” como el “fracaso” son hijos mayores del miedo. Muchos hombres, los ordinarios, se quedan en el éxito o el fracaso. ¿El más ordinario de los dos? Es el exitoso: alucina con su importancia. Es más auténtico el fracasado: el destino lo obligó a “VER” la realidad y esencia de la existencia. Pero el verdaderamente auténtico y elevado es el aterido, el angustiado, el desesperado. Quien elige el miedo o, mejor, quien es elegido por él, encuentra la realización perfecta: su parálisis es su bendición; no tiene sentido realizar nada!!!
¿Acaso la lírica, la enigmática y fascinante lírica, no es la hermosa legitimación de nuestra arbitrariedad?
¿Mi oficio, mi ocupación?
Ejercer el supremo retiro del espíritu sobre sí-mismo y para sí-mismo después de haber constatado la nulidad de todo lo visible. Lo anterior quiere decir que no tengo ni ocupación ni oficio: doble ventaja.
Cuando me preguntaron ¿y usted que hace? Yo les respondí: nada, absolutamente nada; porque “a mí no me alcanza el tiempo para más”.
XVI-1
Existe una enorme diferencia entre el Budismo y el cristianismo: el budismo es una religión fenomenológica positivista de clara tendencia atea que enfrenta lo esencial sin encubrirlo con fantasías infantiles: la realidad de nuestra nulidad, es decir, la realidad de nuestra no-realidad, y la condición trágica del sufrimiento.
El cristianismo y su religión de origen, el judaísmo, por el contrario, son religiones infantiles que reproducen nuestra condición catastrófica bajo el manto de un “padre”,
celoso y punitivo que “premia” y “castiga” de acuerdo con una culpa.
Lo anterior es para niños de escuela; mejor dicho, éstas religiones son “escolarizantes” y su propósito esencial es mantenernos en nuestra “minoría de edad”, perfeccionando nuestra dependencia a cualquier tipo de
autoridad.
Pero con el budismo tampoco ganamos nada ya que la renuncia (la lucidez de la realidad grávida de nulidad y sufrimiento) no nos conlleva, como estúpidamente dicen los budistas, a la compasión. Todo lo contrario; dicha visión aniquilante incrementa nuestro asco y nuestro desprecio por todo lo humano, así como el cinismo depravado de vivir sólo para los placeres; si el devenir es sólo levedad y nada más que levedad (Indiferencia apática que no cuenta contigo para nada) únicamente la violencia y la sensualidad degenerada tienen sentido.
El budismo y el cristianismo reniegan de su dureza trágica creando un humanismo sensiblero azucarado propio de maricones.
De CRISTO conservo su REPUDIO por los RICOS y por la REALIDAD. Sólo que a mi manera de ver se EQUIVOCÓ en anunciar OTROS REINOS (espiritulales) por fuera de la VIL REALIDAD VISIBLE. Pero, nosotros los NIHILISTAS PASIVOS no pertenecemos a ÉSTE MUNDO, ni a MUNDO ALGUNO. Vamos mucho más allá del CRISTO prometedor de "NUEVOS REINOS".
Todo “reino” es la soberanía del servilismo.
Dios es el peor déspota de la divinidad que se ha creado el delirio mítico del poder. No tolerar “otros dioses” es poco democrático.
¿La salvación nihilista?
Constatación de nulidad y ejercicio de levedad, esto es, dureza y severidad para con tu co-asociado mediante el ejercicio del egoísmo prepotente y sensualidad depravada como hedonismo superior.
¿La Biblia, las escrituras?
Una manera muy tonta de asumir la seriedad del Mal y muy infantil respecto a lo sagrado.
¿La vida eterna? ¿La resurrección de los cuerpos? No, esa atrocidad sólo se le ocurre a un demente.
El verdadero peligro es durar.
¿Por cada duelo? Culpa, odio y venganza envenenada!
La nada es la auténtica promesa.
XVII
Preguntarle al mundo, a Dios o a tus congéneres, es como preguntarle a las piedras: indiferencia gélida de aquello que no tiene respuesta.
¿Si la Esfinge y Edipo hubiesen preguntado al vacío?
Ellos no habrían muerto. Se habrían petrificado en una indiferencia inesencial.
¿Para liberarnos del aborrecible prójimo?
Declararlos “un estatuto de sombras” (Cioran), una ficción ilusa y transitoria infectada de intereses en donde se pudre toda compañía.
¿Lo único real?
Quedarnos con nosotros mismos.
Los “amigos” nos distraen del trauma original del nacimiento, de esa injusticia inexplicable de estar arrojados a la existencia sin justificación ni destino.
Es, por supuesto, una enorme ganancia el perderlos.
Nuestro autoritarismo está totalmente justificado en no “consentir más el engaño”.
Desenmascarar es un acto constitutivo de “violencia” al poner en evidencia nuestra hipocresía familiar o social.
La des-velación es por esencia, violencia pura. No hay acto más violento que nuestra desnudez.
Ni creencias ni ideas. Sólo vacuidad, esto es, “voluntad de desistimiento”.
¿La ecuación fundamental? Vacío = yo sin yo, sin familiares, sin amigos y también sin Dios.
¿La perdida del yo, esto es, la emergencia del bufón, el niño? = “Un desastre incomparable”.
¿El loco, el bufón?
Es constatación de irrealidad, de levedad, de inanidad, de vacuidad pura.
CONDE-ARBOLEDA
"EL-OCIOSO-ARISTOCRÁTICO"